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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

¿El municipalismo es el verdadero poder?

Arturo Aliaga hizo unas declaraciones muy sorprendentes hace unos días. Este señor, que detenta la Consejería de Industria y la Vicepresidencia del actual Gobierno de Aragón (legislatura 2019-2023), amenazaba a los ayuntamientos que se opusieran a los proyectos de renovables, violentando la base de la democracia, la autonomía municipal. Aliaga es del PAR y está acostumbrado a hacer y deshacer. Pero con 3 diputados de 67 en el actual parlamento, es normal que se ponga nervioso y más para una persona que lleva de diputado la friolera de 14 años.

Tener el poder en Aragón es complejo en sí. Y algunos equilibran mejor que otros este reparto a varios niveles. He realizado un suma-resta comparativo entre 2011 y las últimas elecciones municipales -las de 2019-, para sacar algunas conclusiones respecto a este tema. Recordamos que la famosa “crisis de régimen” explotó hace una década, con las protestas del 15-M y el lema de “No nos representan”. Pasaron muchas cosas, que no vamos a detallar. Me interesa destacar la irrupción de fuerzas emergentes (Podemos y sus confluencias) que podían volcar el poder político a todos los niveles. No fue así. Y parece que el sistema vuelve a su sitio inicial. Nombramos también el reforzamiento, tras 2011, de otros partidos que ya exístían, como Ciudadanos, y la extrema derecha vía Vox.

Esta es la comparativa de los 5 partidos parlamentarios aragoneses en 2011. ¿Quién detenta el verdadero poder municipal?

En esta foto fija de los cinco partidos con representación en el parlamento aragonés, llama la atención que el PSOE aguanta muy bien en esta década larga y convulsa, en la que han pasado tantas cosas a nivel político y social. 87 ediles más a día de hoy, sólo pierde unos pocos en Teruel. Los descalabros importantes vienen en el ala conservadora. El PP se deja casi 200 concejales, con pérdidas significativas en Uesca y Zaragoza. Mientras que el PAR se deshace como un azucarillo a nivel municipal, con menos de 300 concejales con respecto a 2011, ¿de aquí vendrá la rabieta autoritaria de Aliaga? CHA sujeta su poder pero a la baja e IU se despierta de un mal sueño tras sus alianzas confluyentes. El PSOE rampante, aguantó el sorpasso.

Y eso que en la foto de 2019, y por supuesto en la de 2015, ya tenemos a esos partidos “nuevos”, que de una forma u otra, amenazaban al bipartidismo. Ciudadanos ostenta en todo el país unos 400 concejales, lo cual no es poco si observamos el volumen total del resto. Podemos, con sus alianzas variables, apenas alcanza los veinte ediles -con Equo o confluencias municipalistas de distinta composición-. Mientras que Vox detenta 22 concejales en estos momentos. Todo esto cambiará, sobre todo tras ver los últimos resultados del partido naranja en otros territorios.

Aquí no hablamos ni de alcaldías ni de equipos de gobierno. Ese asunto sería más complejo para lo que pretendo exponer. En lo sustancial y teniendo un país tan envejecido, el poder municipal, los concejales de los 729 municipios aragoneses, responden a una composición altamente conservadora. Y eso que no entramos en la amalgama de coaliciones independientes y locales que salpican un número importante de nuestros pueblos -otro efecto más del “no nos representan”-. Algunos llegamos a soñar con una red de complicidades en el territorio, pero el proyecto ya duerme el sueño de los justos. Poco más.

¿Y la sociedad civil? ¿el pueblo? ¿qué opina de esto?

La noche que no fuimos nosotros

Recuperamos las entradas del blog con una reseña que llevaba bastante tiempo pendiente de escribir. No es el objetivo principal de este sitio el dedicarme a comentar cualquier libro que leo, pero este es especial, igual que en su momento hice con el libro de Víctor Guiu. Supongo que Aitor Ascaso querría un buen comentario en la plataforma donde se puede comprar su obra, pero los dioses capitalistas me lo impiden. Así es la cultura, libre y encorsetada, previo paso por el cajero de la empresa.

