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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

Hombres, mujeres y medio rural (II)

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Fuente: @arainfonoticias

En agosto del año pasado iniciamos una reflexión elucubrando sobre la mujer en el medio rural. He tardado bastante en volver a escribir sobre el tema. Mi visión de género (masculino) entorpece el que pueda ofrecer un relato más o menos interesante sobre el asunto. Animado por mi pareja, creo oportuno recuperar alguna idea sobre estas relaciones hombres-mujeres en los pueblos, en el ámbito rural.

Y dicho esto, paso de adscribirme a ninguna teoría igual que a citar autores. No se trata de generar bibliografía ni nada por el estilo: la tozudez heteropatriarcal viste como viste y deja como natural todo aquello que viene impuesto.

¿Qué es ser una revolvedora? ¿alguien que revuelve no? Eso le dijeron una vez a mi compañera, en un bar de pueblo, un adjetivo usado por el típico hombre rural, estupefacto ante una mujer con criterio propio, que respondía y argumentaba, y no se quedaba callada ante la provocación de turno. Hace poco, leía una anécdota parecida en Twitter: una mujer discutiendo de política con dos hombres en un ambiente urbano, y la conversación se fue acalorando, sin que llegaran a ningún punto común, en estas, que uno de los varones le suelta “¡qué guapa te pones cuando te enfadas!”. Esta cosificación tiene sus efectos, ya que autogenera ese supuesto estatus de superioridad, para decirle a la revolvedora de turno algo muy claro: “mi sociedad, heteropatriarcal, te ha asignado un rol del que no debes salir ni incomodarme”.

En el medio rural todo esto se agiganta, por eso el hombre invade todo y nos muestra una radiografía muy conservadora de nuestros pueblos. El hombre hará lo que quiera y ella, tratará de buscarse sus pequeñas válvulas de escape. Y algunas de estas se muestran como una emigración forzada y forzosa, con el desarraigo que esto conlleva (lean a @LauraCoGi en Lo exilio rural: dellá d’a ruralidat trending).

Asesinan a mujeres. Matan y ahogan a nuestros pueblos. Y se sigue reproduciendo la misma mierda de siempre: el modelo de parejas con hijos, que tendrán todas las facilidades del mundo para vivir en el medio rural. Pero somos personas libres y si queremos otro modelo socioterritorial habrá que empezar por cuestionar hasta lo más simple, ya que a veces, cedemos en silencio, cerrando las puertas y no volviendo nunca más.

Seguiremos. Y disculpen la reflexión.

 

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Huelga a la occitana

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Manifestación de mineros. Pancarta en occitano. Fuente: @Los4Motocarros

El verano es una época de pereza, de descanso, casi lo de escribir se agota con los sudores y excesos del momento. Hacía ya unas semanas que tenía en la cabeza alguna historia sobre las minas turolenses: el cierre, la reconversión y todas estas cuestiones. Me faltaba una palanca y esa vino el sábado 8 de julio, en una magistral charla de @Los4Motocarros para @Puyalon.

Y digo magistral porque puso el acento en lo verdaderamente interesante del asunto: la infinita capacidad que tienen las personas, los trabajadores, para autoorganizarse ante una decisión externa e impuesta. La historia se sitúa en un páramo geográfico en el centro de Occitania, en el Aveyron, en pleno Macizo Central, una zona con grandes yacimientos de carbón y cuya capital (Rodez) no pasa actualmente de los 30.000 habitantes. En esta zona se han desarrollado explotaciones mineras desde antes de la Revolución Industrial. Es decir, un Teruel de la vida.

