El Partido Aragonés vive un proceso de descomposición, inaudito por nuestras latitudes políticas. Desde los distintos sectores de la izquierda anticolonial aragonesa (y del aragonesismo político) siempre lo hemos valorado como un cáncer para el país, incapaz de aragonesizar desde el poder y con una peste a corrupción que olía demasiado. Quizá es tarde para Biel. Con esas desbandadas de cargos públicos de los últimos tiempos. Con esas medidas personalistas, retrasando congresos. Con ese olor a caspa rancia de otros tiempos.

Tantos años en el poder nos deja datos poco alentadores de la práctica política del PAR: somos la segunda nación del Estado con más capital social (dinero público) fuera del sistema público (un 13,53%). El 65% de los entes dependientes de la DGA son de naturaleza privada, o sea, menos información a las Cortes y menos control de la gestión. El PSOE tiene su parte de culpa, pero este es el país del PAR. De Aramón, Motorland, Gran Estafa y las plataformas logísticas varias. Echaron a Mur (que no es santo de mi devoción) pero algo representará hacia los valores históricos de este partido, que uno de sus líderes haya sido obligado a abandonar su barco.

Un barco en una deriva ideológica impresionante. Pilar de España, centro de Aragón, con sus discursos caducos en cuestiones hídricas, estatutarias, lingüísticas. El órdago de algunos cargos públicos en las comarcas meridionales puede ser el principio del fin. Ya se verá.

 

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