Lo sustancial es comentar un libro que seguramente nunca hubiera caído en mis manos, no soy mucho de novela negra, pero me llamaba la atención abordar sus 261 páginas, descubriendo una trama que envuelve desde el primer capítulo. En total, once partes, siguiendo las posiciones o roles de un equipo de fútbol, desde el portero al extremo izquierdo. Una historia sórdida, con la aparición de un cadáver en el Ebro -de la transexual Marcelo Sousa- y unos personajes que no te dejarán indiferente, como el protagonista -Lamberto Echeverría, hilo conductor de la primera novela de Aitor, Ladrones buenos nunca roban-, el futbolista Manuel Baquedano o el político Javier Satrústegui.

Una trama enredada, sórdida, que no voy a desvelar, lógicamente. Una buena pieza para estas semanas veraniegas. Reúne elementos que me hicieron conectar rápidamente, ambientada en Zaragoza, con referencias continuas a su paisaje, físico y humano. El fútbol y sus miserias a todos los niveles, y por supuesto, la política, como el arte del engaño, entre partidos, cúpulas, gestores y todo el aparato mediático que le rodea. Un libro negro, un buen café amargo, que merece la pena, y mucho, ir degustando. Un acierto en estos tiempos líquidos, en los que nadie cree en nada y parece que ya no hay verdades absolutas. Aitor plasma un retrato social, en el que la ficción se nos muestra totalmente realista.

¡Chapeau! Y animáos a leedlo.

Foto de la novela de Aitor

Reivindicar la Corona de Aragón. ¿Fake o posverdad?

Ya hace un mes largo de este artículo de reflexión sobre la Corona de Aragón como concepto histórico o reactualización política. Como no soy de lo inmediato, lo dejamos por aquí a modo de repositorio. Tal vez, alguna despistada, lea con interés estas líneas de provocación de nuestro vetusto imaginario colectivo.

Artículo en Lagor.

Artículo en AraInfo.

Mapa de 1854. Explica tantas cosas…

Ni amo, ni patrón, ni rey, ni youtuber alienado que valga. Pensar en reivindicar la Corona de Aragón nos parece impugnar todo, para construir otro tipo de solidaridades. Pero muchas veces parece una posverdad impostada o tal vez una fake news que se vuelve pesadilla cuando el espejo deforme de la realidad atormenta a los pueblos que la constituyeron.

“Monzón fue lugar habitual de Cortes de todos los países que la componían y esta Feria sería, desde la cultura, un guiño a esos encuentros políticos que forman parte de nuestra historia. La idea es volver a ser lugar de encuentro”, “queremos que estos días se trate de la importancia histórica de ésta, de cómo se pudo mantener un ente único conservando, en cada país, sus peculiaridades políticas, administrativas y culturales”. Chorche Paniello formaba parte del equipo organizador de la Feria del Libro Aragonés (Siete de Aragón, número 349-350, 12-25 noviembre 2001) y en esta entrevista, justificaba la idea de montar un Salón d’o Libro d’a Corona d’Aragón. Y así fue.

Ha llovido mucho desde que los organizadores de la Feria planteaban esta especie de concordia territorial entre valencianos, baleáricos, catalanes y aragoneses. Duró poco pero hizo realidad viejos sueños. Eso es así. Por solidaridad y empatía.

Hace poco leía una afirmación que me dejó bastante perplejo, la escritora y activista Teresa Pàmies planteaba: “debo admitir que los catalanes somos unos ignorantes de la realidad de otros pueblos de España, y sin embargo nos quejamos de que ellos ignoren la nuestra” (recogido en Fernández Clemente, Eloy (2014): Ante Cataluña, p. 55). Esta opinión fue escrita en 1979. En redes la polarización ha crecido, y aun siendo conscientes que el común de los mortales no percibe ese odio, yo tengo la sensación de que las distancias nos matan. “Aragón es Castilla”, “Catalanes, golpistas y sediciosos”, “Valencianos, corruptos”. De todo y para todos. Por ser fino. La autonomización de nuestras realidades ha condicionado mucho las perspectivas que podamos tener sobre realidades históricas o proyectos comunes que no encajan ni con el Estado-nación español (central y jerárquico) ni con la Región-autonomía con aspiraciones legítimas, pero sesgadas en un esfuerzo por reconocer lo propio a partir de diferenciarse del vecino.

