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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

#LasFuens

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El sábado 13 de mayo pude disfrutar de una pequeña exploración en grupo -organizado por @a_zofra– por el urbanismo y la sociología del barrio donde resido, Las Fuens. Siempre he sido una persona curiosa y en ese sentido, aparte de lo que ya sabía, deseaba experimentar las vivencias y experiencias de otras personas respecto al entorno.

El paseo de Jane no me defraudó. Las Fuens, barrio obrero nacido al calor del desarrollismo de los años 50 y 60 tiene una fisonomía muy peculiar, con un trazado ortogonal en cuadrícula, muy raro para zonas obreras. El origen del barrio es agrícola, con sus huertas, torres, acequias y surgencias. La orla de la Huerva marca claramente sus límites con el casco histórico de la ciudad. Un barrio que parece hermano a San Chusé, separados actualmente por la diagonal de Miguel Servet, pero que adquiere identidad propia con la instalación de las cocheras de los antiguos Tranvías de Zaragoza. Esta decisión, en suelo barato, conforma un entorno de trabajadores, producto del vaciado rural, que provienen fundamentalmente del Bajo Aragón. De esta forma se crean los Grupos de Viviendas característicos del barrio -hoy degradados y convertidos en un pequeño “Baltimore”-. Un barrio con relaciones de embudo ya que su único acceso con el centro de la ciudad se producía a través de Compromiso de Caspe, o por un puente de tablas que cruzaba la Huerva a través de la futura calle Jorge Cocci.

Con muy pocos servicios, la creación en 1959 del Colegio Santo Domingo de Silos relaciona el barrio con las etapas de la dictadura franquista -la labor de control ideológico del Opus Dei marcaba estos años-. El aislamiento con la margen izquierda se romperá con la construcción del llamado puente de La Unión, construido como una inmensa barrera para los accesos básicos al barrio. Un entorno popular, con un pequeño comercio decreciente, con porcentajes altos de inmigración y una fuerte tradición vecinal que ha tenido como seña de identidad la intervención comunitaria. Los retos son los conocidos para este tipo de barrios en grandes ciudades: cuidados a nivel de urbanismo, plantear intervenciones que recuperen espacios degradados, integrar con criterio, defender al comercio que agoniza ante el modelo americano de centros comerciales y… ¿defender su identidad como bastión de una ciudad compacta?

Veinte años de vaivenes aragoneses

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Protesta contra la bandera española en Zaragoza, 2008

Hace veinte años, cuando me incorporé a la participación política, el debate sobre la crisis de los Estados-nación estaba en auge. Era un momento en el que la Unión Europea auspiciaba fenómenos como el neorregionalismo, con toda esa pléyade de comités de regiones y ciudades, los meso-espacios, la percepción de tener menos Estado, o de que se gestiona mejor desde la cercanía. Parecía un horizonte claro y sin vuelta a atrás. Había que aligerar competencias hacia los escalones inferiores. Aquí cabía todo, desde los fondos de desarrollo rural hasta panaceas autodeterminísticas. Aragón pululaba en medio de todo esto, en una época de vino y rosas para el aragonesismo político-cultural. El PNV y CiU cerraban filas, cada uno en su estilo. Todo era posible.

Mayo de 2017. El mundo al revés. Más crisis, porque esto lo llevamos labrando desde finales de los setenta. Y más Estado. Los experimentos, con gaseosa. Atacar a lo cercano. Todo por el déficit. Y a centralizar. Por toda la Unión Europea. Como es época de rupturas, ya hemos tenido un referéndum (el escocés). El catalán, se está fraguando. Y los vascos van reorganizando su escenario post-ETA. Lo que no cambia es Aragón, sigue en medio, absorto a todo, y zarandeado por unos y otros. El aragonesismo del vino, ya pachucho. Unos en el gobierno, suspirando por tonterías. Y otros esperando, madurando el pedaleo, porque todo llega.

¿O no? El futuro es incierto. Pero la certeza de que no regalarán nada, debe hacernos más fuertes y pensar que debemos seguir caminando, colectivamente, para liberarnos de esos vaivenes, que son cíclicos. Y cada momento, tiene sus sinergias.

