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Quisiera responder a la carta que escribió Carlos Solano en este diario (18.08.07), en la que criticaba a Francho Nagore por otra carta del día 13 de agosto titulada “Bandera de España en la Catedral”. Me sorprendió mucho la enfermiza visceralidad con la que expresaba su españolismo el citado Carlos, además de la nula argumentación que expuso en relación a la bandera española que ondeaba en la torre de la catedral oscense el pasado 9 de agosto.

 

Para gente como Carlos lo único importante, identitariamente, es el Estado español (perdón, Ejpaña) y si por él fuera parece que Aragón no existiría. Le molesta que exista, a pesar de que es un país medieval bastante más antiguo que la invención española. Lo peor de todo no es que se sienta español o aragonés, sino que encima critique la política de ERC -¿a cuento de qué viene?-, o las banderas que hay en una sede cualquiera de la federalista CHA -por cierto, las que están son las adecuadas a mi modo de ver-. Apenas menciona el objeto de la crítica de Francho Nagore: la ausencia de la bandera nacional (perdón, autonómica) en la torre de la Catedral. Ofensa histórica al servicio de los de siempre, en un espacio que fue sede de Cortes nacionales (perdón, aragonesas), donde el obispo de esta diócesis (Vidal de Canellas) recopiló los fueros aragoneses (nuestros primeros derechos civiles) en el siglo XIII, o donde un 22 de abril de 1978 la entonces recién nacida Diputación General de Aragón prestó juramento en esta misma catedral, habiendo acto seguido una manifestación autonomista por las calles de la segunda ciudad del país. Bastante más justificaciones hay para que ondee la bandera cuatribarrada en la torre catedralicia que la rojigualda. Respeto para todos. Hasta para los que no nos sentimos españoles, a pesar del DNI. Del actual obispo de Uesca poco diré que ya no se sepa, obviando sus actitudes partidistas, es un ejemplo perfecto de persona que aprovecha su cargo para legitimar su visión reaccionaria de la sociedad -léase la reciente polémica con el grupo de música mudéjar en Chaca- y su nacionalismo banalmente español. Ellos ganan. Pero con estas actitudes discriminatorias hacia los símbolos propios sólo hacen que excluir y no incluir. Y es cuestión de tiempo y oportunidades para que el no-españolismo crezca y crezca. Tiempo al tiempo.

 

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