El caso es que la Corona de Aragón ya no existe. Ni existirá. Es Historia. Tal y como certifica Norman Davies (Reinos desaparecidos, 2013, pp. 263-264), planteando que es un fantasma historiográfico, perdido en la construcción de los relatos estato-nacionales del XIX. La gente sólo recuerda lo que le enseñan o lo que le interesa, y esta batalla ha sido rotundamente perdida por la vieja Corona. Ahora tenemos historias autonómicas, locales que hacen que la plurinacionalidad emparente mal con las ideas que se han desarrollado en la península Ibérica. Por no hablar de las hordas de la Una, Grande y Libre, pero ese pastel deberíamos degustarlo en otro artículo.

Los Congresos de Historia de la Corona de Aragón han sido una buena muestra de este continuum, aunque sean reuniones científicas, ya que se organizan desde 1908. La memoria colectiva que siempre ha estado ahí, latiendo por algo en común, el deseo de lo prohibido y diferente. Como en 1932, cuando el Centre de Actuació Valencianista apelaba a la gloriosa “Confederació Valenciano-Catalano-Aragonesa”, en una de sus memorias de actividades (gracias a Vincent Baydal). La compleja articulación política de la Corona de Aragón medieval -una especie de Commonwealth, tal y como la describió Joan Reglà- desarrolló una cultura federalizante. Una mentalidad que se mantuvo en el tiempo, más allá de su desaparición como estructura de poder político. No es casualidad el fuerte peso del federalismo en los países que conformaron la antigua corona -Pacto de Tortosa, austracistas-, la importancia del republicanismo o la pluralidad política que han desarrollado todas las Comunidades Autónomas enmarcadas en esta pesadilla cuatribarrada. Nos han querido vender una historia cuarteada de España y sus regiones, cuando la historiografía comparada nos muestra que la linealidad y el presentismo llevan a falsos amigos (recomiendo a Ernest Belenguer y La Corona de Aragón en la monarquía hispánica: del apogeo del siglo XV a la crisis del XVII. 2001).

Este anhelo solidario nos lleva a grupos de Facebook que potencian la hermandad entre personas de los antiguos países de la Corona de Aragón (Corona Aragonvm), a encontrar de vez en cuando mapas con léxico común -el famoso olivas contra aceitunas-, a jugar a ligas imaginarias de los equipos de la antigua Corona o a visualizar recorridos de la Vuelta Ciclista a España un tanto distópicos.

Al final nos queda la guerra de banderas, entre unos y otros. Aragón quedó fagocitado económicamente durante el siglo XIX. Las oligarquías locales cerraron muchas puertas. El despegue catalán viene de esa época, el eje social, la lucha de clases y la ruptura de la famosa complementariedad de bienes y servicios. Luego tenemos el relato cultural de los Països y el rechazo posterior; La Llitera es el ejemplo perfecto de incomprensión histórica. Y eso que la necesidad genera fraternidad. En tiempos pasados, el entrismo catalanista operó con cierta vivacidad, aprovechando un desarrollo autonómico que ofrecía servicios y oportunidades a este territorio. La miopía de la DGA también ayudó. El procés y la vuelta a la “Catalunya endins” ha reforzado las identidades hegemónicas a uno y otro lado. La practicidad manda. Lo normal.

Ahora ya no cuela tanto y las pretensiones de los Països Catalans (aquí la última polémica de Moviment Franjolí) aparecen obsoletas. Pierre Vilar lo expone con una vehemencia absoluta, ya que la frontera catalano-aragonesa, sus límites “plantean un problema histórico-geográfico de los más confusos. Aquí la naturaleza no impone nada, no sugiere nada. La historia parece favorable a una fusión desde el siglo XII” (en Cataluña en la España Moderna, 1962), pero su significado se conserva con una definición marcada, moviendo pasiones entre diferentes sectores y sectas. Por no hablar de Valencia. O el campo de minas lingüístico que representa La Ribagorça. Posverdad o fake news… ahí queda la “Corona de Aragón”.