Con un proceso de aculturación tremendo (desde el Norte impusieron el nombre de Decazeville a una población que se llamaba La Sala), la lucha obrera ya tuvo algún episodio de conflicto alrededor de 1886 cuando tuvieron una serie de huelgas con las que consiguieron reducir la jornada laboral y aumentar el salario. Para 1906, las mujeres de los mineros purgaron físicamente al administrador de la explotación, por una bajada del salario injustificada. El meollo de la cuestión llegó en los años 60, el gobierno De Gaulle, dentro de su plan de modernización económica, trató de sustituir el carbón por el petróleo. Plantearon despidos y reubicación de los obreros lejos de su casa. Era el acta de defunción de la zona. Y ocurrió de todo, encierros de los mineros, 307 alcaldes del departamento que dimitieron, huelga de los profesores, acciones de solidaridad de los estudiantes, manifestaciones masivas, huelgas de hambre, bloqueo de la línea ferroviaria Paris-Toulouse. Durante 45 días el Estado francés desapareció de la zona.

Los contenidos de la charla fueron claros y contundentes. El oxímoron lengua y lucha obrera se mostró de forma explícita, ya que los trabajadores -paisanos occitanos- usaban su lengua patrimonial y esto activó las alarmas más jacobinas de la reacción francesa. Ante una lengua que no existe, los trabajadores se afanaban por usarla ante la prensa y en pancartas y cánticos. Una forma de provocar a la casta republicana. Y así llegó el descubrimiento de lo occitano, con gente como Robert Lafont y su célebre tesis del colonialismo interno. De La Sala al internacionalismo obrero. Una derrota pero digna. De Gaulle decidió potenciar la instalación de centrales nucleares, y así, muerto el perro se acabó la rabia. Actualmente la zona es un erial, despoblación y desestructuración. Eso sí, muy bonito para los urbanitas parisinos amantes de la naturaleza. ¿A qué os suena esto?

Utrillas está hermanada con Decazeville. Supongo que algunos paisanos conocerán esta historia, que durante un tiempo cuestionó al sistema de producción capitalista y a su aliado eterno, el Estado-nación burgués. Hace ya 50 años de eso. El ejemplo está ahi, para quien se quiera acercar y conocerlo. Y aprender. Y construir. Y responder.

Prou de represión lingüistica!!!

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Hoy como ayer, siempre la misma película. 310 años después. La imposición violenta de la Nueva Planta nos trajo la castellanización política y cultural vía Decreto. Ahora, en junio de 2017, el parlamento aragonés (la supuesta “casa de todos”) prohibe usar el aragonés y el catalán en su actividad parlamentaria, con los votos de PP, PSOE, Ciudadanos, y la abstención del PAR. La chulería facha no tiene fin: vigilarán para que la fabla muera, y si pueden todo lo demás (dialectos, modalidades, programas educativos, recursos…). Felipe V estaría orgulloso de ellos.

Mientras tanto, en un mundo paralelo, la buena gente del aragonés anda perdida en discusiones y debates sobre grafías, puestecicos, entornos, oficinas de la lengua, “quítate tú para ponerme yo” y sanseladas varias.

¡Maravilloso país!

 

Biscarrués, no y prou!

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El domingo estuve acompañando, una vez más, a las gentes que llevan décadas protestando contra los grandes embalses. En este caso tocaba el de Biscarrués. Son muchos años de manifestaciones, pero haciendo recuento personal, las realizadas contra proyectos de pantanos se llevan la palma en mi mochila de protestas.

No siempre he estado ahí, las circunstancias mandan en demasiadas ocasiones. Pero en lo personal y colectivo siempre intenté aportar mi granito de arena. Contra el recrecimiento de Yesa, paralizando Santaliestra, el mencionado de Biscarrués -a la cota que sea-. La injusticia de Mularroya. O todos juntos en forma de trasvase.

Nos queda la dignidad, este país alternativo y orgulloso, que sabe organizarse ante ese toma y daca del desarrollismo, la obra pública franquista, el despilfarro, el dolor, las falsas compensaciones. Lo de siempre. España pisoteando. Y seguimos.

