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Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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¿El municipalismo es el verdadero poder?

Arturo Aliaga hizo unas declaraciones muy sorprendentes hace unos días. Este señor, que detenta la Consejería de Industria y la Vicepresidencia del actual Gobierno de Aragón (legislatura 2019-2023), amenazaba a los ayuntamientos que se opusieran a los proyectos de renovables, violentando la base de la democracia, la autonomía municipal. Aliaga es del PAR y está acostumbrado a hacer y deshacer. Pero con 3 diputados de 67 en el actual parlamento, es normal que se ponga nervioso y más para una persona que lleva de diputado la friolera de 14 años.

Tener el poder en Aragón es complejo en sí. Y algunos equilibran mejor que otros este reparto a varios niveles. He realizado un suma-resta comparativo entre 2011 y las últimas elecciones municipales -las de 2019-, para sacar algunas conclusiones respecto a este tema. Recordamos que la famosa “crisis de régimen” explotó hace una década, con las protestas del 15-M y el lema de “No nos representan”. Pasaron muchas cosas, que no vamos a detallar. Me interesa destacar la irrupción de fuerzas emergentes (Podemos y sus confluencias) que podían volcar el poder político a todos los niveles. No fue así. Y parece que el sistema vuelve a su sitio inicial. Nombramos también el reforzamiento, tras 2011, de otros partidos que ya exístían, como Ciudadanos, y la extrema derecha vía Vox.

Esta es la comparativa de los 5 partidos parlamentarios aragoneses en 2011. ¿Quién detenta el verdadero poder municipal?

En esta foto fija de los cinco partidos con representación en el parlamento aragonés, llama la atención que el PSOE aguanta muy bien en esta década larga y convulsa, en la que han pasado tantas cosas a nivel político y social. 87 ediles más a día de hoy, sólo pierde unos pocos en Teruel. Los descalabros importantes vienen en el ala conservadora. El PP se deja casi 200 concejales, con pérdidas significativas en Uesca y Zaragoza. Mientras que el PAR se deshace como un azucarillo a nivel municipal, con menos de 300 concejales con respecto a 2011, ¿de aquí vendrá la rabieta autoritaria de Aliaga? CHA sujeta su poder pero a la baja e IU se despierta de un mal sueño tras sus alianzas confluyentes. El PSOE rampante, aguantó el sorpasso.

Y eso que en la foto de 2019, y por supuesto en la de 2015, ya tenemos a esos partidos “nuevos”, que de una forma u otra, amenazaban al bipartidismo. Ciudadanos ostenta en todo el país unos 400 concejales, lo cual no es poco si observamos el volumen total del resto. Podemos, con sus alianzas variables, apenas alcanza los veinte ediles -con Equo o confluencias municipalistas de distinta composición-. Mientras que Vox detenta 22 concejales en estos momentos. Todo esto cambiará, sobre todo tras ver los últimos resultados del partido naranja en otros territorios.

Aquí no hablamos ni de alcaldías ni de equipos de gobierno. Ese asunto sería más complejo para lo que pretendo exponer. En lo sustancial y teniendo un país tan envejecido, el poder municipal, los concejales de los 729 municipios aragoneses, responden a una composición altamente conservadora. Y eso que no entramos en la amalgama de coaliciones independientes y locales que salpican un número importante de nuestros pueblos -otro efecto más del “no nos representan”-. Algunos llegamos a soñar con una red de complicidades en el territorio, pero el proyecto ya duerme el sueño de los justos. Poco más.

¿Y la sociedad civil? ¿el pueblo? ¿qué opina de esto?

Lo rural ha muerto; ¡viva lo rural!

En pocas semanas hará un año que asistí a la presentación del libro de Victor Guiu, Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación (editado por Dobleuve Comunicación). Os dejo mi humilde y sencilla reseña.

El mismo prólogo del libro ya nos avisa de las intenciones del autor. Aunque lo escriba Ernesto Jartillo -sociólogo y librepensador, muy cercano a Víctor-. El éxodo rural lo explica todo y lo demás es relato, un imaginario popular que se ha re-creado desde la cultura urbana. Una idealización, como tantas otras de estas sociedades líquidas, que se nos escapan de las manos, en las que la post-verdad manda más que la reflexión reposada de los procesos en el espacio y en el tiempo.