Un fantasma recorre Españita, casi no asusta, mayor y cansado, pero sigue ahí, para recordarnos que el futuro puede ser lo que queramos soñar y construir.

Ayuso lee a Bourdieu

“Madrid no es ni Huesca ni Teruel, es mucho más”. Esto dijo ayer mismo la presidente de la Comunidad de Madrid, cuando era entrevistada en una cadena estatal. No seamos torticeras con el lenguaje. Ayuso no apela ni a racialismos ni a superioridades morales de ningún tipo. Que salga Mayte Pérez -consejera de la Presidencia del Gobierno de Aragón- a exigir que pida perdón es puro teatrillo actual. Isabel Díaz Ayuso dice la verdad.

Ayuso conoce a Pierre Bourdieu. Directa o indirectamente. Todo está en su teoría, la violencia simbólica. Madrid es el centro del Estado español, el resto son periferias o territorios más o menos asimilados. Paso de argumentar desde los tiempos de la Nueva Planta. Madrid es simbólicamente, el nacionalismo español, centralista, y que de una forma o de otra, debe hacer lo que le de la gana -como no cerrar sus fronteras aunque todas las comunidades autónomas limítrofes lo hagan-. Elige época y te darás cuenta. El pueblo madrileño es otra cosa. Y la insolidaridad de las capitales de Estado es otra (Londres o París).

Las reacciones naturales de las aragonesas responden a esa lógica, dentro de un marco territorial, cuyo simbolismo (cuando deviene en violencia) alude a injusticias, agravios, olvidos e imposiciones. Madrid, como espacio construido y reforzado en su capitalidad, vive de España. Y las políticas neoliberales y neoconservadoras se agarran a esa práctica. Y esto ya supera a Bourdieu.

Las cosas claras. Somos colonizadas para disfrute de las clases dominantes, que agitan sus banderas en función de sus privilegios de clase. Ayuso dice la verdad, es sincera. El problema vendrá con esa “madrileñofobia” que está creando y que ella no sufrirá. Como las falsas banderas que llevaron al sufrimiento de muchos soldados en las trincheras de la I Guerra Mundial.

Lo rural ha muerto; ¡viva lo rural!

En pocas semanas hará un año que asistí a la presentación del libro de Victor Guiu, Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación (editado por Dobleuve Comunicación). Os dejo mi humilde y sencilla reseña.

El mismo prólogo del libro ya nos avisa de las intenciones del autor. Aunque lo escriba Ernesto Jartillo -sociólogo y librepensador, muy cercano a Víctor-. El éxodo rural lo explica todo y lo demás es relato, un imaginario popular que se ha re-creado desde la cultura urbana. Una idealización, como tantas otras de estas sociedades líquidas, que se nos escapan de las manos, en las que la post-verdad manda más que la reflexión reposada de los procesos en el espacio y en el tiempo.

El libro parte de varios pretextos irónicos. Víctor burla desde la primera página esa pretensión de buscar el “desarrollo holístico”, una quimera que va a ir machacando frase a frase. Ya saben los lugares comunes sobre lo rural y la despoblación: el desarrollo sostenible, las sinergias, la vertebración desde supuestos del mercado capitalista, etc. El pueblo como producto turístico, hecho para visitantes, propios y extraños. Lo del espacio vivido queda para poetas, locos y los sufridores cotidianos.

El autor relata a partir de las situaciones de los alumnos en la residencia de estudiantes en la que trabaja durante un curso escolar. Va desgranando una historia múltiple en función de las vidas personales de los protagonistas -Manuel, Fátima, Ainhoa, Santos, Ignacio, Nuria o Valeria-. Estos adolescentes se encuentran en la capital (de provincias) y su denominador común es variado: los problemas normales de su edad (móviles, amores, futuro, disfrute) y que todos vienen de la ruralidad. Son de pueblo.