Fraga la aragonesa

Quizá sea una marcianada excentrica pero hace poco encontré un artículo sobre la ciudad de Fraga y aquí os dejo un extracto interesante sobre su aragonesidad. Poco diré, ya que lo interesante es que cada cual saque sus conclusiones. Pero la historia y la voluntad de permanencia han tenido sus hitos y parece que durante la revolución de 1868 la aragonesidad de la ciudad siguió su camino. Sin más, la conceptualización geográfica y territorial es muy compleja, y las fronteras (que unen y separan) actúan de manera estructurante. Aragón, Catalunya, Baix Cinca…, la franja y los países catalanes. Ja veurem.

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Fuente: Javier Costa, “La ciudad de Fraga y la Revolución de 1868”, Especial San Lorenzo. 2004.

El derrumbe del Zaragoza

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Hace unos días saltaba a las noticias que el Santo Domingo Juventud había firmado un acuerdo de colaboración con el Real Madrid, para que este club se aproveche de una de las canteras de fútbol base en Zaragoza. Escribir sobre esto puede parecer raro, pero ha habido reacciones bastante contrarias, ya que tocan la identidad, en este caso la colectiva alrededor del Real Zaragoza y su capacidad de identificar (o representar a la ciudad). Un asunto al que no hay que quitarle importancia.

En un momento de ruina deportiva, de los peores en la historia del Zaragoza, los depredadores se aprovechan para saquear y seguir colonizando. El mercado de la ciudad es apetitoso, con sus más de 600.000 habitantes, de hecho equipos como el Villarreal ya anticiparon la jugada. Una pena. Dirán que es la globalización, pero a mí me suena al mismo cuento de siempre: el rico manda.

Mientras tanto los Yarza, Alierta y compañía a mirar para otro lado, criticando al actual equipo de gobierno, llorando por las esquinas, porque sus negocios especulativos no terminan de salir adelante. Y ya de paso, derrumbando absolutamente todo, el Zaragoza ha perdido el tren del fútbol del siglo XXI y es muy difícil que lo vuelva a recuperar. Pierde hegemonía cada año, ahora mismo, el primer equipo de Aragón es la SD Uesca, mal que pese por todo el rollo de la historia, los títulos o la masa social.

Pregunta final, ¿qué alcalde franquista impidió que el club comprara La Romareda cuando tenía dinero para hacerlo? ¿qué grandes familias apoyaron esta negativa? ¿quién manda en Aragón?

Esto explica muchas cosas.

Hipnosis

Una cosa es pitar un himno y otra quedar hipnótico ante lo que viene siendo habitual: una final de la Copa del Rey de fútbol, a la que llegan el Barcelona y un equipo vasco, ofreciendo ambas aficiones una pitada que a algunos ofende. Así están las cosas. El cuñadismo españolista salta a degüello por las redes sociales, utilizando su retahila clásica: “que no jueguen, que se jodan (son españoles), que suspendan el partido”. Algunos aluden al sacro himno, con sesudas faltas ortográficas: ipno, hino… no sé…, algo hipnótico.

El elemento central y más objetivo sería el del respeto a los símbolos del Estado. Algo muy edificante y demasiado pestoso como para no dedicarle unas líneas. Cuando el respeto no es recíproco ocurren cosas como esta de las pitadas: si no te dejan votar, si pisotean contínuamente tus derechos colectivos, si lo español se asocia a corrupción y caspa… Pero ya llueve sobre mojado con estos temas (leer Sin ir más lejos), y poco queda por plantear. Las trincheras están excavadísimas. Lo del respeto aparece como un embudo que oculta las miserias de un proyecto estatal que muchos quieren finiquitar. El recurso al respeto suena a lloriqueo, pataleta social, de nacionalistas asimilados y contentos, incapaces de aceptar que la realidad es otra.

#LasFuens

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El sábado 13 de mayo pude disfrutar de una pequeña exploración en grupo -organizado por @a_zofra– por el urbanismo y la sociología del barrio donde resido, Las Fuens. Siempre he sido una persona curiosa y en ese sentido, aparte de lo que ya sabía, deseaba experimentar las vivencias y experiencias de otras personas respecto al entorno.