El libro parte de varios pretextos irónicos. Víctor burla desde la primera página esa pretensión de buscar el “desarrollo holístico”, una quimera que va a ir machacando frase a frase. Ya saben los lugares comunes sobre lo rural y la despoblación: el desarrollo sostenible, las sinergias, la vertebración desde supuestos del mercado capitalista, etc. El pueblo como producto turístico, hecho para visitantes, propios y extraños. Lo del espacio vivido queda para poetas, locos y los sufridores cotidianos.

El autor relata a partir de las situaciones de los alumnos en la residencia de estudiantes en la que trabaja durante un curso escolar. Va desgranando una historia múltiple en función de las vidas personales de los protagonistas -Manuel, Fátima, Ainhoa, Santos, Ignacio, Nuria o Valeria-. Estos adolescentes se encuentran en la capital (de provincias) y su denominador común es variado: los problemas normales de su edad (móviles, amores, futuro, disfrute) y que todos vienen de la ruralidad. Son de pueblo.

Esos pueblos de verdad, donde se acaba la carretera. Conocemos muchos en Aragón. Víctor no concreta los lugares exactos, cierto es, que por su origen, alude al sur aragonés. Pero un lugar sin carretera de paso lo tenemos por la Celtiberia, Alto Aragón, la eterna frontera con el País Valenciano, en las Castillas. Pensemos en Aragón, con lógica, lugar de referencia del autor. Sitios a los que se “va de propio” y que son el paradigma del despoblamiento humano. Ahí están los mapicas para corroborarlo, como el 174, elaborado hace no mucho por la Red SSPA.

De los lugares comunes, uno sonríe al leer ideas y percepciones, ya sentidas en algún momento como la anécdota del pueblo al que le estaban arreglando la carretera (p. 31), pero que no la dejen perfecta sino la gente marchará. El hecho de que las autovías o la alta velocidad han provocado un efecto desestructurador, ya que los pueblos quedan apartados y aparcados. Y la gente migra más rápido. Por eso los cuadernos de quejas de algunas plataformas políticas podrían replantearse su reivindicación de megalómanos proyectos de comunicación. Pero esto es otra historia. Como el orgullo de volver al pueblo de fiestas -hace ya unos años que no lo hago, y la nostalgia me secuestra-, algo que permite ver el medio rural lleno, aunque cada vez cuesta más. Todo el libro está salpicado de estas cuestiones, que para la persona que haya vivido en la ruralidad se hacen rotundamente tangibles.

Como hemos dicho la ironía no cesa, ese es el estilo de este “bardo somarda bajoaragonés”. Pero es real, como ese apelativo a “los de mantenimiento”, los que se quedan en el pueblo durante el largo invierno, o entre semana. Ese “todos nos conocemos”, que de obvio nos puede explotar en la cabeza, que genera confort pero otras veces puede volverse contra nosotros y traer soledad.

Lo rural como marca. El desarrollismo de siempre. Y un relato que apela a una total fake new sobre el mundo rural, con el campo como si fuera un vacío que hay que llenar y rellenar de alternativas diseñadas por y para el mundo urbano. Víctor también habla y narra sobre los emprendedores, con un punto más pesimista que optimista, ya que la Arcadia feliz no existe. Nunca ha existido. Ni en lo rural ni en lo urbano. Miren las estadísticas.

Al final el título lo dice todo, muerto lo rural, sólo quedará una suerte de híbrido urbano-rural, con lo que el medio vuelve a reinventarse. A casi todo el mundo le gustan los pueblos pero muy pocos pueden darse gusto de vivir en el mismo. Todo en sí como paradoja, “no hay de nada” y la solución es buscar el macrocentro comercial más próximo. La pandemia nos ha dado de sopetón contra un sistema, que el autor denomina, acertadamente, “globalimbecilización”, sin hoja de ruta ni prioridades, un mundo lleno de caos, de ultraindividualismos.

Una mierda. Pero el libre merece la pena. Y mucho. Feliz 2021.

El aragonés y los sindicatos

Esta semana me llegó por varios sitios una noticia positiva para la lengua aragonesa, la firma de ocho convenios de colaboración con entidades sociales, sindicales y empresariales para promocionar las lenguas propias de Aragón.

Pasados los días y según valoraba esta iniciativa, de la DGA (vía Dirección General de Política Lingüística), entré en una profunda frustración, por los olvidos y la poca sensibilidad que se tiene hacia supuestos aliados estratégicos. Soy muy subjetivo cuando escribo este post -como con todos-, la objetividad no existe, ni siquiera en las ciencias. Llevo diez años afiliado a un sindicato (SOA) que desde su fundación ha hecho uso y ha promocionado nuestras lenguas propias, con una implicación de compromiso y país. En 2009 fue el promotor de la coordinadora Aragón Trilingüe, una iniciativa decisiva para que se aprobara la Ley de Lenguas. Hemos realizado talleres de aragonés, nos hemos ofrecido para seguir apoyando las ideas de la DGPL, como en “Agora x l’aragonés” -aunque no nos hicieran caso: “no era el momento”-. Y todo sin pedir nada a cambio, por defender lo legítimo.