Esos pueblos de verdad, donde se acaba la carretera. Conocemos muchos en Aragón. Víctor no concreta los lugares exactos, cierto es, que por su origen, alude al sur aragonés. Pero un lugar sin carretera de paso lo tenemos por la Celtiberia, Alto Aragón, la eterna frontera con el País Valenciano, en las Castillas. Pensemos en Aragón, con lógica, lugar de referencia del autor. Sitios a los que se “va de propio” y que son el paradigma del despoblamiento humano. Ahí están los mapicas para corroborarlo, como el 174, elaborado hace no mucho por la Red SSPA.

De los lugares comunes, uno sonríe al leer ideas y percepciones, ya sentidas en algún momento como la anécdota del pueblo al que le estaban arreglando la carretera (p. 31), pero que no la dejen perfecta sino la gente marchará. El hecho de que las autovías o la alta velocidad han provocado un efecto desestructurador, ya que los pueblos quedan apartados y aparcados. Y la gente migra más rápido. Por eso los cuadernos de quejas de algunas plataformas políticas podrían replantearse su reivindicación de megalómanos proyectos de comunicación. Pero esto es otra historia. Como el orgullo de volver al pueblo de fiestas -hace ya unos años que no lo hago, y la nostalgia me secuestra-, algo que permite ver el medio rural lleno, aunque cada vez cuesta más. Todo el libro está salpicado de estas cuestiones, que para la persona que haya vivido en la ruralidad se hacen rotundamente tangibles.

Como hemos dicho la ironía no cesa, ese es el estilo de este “bardo somarda bajoaragonés”. Pero es real, como ese apelativo a “los de mantenimiento”, los que se quedan en el pueblo durante el largo invierno, o entre semana. Ese “todos nos conocemos”, que de obvio nos puede explotar en la cabeza, que genera confort pero otras veces puede volverse contra nosotros y traer soledad.

Lo rural como marca. El desarrollismo de siempre. Y un relato que apela a una total fake new sobre el mundo rural, con el campo como si fuera un vacío que hay que llenar y rellenar de alternativas diseñadas por y para el mundo urbano. Víctor también habla y narra sobre los emprendedores, con un punto más pesimista que optimista, ya que la Arcadia feliz no existe. Nunca ha existido. Ni en lo rural ni en lo urbano. Miren las estadísticas.

Al final el título lo dice todo, muerto lo rural, sólo quedará una suerte de híbrido urbano-rural, con lo que el medio vuelve a reinventarse. A casi todo el mundo le gustan los pueblos pero muy pocos pueden darse gusto de vivir en el mismo. Todo en sí como paradoja, “no hay de nada” y la solución es buscar el macrocentro comercial más próximo. La pandemia nos ha dado de sopetón contra un sistema, que el autor denomina, acertadamente, “globalimbecilización”, sin hoja de ruta ni prioridades, un mundo lleno de caos, de ultraindividualismos.

Una mierda. Pero el libre merece la pena. Y mucho. Feliz 2021.

El aragonés y los sindicatos

Esta semana me llegó por varios sitios una noticia positiva para la lengua aragonesa, la firma de ocho convenios de colaboración con entidades sociales, sindicales y empresariales para promocionar las lenguas propias de Aragón.

Pasados los días y según valoraba esta iniciativa, de la DGA (vía Dirección General de Política Lingüística), entré en una profunda frustración, por los olvidos y la poca sensibilidad que se tiene hacia supuestos aliados estratégicos. Soy muy subjetivo cuando escribo este post -como con todos-, la objetividad no existe, ni siquiera en las ciencias. Llevo diez años afiliado a un sindicato (SOA) que desde su fundación ha hecho uso y ha promocionado nuestras lenguas propias, con una implicación de compromiso y país. En 2009 fue el promotor de la coordinadora Aragón Trilingüe, una iniciativa decisiva para que se aprobara la Ley de Lenguas. Hemos realizado talleres de aragonés, nos hemos ofrecido para seguir apoyando las ideas de la DGPL, como en “Agora x l’aragonés” -aunque no nos hicieran caso: “no era el momento”-. Y todo sin pedir nada a cambio, por defender lo legítimo.