Primero de Mayo…corto y cambio!

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Acto final del 1º de mayo en Zaragoza / Foto propia

Mi primer Día del Trabajador en Zaragoza ha sido extraño, quizá agridulce pero reconfortante a la vez. El año pasado no participé en ninguna movilización, el exilio rural me obligó a enjaularme en casa. Quizá, por eso, lo he cogido con ganas en 2017, aún sabiendo del simbolismo fetiche de una fecha que más bien sirve para poco.

El caso es que hay que acompañar, colectiva e individualmente. En este sentido, mi hueco sindical está en el SOA, pero una cosa es lo evidente y otra los compañeros de viaje que se te van acercando. Y eso que hablamos del 1 de mayo, un paseo de pancartas y cánticos.

¿Qué espera la gente? No sé. Partimos de la idea de despejar ecuaciones, en las que nunca entran ni CC.OO. ni UGT, por razones obvias. A partir de ahí se abre el melón sindical, que para organizaciones como SOA puede ser un poco indigesto. En Uesca, se ha ido, tradicionalmente, de la mano de CGT, HUSTE y CNT. En Zaragoza, la geometría varía, a pesar de que hay mínimos comunes para estar en determinadas movilizaciones. Aquí volvemos a hablar de CGT, también de OSTA o de Intersindical de Aragón. Pero la densidad organizativa capitalina también ubica al propio SOA con sindicatos considerados hermanos, como CUT o CATA.

El dilema viene cuando todo se junta, y por equis factores, se sale de manera escalonada y separada, dentro de una convocatoria. Cuando eres un sindicato pequeño pero con aspiración en todo el país, necesitas de las dinámicas de otros para visibilizarte. Cuando te conviertes en apéndice de los conflictos de empresa de otros, terminas perdiendo el norte y dando bandazos. La gente quiere ilusión y sinergias. Lo otro forma parte del pasado.

Un 23 de abril cualquiera

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Me ha costado mucho escribir sobre este 23 de abril, Día de Aragón. Siempre me ha dado pereza, una fecha tibia, perdida en la primavera. Exceptuando los años de protesta antitrasvase, me he ocupado poco en pensar sobre mi país para su Día de exaltación autonómica. Quizá porque el resto del año, ya estoy con estas refriegas mentales. Así somos algunos.

El caso es que hago bien. Veo a Lambán y casi vomito con su “militancia aragonesista activa”. El discurso de Violeta Barba (Podemos), algo mejor, con ese deseo de controlar el destino, pero muy neutro, casi dirigido a robots. La CHA, bien en Sigena, un poco pobre todo, casi garrulo. Del resto ni hablo. Por eso no suelo gastar el tiempo para el 23 de abril. Dejemos las cosas y a seguir intentando descolonizar. No os hago perder más tiempo.

Las nomenclaturas (casi) desaparecidas

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Hace poco leía que la “Corona de Aragón” no ha tenido un buen viaje en el tiempo, su legado ha sido descuartizado por unos y otros, la narrativa españolista la presenta como una región histórica de Ejpaña, mientras que la catalanista ha adecuado determinados elementos para construir su imaginario. Los alumnos del Estado español son aleccionados con la historia de Castilla, apareciendo la Corona de Aragón como un apéndice auxiliar de esa visión teleológica. Un fantasma, alejado de la historia, que se ha recuperado a jirones, con las visiones parciales que han gestionado las cuatro Comunidades Autónomas (sic) herederas de ese pasado.

La plurinacionalidad de la Corona sigue siendo algo extraordinariamente complejo, por eso, resulta más fácil aludir a un “imperio catalán” o a los distintos Estados que configuraron la Corona, que a una articulación político-histórica común. A cualquier iniciado sobre el tema siempre le recomiendo el libro Introducció a la história de la Corona d’Aragó (de Joan Reglá, 1979), ya que sitúa las cosas de forma precisa, con una visión de conjunto claramente organizada. 38 años tiene ese librito.