El paseo de Jane no me defraudó. Las Fuens, barrio obrero nacido al calor del desarrollismo de los años 50 y 60 tiene una fisonomía muy peculiar, con un trazado ortogonal en cuadrícula, muy raro para zonas obreras. El origen del barrio es agrícola, con sus huertas, torres, acequias y surgencias. La orla de la Huerva marca claramente sus límites con el casco histórico de la ciudad. Un barrio que parece hermano a San Chusé, separados actualmente por la diagonal de Miguel Servet, pero que adquiere identidad propia con la instalación de las cocheras de los antiguos Tranvías de Zaragoza. Esta decisión, en suelo barato, conforma un entorno de trabajadores, producto del vaciado rural, que provienen fundamentalmente del Bajo Aragón. De esta forma se crean los Grupos de Viviendas característicos del barrio -hoy degradados y convertidos en un pequeño “Baltimore”-. Un barrio con relaciones de embudo ya que su único acceso con el centro de la ciudad se producía a través de Compromiso de Caspe, o por un puente de tablas que cruzaba la Huerva a través de la futura calle Jorge Cocci.

Con muy pocos servicios, la creación en 1959 del Colegio Santo Domingo de Silos relaciona el barrio con las etapas de la dictadura franquista -la labor de control ideológico del Opus Dei marcaba estos años-. El aislamiento con la margen izquierda se romperá con la construcción del llamado puente de La Unión, construido como una inmensa barrera para los accesos básicos al barrio. Un entorno popular, con un pequeño comercio decreciente, con porcentajes altos de inmigración y una fuerte tradición vecinal que ha tenido como seña de identidad la intervención comunitaria. Los retos son los conocidos para este tipo de barrios en grandes ciudades: cuidados a nivel de urbanismo, plantear intervenciones que recuperen espacios degradados, integrar con criterio, defender al comercio que agoniza ante el modelo americano de centros comerciales y… ¿defender su identidad como bastión de una ciudad compacta?

Veinte años de vaivenes aragoneses

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Protesta contra la bandera española en Zaragoza, 2008

Hace veinte años, cuando me incorporé a la participación política, el debate sobre la crisis de los Estados-nación estaba en auge. Era un momento en el que la Unión Europea auspiciaba fenómenos como el neorregionalismo, con toda esa pléyade de comités de regiones y ciudades, los meso-espacios, la percepción de tener menos Estado, o de que se gestiona mejor desde la cercanía. Parecía un horizonte claro y sin vuelta a atrás. Había que aligerar competencias hacia los escalones inferiores. Aquí cabía todo, desde los fondos de desarrollo rural hasta panaceas autodeterminísticas. Aragón pululaba en medio de todo esto, en una época de vino y rosas para el aragonesismo político-cultural. El PNV y CiU cerraban filas, cada uno en su estilo. Todo era posible.

Mayo de 2017. El mundo al revés. Más crisis, porque esto lo llevamos labrando desde finales de los setenta. Y más Estado. Los experimentos, con gaseosa. Atacar a lo cercano. Todo por el déficit. Y a centralizar. Por toda la Unión Europea. Como es época de rupturas, ya hemos tenido un referéndum (el escocés). El catalán, se está fraguando. Y los vascos van reorganizando su escenario post-ETA. Lo que no cambia es Aragón, sigue en medio, absorto a todo, y zarandeado por unos y otros. El aragonesismo del vino, ya pachucho. Unos en el gobierno, suspirando por tonterías. Y otros esperando, madurando el pedaleo, porque todo llega.

¿O no? El futuro es incierto. Pero la certeza de que no regalarán nada, debe hacernos más fuertes y pensar que debemos seguir caminando, colectivamente, para liberarnos de esos vaivenes, que son cíclicos. Y cada momento, tiene sus sinergias.

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