Me dirán que lo importante es la representatividad, llegar a mucha gente y que estos convenios sirven para eso. Se trata de regalarle el aprobado a un alumno que no ha entregado ninguna tarea en todo el curso, que jamás estudia y que encima, inocentes de nosotras, aún pensamos que esto irá en provecho de un indeterminado beneficio social.

CHA, responsable de la DGPL, hace muchos años que no piensa en clave de movimiento, y eso significa gestos y actitudes. Las buenas palabras nos embelesan a todas. Espero no dudar de que UGT o CCOO, OSTA o STEA, comiencen a trabajar de verdad por el reconocimiento de los derechos culturales de todas las aragonesas. Unas más que otras. El tiempo juzgará. Pero excluir no creo que sea un camino acertado. Sobre todo, cuando el españolismo, ha adoptado la vía del victimismo hacia su lengua supremacista.

¿Preocupa quién ocupa?

Quería escribir con algo de sosiego sobre el tema de los pisos ocupados. Ya que el maremágnum de noticias era tremendo hace unas semanas. Por momentos parecía que se iba a acabar el mundo con este tema.

Ya hemos visto que hay un interés por crear miedo en sitios donde no existe este conflicto. Vean el caso de Teruel y la propuesta del concejal de Ciudadanos (Ramón Fuertes) para elaborar un plan municipal para combatir la ocupación. Y las respuestas irónicas desde el Plan de Choque Social de Teruel.

¿Qué hay detrás de la campaña contra la okupación?

En este artículo, el sociólogo Emmanuel Rodríguez nos plantea la verdadera dimensión de este problema, con cifras que demuestran que el incremento de viviendas ocupadas no es especialmente significativo. De 25 millones de viviendas que existen en el Estado español, sólo 1 de cada 3.571 fueron denunciadas por este hecho en 2019.

Por otro lado, la inmensa mayoría de los casos se producen en las grandes urbes -Barcelona y Madrid-. No en Teruel. Evidentemente, el lucrativo negocio de las empresas de seguridad y videovigilancia apela a “si la ocupación te afecta a tí”.

Fuente / AraInfo

Es el pánico moral de las clases propietarias. Aquellas que accedieron al crédito antes de la crisis de 2007-2008, con la casa en propiedad y un endeudamiento que ahoga. La falsa prosperidad de tener propiedades. Ya se ha visto con la Sareb o los desahucios.

La sociedad española es de tener propiedades y ese nicho es el que interesa aprovechar económicamente. Empresas de seguridad, especuladores varios, legislación a la carta. Casi que volvemos a 1791… propiedad, propiedad y proteger la propiedad. Nadie piensa en lo que hay detrás de una ocupación… muchas veces desesperanza. ¿O el derecho a una vivienda no está reconocido como un Derecho Humano?

Alta tensión: la matraca final

El Gobierno de Aragón, abre el melón vacío de agosto, concediendo autorización administrativa al proyecto para repotenciar las líneas de alta tensión Foradada del Toscar-Escalona y Escalona-Escalona. La crisis del COVID-19 ha provocado que desde el Pignatelli se desempolven viejos fantasmas, que dormían el sueño de los justos, u otros en una huida hacia delante, ecocida e irresponsable con el futuro de todas (Castanesa, parques eólicos en el Matarranya, Mularroya).

La Unión Europea lleva tiempo trabajando la matraca de las autopistas eléctricas, justo en un momento en el que estas gigantescas infraestructuras sólo sirven para agravar el calentamiento global y la crisis económica neoliberal. En este caso la matraca es extender las líneas de Muy Alta Tensión.

Hace tres años de esta información.