Perdemos demasiado tiempo en debates casi escolásticos, los nombres y esas cosas: las nomenclaturas. Personalmente, no me molestan en exceso neoconceptos como “Pere II el Gran”, “corona catalanoaragonesa”, o “rey-conde”. La gestión de la memoria tiene estos usos. Incluso algún término como “confederación catalano-aragonesa” me gusta. Lo preocupante viene cuando tratan de soterrar la importancia de determinados elementos para ensalzar otros. Y en esta guisa estamos, con relecturas del pasado aragonés para negar su carácter nacional.

A todo el mundo le gusta saber un poco de historia, y eso significa proyectar visiones sobre el pasado en función de intereses determinados. En un artículo del investigador catalán Marc Pons (@marcpons1966), se exponía el origen histórico de la nación aragonesa, que al ser castellanizada, da la sensación de haber desaparecido, conviertiéndose en una extensión del españolismo. Este ejemplo que os pongo es suave, pero detrás esconde el objetivo de negar una articulación de futuro, llámese como se llame…

Trenes y colonialismo

Los trenes están muy bien, pero tenemos que ser realistas. Dudo que Teruel tenga nunca Alta Velocidad. No debería ser su lucha. Los costes de estas líneas son altísimos y el mantenimiento de las mismas diez veces superior al de una línea convencional. Teruel, el sur, la Celtiberia se la juegan con un servicio norte-sur que vertebre Aragón. Tal y como este sábado han reivindicado. Pero el cuñadismo del AVE es otra película, un tren carísimo, que sólo acumula deuda y lejos del poder adquisitivo de la renta media aragonesa (salario mínimo o pensión básica). Una cosa es utilizarlo por capricho una vez al año y otra para la cotidianidad del trabajo.

Aragón es un sujeto pasivo colonial y el tren ejemplifica como pocos elementos esta situación. Un fraude electoral entre PP y PSOE. Se cerraron vías en su momento (como la Calatayud-Caminreal), otras pasan a ser vías verdes, hay comarcas olvidadas de este medio de transporte (Cinco Villas, Sobrarbe, Ribagorça). La única solución pasa por recuperar nuestro control como pueblo y decidir sobre nuestras cosas. El resto de recetas ya han caducado.

Francisco Loscos

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¿Te imaginas a un científico en 2017, que sin ayuda de ningún tipo, fue capaz de publicar un tratado con 2.460 especies?  Pues eso ocurrió en Aragón, en el campo de la botánica, hablamos de Francisco Loscos (1823-1886).

Loscos desarrolló su actividad durante la segunda mitad del XIX. Fue fundador de la Escuela Botánica Aragonesa, un grupo con nulo apoyo oficial, ausencia de facultades y centros universitarios. La casta academicista española nunca vio con buenos ojos el trabajo de Loscos, quien tras realizar su formación en Zaragoza y Madrid, se afincó en el Bajo Aragón. Se centró en el trabajo de campo, olvidando intereses económicos, lo que generó incomprensión y desprecio por parte de la Botánica oficialista.

Con la ayuda de su compañero José Pardo, encontró apoyo en Alemania para publicar su Series incofecta plantarum indigenarum aragoniae (1863), una edición que costaba unos 8.000 reales, y que fue desestimada a pesar de los buenos informes que había sobre la misma. Esta obra le sirvió para situarse en un buen plano de relación con los principales botánicos europeos. El éxito socavó las envidias y calumnias de la casta universitaria, anquilosada en Madrid. Unos años después, amplia la obra y la edita por su cuenta en Alcañiz. Numerosos botánicos solicitaban a Loscos el envío de plantas aragonesas para enriquecer sus colecciones, creando en Castelserás una agencia botánica rural perfectamente organizada.

Tras su muerte, por una epidemia colérica, llegaron los lamentos y los homenajes. La Diputación de Zaragoza ofreció fondos para construir un monumento, cuando unos años antes le había negado un microscopio para estudiar las criptogramas aragonesas.

