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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

Fraga la aragonesa

Quizá sea una marcianada excentrica pero hace poco encontré un artículo sobre la ciudad de Fraga y aquí os dejo un extracto interesante sobre su aragonesidad. Poco diré, ya que lo interesante es que cada cual saque sus conclusiones. Pero la historia y la voluntad de permanencia han tenido sus hitos y parece que durante la revolución de 1868 la aragonesidad de la ciudad siguió su camino. Sin más, la conceptualización geográfica y territorial es muy compleja, y las fronteras (que unen y separan) actúan de manera estructurante. Aragón, Catalunya, Baix Cinca…, la franja y los países catalanes. Ja veurem.

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Fuente: Javier Costa, “La ciudad de Fraga y la Revolución de 1868”, Especial San Lorenzo. 2004.

El derrumbe del Zaragoza

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Hace unos días saltaba a las noticias que el Santo Domingo Juventud había firmado un acuerdo de colaboración con el Real Madrid, para que este club se aproveche de una de las canteras de fútbol base en Zaragoza. Escribir sobre esto puede parecer raro, pero ha habido reacciones bastante contrarias, ya que tocan la identidad, en este caso la colectiva alrededor del Real Zaragoza y su capacidad de identificar (o representar a la ciudad). Un asunto al que no hay que quitarle importancia.

En un momento de ruina deportiva, de los peores en la historia del Zaragoza, los depredadores se aprovechan para saquear y seguir colonizando. El mercado de la ciudad es apetitoso, con sus más de 600.000 habitantes, de hecho equipos como el Villarreal ya anticiparon la jugada. Una pena. Dirán que es la globalización, pero a mí me suena al mismo cuento de siempre: el rico manda.

Mientras tanto los Yarza, Alierta y compañía a mirar para otro lado, criticando al actual equipo de gobierno, llorando por las esquinas, porque sus negocios especulativos no terminan de salir adelante. Y ya de paso, derrumbando absolutamente todo, el Zaragoza ha perdido el tren del fútbol del siglo XXI y es muy difícil que lo vuelva a recuperar. Pierde hegemonía cada año, ahora mismo, el primer equipo de Aragón es la SD Uesca, mal que pese por todo el rollo de la historia, los títulos o la masa social.

Pregunta final, ¿qué alcalde franquista impidió que el club comprara La Romareda cuando tenía dinero para hacerlo? ¿qué grandes familias apoyaron esta negativa? ¿quién manda en Aragón?

Esto explica muchas cosas.

Hipnosis

Una cosa es pitar un himno y otra quedar hipnótico ante lo que viene siendo habitual: una final de la Copa del Rey de fútbol, a la que llegan el Barcelona y un equipo vasco, ofreciendo ambas aficiones una pitada que a algunos ofende. Así están las cosas. El cuñadismo españolista salta a degüello por las redes sociales, utilizando su retahila clásica: “que no jueguen, que se jodan (son españoles), que suspendan el partido”. Algunos aluden al sacro himno, con sesudas faltas ortográficas: ipno, hino… no sé…, algo hipnótico.

El elemento central y más objetivo sería el del respeto a los símbolos del Estado. Algo muy edificante y demasiado pestoso como para no dedicarle unas líneas. Cuando el respeto no es recíproco ocurren cosas como esta de las pitadas: si no te dejan votar, si pisotean contínuamente tus derechos colectivos, si lo español se asocia a corrupción y caspa… Pero ya llueve sobre mojado con estos temas (leer Sin ir más lejos), y poco queda por plantear. Las trincheras están excavadísimas. Lo del respeto aparece como un embudo que oculta las miserias de un proyecto estatal que muchos quieren finiquitar. El recurso al respeto suena a lloriqueo, pataleta social, de nacionalistas asimilados y contentos, incapaces de aceptar que la realidad es otra.

#LasFuens

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El sábado 13 de mayo pude disfrutar de una pequeña exploración en grupo -organizado por @a_zofra– por el urbanismo y la sociología del barrio donde resido, Las Fuens. Siempre he sido una persona curiosa y en ese sentido, aparte de lo que ya sabía, deseaba experimentar las vivencias y experiencias de otras personas respecto al entorno.