En este caso volvemos con la machacona matraca de extender la red de líneas de Muy Alta Tensión -conocidas como MAT-, las cuales son el ejemplo perfecto de los intereses oscuros del oligopolio energético. Esto se traduce en crear un mercado único de energía que les permita especular en bolsa con los kilovatios.

En Aragón nos toca el premio gordo con estas líneas: la MAT Samianigo-Marsillon multiplicaría por 11 la capacidad de la línea entre Biescas y Pragneres, prolongándose hasta Magallón por Ejea. Hay otra MAT proyectada entre Peñalba e Isona, y se plantean repotenciar las 4 líneas transversales entre Samianigo y La Pobla de Segur. El Pirineo emparrillado, ni biodiversidad ni turismo ni reserva cultural. Pamplinas. No se podía saber. De repente, y ante el tsunami descendente de ingresos/beneficios que va a generar la pandemia del COVID-19, Lambán prepara el terreno con nocturnidad y alevosía. Territorio colonial, país vacío y vencido. Es lo que quieren y no descansan para ello.

Ya se paró en su día la Aragón-Cazaril y la Graus-Sallente. Se sigue luchando para frenar el despropósito de la autopista eléctrica Peñalba-Isona, de la que poco a poco van saliendo pequeñas inversiones que nos preparan para un futuro que ya está aquí. Muy terrible todo lo que escribamos sobre estos temas…

Antiguo Régimen a la mediterránea.

Hay cosas que parecen de novela, algo del pasado, pero hay que frotarse los ojos muy fuerte y pensar que estamos en pleno siglo XXI. La realidad nos muestra que los restos del Antiguo Régimen siguen ahí. Vivitos y coleando. Mientras el emérito huye, fiel a la tradición borbónica, la clase parasitaria sigue por estos lares con sus rentas y beneficios. Os explico lo que he visto…

Hace un par de semanas estuve pasando unos días de descanso en el extremo occidental del municipio de Tarragona. Se llama La Móra-Tamarit. Una zona costera, algo abrupta, que deviene en un puzzle de usos del suelo bastante caótico. En un espacio relativamente pequeño conviven chalets, hoteles, campings, explotaciones agrarias, y espacios naturales protegidos -los aiguamolls del Gaiá-. De hecho, llevan una lucha vecinal para que este lugar sea reconocido como Entidad Municipal Descentralizada.

Resulta que este territorio perteneció al Marquesado de Tamarit, otorgado por Carlos II a un tal Francisco de Montserrat y Vives, en atención a sus servicios en el sitio de Tarragona (jejeje). El caso es que el título se rehabilita en 1903, obra y gracia de Alfonso XIII, para dárselo a José de Suelves y de Montagut, terrateniente de la zona, jefe de Comunión Tradicionalista en Tarragona y diputado en el Congreso de la época de la Restauración durante varias legislaturas. El cacique de toda la vida.

Esto es para situarse. Y sospechar por dónde viene el caos de esta zona. Y aún hay más, María, la hermana del actual titular de este título nobiliar, se casó con Francisco Franco y Martínez-Bordiú -nieto del mayor genocida del siglo XX español-. ¡Booommmm! ¡No se podía saber! Dejé de buscar, al fin y al cabo, sólo quería informarme un poco de lo que veían mis ojos de turista. En esta zona también se encuentra el Castillo de Tamarit, una fortificación de tiempos de la conquista cristiana, que pasó a manos del arzobispado de Tarragona en el siglo XIV, el cual lo vendería a Charles Deering -millonario y yankee- en el siglo XX. Actualmente pertenece a una sociedad inmobiliaria.

Me vienen a la memoria ejemplos aproximados en Aragón: la finca de la Baronía de Escriche (en Corbalán, Comunidad de Teruel), el complejo de salinas en Arcos (Gúdar-Javalambre), o los yacimientos de la Cueva de Chabes (Bastarás, Plana de Uesca). Con un denominador común: desidia y abuso de poder.

Como siempre, tomemos conciencia de lo que nos rodea, ya que el tranquilo chiringuito de playa, puede estar sobre un suelo lleno de historia, chanchullos y dinero para los de siempre.

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