Loscos representa la independencia, la autogestión y la rasmia, todo ello aderezado con una concepción de Aragón absolutamente nacional para la época: llamó extranjero a todo aquello que no fuese aragonés, con total naturalidad y una visión universalista de la botánica. En resumen, un patriota perdido para nuestra memoria colectiva.

Info: MARTÍNEZ TEJERO, Vicente (1998), Los botánicos aragoneses. Colección CAI 100.

 

 

Calvos contra el ecocidio aragonés

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Folleto de Ecologistas en Acción – Otus, 2001

La foto es lo importante. Estaba revisando materiales viejos, y apareció sepultada entre revistas e historias de todo tipo. Nos cuenta una protesta contra la ampliación de las pistas de esquí de Gúdar y Javalambre, allá por los inicios del siglo XXI. Unos activistas con una pancarta en la que aparece la frase “No nos deis más pistas, estamos hasta el…”, y tres culos mostrando su desnudez, un provocador “calvo” contra el ecocidio. La ampliación quedó paralizada en 2005. Alguna batalla se gana.

Este pasado fin de semana se cumplieron tres décadas de la lucha contra el pantano de Biscarrués. Hay amenazas que todavía siguen latentes en el territorio. Treinta años es mucho tiempo. A pesar de las alternativas, las mediaciones o los lloros de algunos por seguir con su modelo caduco. Aragón sigue expuesto colonialmente a estos atropellos. Y a los chantajes: ahora con el pantano de Almudébar.

Pero hay más. La Mina de Borobia tendrá una superficie más reducida, vía judicial, a pesar de que el río Manubles ha empezado a mostrar una turbidez extraña. En Artieda llueve sobre mojado con estos temas, ni la sismicidad parece parar a los pantaneros. En el Bergantes llevan menos tiempo con la lucha, pero esa amenaza sobre un paisaje (y sus gentes) sigue su curso. En Mularroya construyen una presa para entubar agua y de paso destruyen patrimonio. Todo muy normal.

Atrás quedaron Gran Scala, las líneas de alta tensión u otras chaladuras que afectan a los de siempre. Incluso Zaragoza sufre estos desmanes: ese azud de Belloch. Y la lista se hace interminable, con proyectos de fracking, especulaciones urbanísticas en el Pirineo o en el Moncayo, la cueva de Chaves, las reversiones que no llegan tras décadas de afecciones y servidumbres.

Hace unos años quise desarrollar el concepto de eco-aragonesismo, lo usaba por este blog. La idea no cuajó aunque la gente entiende perfectamente de lo que hablamos. Aragón pivota sobre una triple colonización: la capitalista (ubicadas en la atroz Europa occidental, lucha de clases, neoliberalismo), la política (seguimos sometidas desde 1707) y la ambiental (de consecuencias terribles).

De calvo en calvo, hasta la victoria final.

El Salto

La semana pasada salió el número 0 de El Salto, un proyecto del que creo que merece la pena escribir unas líneas. Arainfo llevará la voz “territorial” en Aragón, ya que se trata de una especie de plataforma de información, con una idea de organización confederal. No sé si llamarlo contrainformación, a día de hoy todos los medios hacen uso de ella, los corporativos con el régimen para intoxicar, y los más independientes para buscar su hueco en esta trampa de pluralidad corregida. Desde El Salto pretenden defender e informar a quienes son silenciados por los medios de siempre: aquí me autoubico.

Personal y colectivamente, es básico tener medios de este tipo. Llevo años bregando con notas de prensa, comunicados, información de toda índole, y he de decir que gracias a Arainfo mis luchas tienen visibilidad. Cuando decido mandar una nota de prensa, muchas veces paso de enviarla a los medios del régimen, la experiencia me dice que no sacarán nada… y así suele ser. Algunos dirán que siempre hace falta algún buen contacto en redacción, pero con Arainfo esto no pasa.

Así que damos la bienvenida a El Salto, como en su día hicimos con Diagonal, hace ya una década. Seguro que es un espacio de información donde las luchas anticoloniales de todo tipo tienen su hueco. Habrá que trabajarlo.

El Salto

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