El paseo de Jane no me defraudó. Las Fuens, barrio obrero nacido al calor del desarrollismo de los años 50 y 60 tiene una fisonomía muy peculiar, con un trazado ortogonal en cuadrícula, muy raro para zonas obreras. El origen del barrio es agrícola, con sus huertas, torres, acequias y surgencias. La orla de la Huerva marca claramente sus límites con el casco histórico de la ciudad. Un barrio que parece hermano a San Chusé, separados actualmente por la diagonal de Miguel Servet, pero que adquiere identidad propia con la instalación de las cocheras de los antiguos Tranvías de Zaragoza. Esta decisión, en suelo barato, conforma un entorno de trabajadores, producto del vaciado rural, que provienen fundamentalmente del Bajo Aragón. De esta forma se crean los Grupos de Viviendas característicos del barrio -hoy degradados y convertidos en un pequeño “Baltimore”-. Un barrio con relaciones de embudo ya que su único acceso con el centro de la ciudad se producía a través de Compromiso de Caspe, o por un puente de tablas que cruzaba la Huerva a través de la futura calle Jorge Cocci.

Con muy pocos servicios, la creación en 1959 del Colegio Santo Domingo de Silos relaciona el barrio con las etapas de la dictadura franquista -la labor de control ideológico del Opus Dei marcaba estos años-. El aislamiento con la margen izquierda se romperá con la construcción del llamado puente de La Unión, construido como una inmensa barrera para los accesos básicos al barrio. Un entorno popular, con un pequeño comercio decreciente, con porcentajes altos de inmigración y una fuerte tradición vecinal que ha tenido como seña de identidad la intervención comunitaria. Los retos son los conocidos para este tipo de barrios en grandes ciudades: cuidados a nivel de urbanismo, plantear intervenciones que recuperen espacios degradados, integrar con criterio, defender al comercio que agoniza ante el modelo americano de centros comerciales y… ¿defender su identidad como bastión de una ciudad compacta?

Veinte años de vaivenes aragoneses

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Protesta contra la bandera española en Zaragoza, 2008

Hace veinte años, cuando me incorporé a la participación política, el debate sobre la crisis de los Estados-nación estaba en auge. Era un momento en el que la Unión Europea auspiciaba fenómenos como el neorregionalismo, con toda esa pléyade de comités de regiones y ciudades, los meso-espacios, la percepción de tener menos Estado, o de que se gestiona mejor desde la cercanía. Parecía un horizonte claro y sin vuelta a atrás. Había que aligerar competencias hacia los escalones inferiores. Aquí cabía todo, desde los fondos de desarrollo rural hasta panaceas autodeterminísticas. Aragón pululaba en medio de todo esto, en una época de vino y rosas para el aragonesismo político-cultural. El PNV y CiU cerraban filas, cada uno en su estilo. Todo era posible.

Mayo de 2017. El mundo al revés. Más crisis, porque esto lo llevamos labrando desde finales de los setenta. Y más Estado. Los experimentos, con gaseosa. Atacar a lo cercano. Todo por el déficit. Y a centralizar. Por toda la Unión Europea. Como es época de rupturas, ya hemos tenido un referéndum (el escocés). El catalán, se está fraguando. Y los vascos van reorganizando su escenario post-ETA. Lo que no cambia es Aragón, sigue en medio, absorto a todo, y zarandeado por unos y otros. El aragonesismo del vino, ya pachucho. Unos en el gobierno, suspirando por tonterías. Y otros esperando, madurando el pedaleo, porque todo llega.

¿O no? El futuro es incierto. Pero la certeza de que no regalarán nada, debe hacernos más fuertes y pensar que debemos seguir caminando, colectivamente, para liberarnos de esos vaivenes, que son cíclicos. Y cada momento, tiene sus sinergias.

Primero de Mayo…corto y cambio!

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Acto final del 1º de mayo en Zaragoza / Foto propia

Mi primer Día del Trabajador en Zaragoza ha sido extraño, quizá agridulce pero reconfortante a la vez. El año pasado no participé en ninguna movilización, el exilio rural me obligó a enjaularme en casa. Quizá, por eso, lo he cogido con ganas en 2017, aún sabiendo del simbolismo fetiche de una fecha que más bien sirve para poco.

El caso es que hay que acompañar, colectiva e individualmente. En este sentido, mi hueco sindical está en el SOA, pero una cosa es lo evidente y otra los compañeros de viaje que se te van acercando. Y eso que hablamos del 1 de mayo, un paseo de pancartas y cánticos.

¿Qué espera la gente? No sé. Partimos de la idea de despejar ecuaciones, en las que nunca entran ni CC.OO. ni UGT, por razones obvias. A partir de ahí se abre el melón sindical, que para organizaciones como SOA puede ser un poco indigesto. En Uesca, se ha ido, tradicionalmente, de la mano de CGT, HUSTE y CNT. En Zaragoza, la geometría varía, a pesar de que hay mínimos comunes para estar en determinadas movilizaciones. Aquí volvemos a hablar de CGT, también de OSTA o de Intersindical de Aragón. Pero la densidad organizativa capitalina también ubica al propio SOA con sindicatos considerados hermanos, como CUT o CATA.

El dilema viene cuando todo se junta, y por equis factores, se sale de manera escalonada y separada, dentro de una convocatoria. Cuando eres un sindicato pequeño pero con aspiración en todo el país, necesitas de las dinámicas de otros para visibilizarte. Cuando te conviertes en apéndice de los conflictos de empresa de otros, terminas perdiendo el norte y dando bandazos. La gente quiere ilusión y sinergias. Lo otro forma parte del pasado.

Un 23 de abril cualquiera

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Me ha costado mucho escribir sobre este 23 de abril, Día de Aragón. Siempre me ha dado pereza, una fecha tibia, perdida en la primavera. Exceptuando los años de protesta antitrasvase, me he ocupado poco en pensar sobre mi país para su Día de exaltación autonómica. Quizá porque el resto del año, ya estoy con estas refriegas mentales. Así somos algunos.

El caso es que hago bien. Veo a Lambán y casi vomito con su “militancia aragonesista activa”. El discurso de Violeta Barba (Podemos), algo mejor, con ese deseo de controlar el destino, pero muy neutro, casi dirigido a robots. La CHA, bien en Sigena, un poco pobre todo, casi garrulo. Del resto ni hablo. Por eso no suelo gastar el tiempo para el 23 de abril. Dejemos las cosas y a seguir intentando descolonizar. No os hago perder más tiempo.

Las nomenclaturas (casi) desaparecidas

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Hace poco leía que la “Corona de Aragón” no ha tenido un buen viaje en el tiempo, su legado ha sido descuartizado por unos y otros, la narrativa españolista la presenta como una región histórica de Ejpaña, mientras que la catalanista ha adecuado determinados elementos para construir su imaginario. Los alumnos del Estado español son aleccionados con la historia de Castilla, apareciendo la Corona de Aragón como un apéndice auxiliar de esa visión teleológica. Un fantasma, alejado de la historia, que se ha recuperado a jirones, con las visiones parciales que han gestionado las cuatro Comunidades Autónomas (sic) herederas de ese pasado.

La plurinacionalidad de la Corona sigue siendo algo extraordinariamente complejo, por eso, resulta más fácil aludir a un “imperio catalán” o a los distintos Estados que configuraron la Corona, que a una articulación político-histórica común. A cualquier iniciado sobre el tema siempre le recomiendo el libro Introducció a la história de la Corona d’Aragó (de Joan Reglá, 1979), ya que sitúa las cosas de forma precisa, con una visión de conjunto claramente organizada. 38 años tiene ese librito.

Perdemos demasiado tiempo en debates casi escolásticos, los nombres y esas cosas: las nomenclaturas. Personalmente, no me molestan en exceso neoconceptos como “Pere II el Gran”, “corona catalanoaragonesa”, o “rey-conde”. La gestión de la memoria tiene estos usos. Incluso algún término como “confederación catalano-aragonesa” me gusta. Lo preocupante viene cuando tratan de soterrar la importancia de determinados elementos para ensalzar otros. Y en esta guisa estamos, con relecturas del pasado aragonés para negar su carácter nacional.

A todo el mundo le gusta saber un poco de historia, y eso significa proyectar visiones sobre el pasado en función de intereses determinados. En un artículo del investigador catalán Marc Pons (@marcpons1966), se exponía el origen histórico de la nación aragonesa, que al ser castellanizada, da la sensación de haber desaparecido, conviertiéndose en una extensión del españolismo. Este ejemplo que os pongo es suave, pero detrás esconde el objetivo de negar una articulación de futuro, llámese como se llame…

Trenes y colonialismo

Los trenes están muy bien, pero tenemos que ser realistas. Dudo que Teruel tenga nunca Alta Velocidad. No debería ser su lucha. Los costes de estas líneas son altísimos y el mantenimiento de las mismas diez veces superior al de una línea convencional. Teruel, el sur, la Celtiberia se la juegan con un servicio norte-sur que vertebre Aragón. Tal y como este sábado han reivindicado. Pero el cuñadismo del AVE es otra película, un tren carísimo, que sólo acumula deuda y lejos del poder adquisitivo de la renta media aragonesa (salario mínimo o pensión básica). Una cosa es utilizarlo por capricho una vez al año y otra para la cotidianidad del trabajo.

Aragón es un sujeto pasivo colonial y el tren ejemplifica como pocos elementos esta situación. Un fraude electoral entre PP y PSOE. Se cerraron vías en su momento (como la Calatayud-Caminreal), otras pasan a ser vías verdes, hay comarcas olvidadas de este medio de transporte (Cinco Villas, Sobrarbe, Ribagorça). La única solución pasa por recuperar nuestro control como pueblo y decidir sobre nuestras cosas. El resto de recetas ya han caducado.

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