Me dirán que lo importante es la representatividad, llegar a mucha gente y que estos convenios sirven para eso. Se trata de regalarle el aprobado a un alumno que no ha entregado ninguna tarea en todo el curso, que jamás estudia y que encima, inocentes de nosotras, aún pensamos que esto irá en provecho de un indeterminado beneficio social.

CHA, responsable de la DGPL, hace muchos años que no piensa en clave de movimiento, y eso significa gestos y actitudes. Las buenas palabras nos embelesan a todas. Espero no dudar de que UGT o CCOO, OSTA o STEA, comiencen a trabajar de verdad por el reconocimiento de los derechos culturales de todas las aragonesas. Unas más que otras. El tiempo juzgará. Pero excluir no creo que sea un camino acertado. Sobre todo, cuando el españolismo, ha adoptado la vía del victimismo hacia su lengua supremacista.

Alta tensión: la matraca final

El Gobierno de Aragón, abre el melón vacío de agosto, concediendo autorización administrativa al proyecto para repotenciar las líneas de alta tensión Foradada del Toscar-Escalona y Escalona-Escalona. La crisis del COVID-19 ha provocado que desde el Pignatelli se desempolven viejos fantasmas, que dormían el sueño de los justos, u otros en una huida hacia delante, ecocida e irresponsable con el futuro de todas (Castanesa, parques eólicos en el Matarranya, Mularroya).

La Unión Europea lleva tiempo trabajando la matraca de las autopistas eléctricas, justo en un momento en el que estas gigantescas infraestructuras sólo sirven para agravar el calentamiento global y la crisis económica neoliberal. En este caso la matraca es extender las líneas de Muy Alta Tensión.

Hace tres años de esta información.

En este caso volvemos con la machacona matraca de extender la red de líneas de Muy Alta Tensión -conocidas como MAT-, las cuales son el ejemplo perfecto de los intereses oscuros del oligopolio energético. Esto se traduce en crear un mercado único de energía que les permita especular en bolsa con los kilovatios.

En Aragón nos toca el premio gordo con estas líneas: la MAT Samianigo-Marsillon multiplicaría por 11 la capacidad de la línea entre Biescas y Pragneres, prolongándose hasta Magallón por Ejea. Hay otra MAT proyectada entre Peñalba e Isona, y se plantean repotenciar las 4 líneas transversales entre Samianigo y La Pobla de Segur. El Pirineo emparrillado, ni biodiversidad ni turismo ni reserva cultural. Pamplinas. No se podía saber. De repente, y ante el tsunami descendente de ingresos/beneficios que va a generar la pandemia del COVID-19, Lambán prepara el terreno con nocturnidad y alevosía. Territorio colonial, país vacío y vencido. Es lo que quieren y no descansan para ello.

Ya se paró en su día la Aragón-Cazaril y la Graus-Sallente. Se sigue luchando para frenar el despropósito de la autopista eléctrica Peñalba-Isona, de la que poco a poco van saliendo pequeñas inversiones que nos preparan para un futuro que ya está aquí. Muy terrible todo lo que escribamos sobre estos temas…

El desafío de ser autónomos

Un extraño julio, descorazonador porque el coronavirus sigue rebrotando, mientras los medios estatales se recrean con el “apocalipsis” aragonés, mostrando nombres, provincias, comarcas y localidades totalmente desubicadas. No sé si es ignorancia o desidia, pero está claro que la teoría de “Aragón, la última de las últimas en Spain”, es decir “no importamos a nadie”, se visualiza con estos temas. Se pueden hacer bromas o chistes. Pero ya es triste.

Mientras pasa todo esto, voy leyendo un libro que tenía pendiente hace tiempo. Del periodista Conrad Blásquiz, Aragón, de la ilusión a la decepción. ¿La autonomía en crisis?. Una crónica publicada en 2014, que rastrea en la historia de la Comunidad Autónoma de Aragón, desde 1982 hasta el gobierno de Luisa Fernanda Rudi. Un repaso rápido y sosegado a la historia de Aragón de las últimas décadas, en el que uno se da cuenta de la frustración colectiva que rodea al sueño olímpico autonómico. Y eso que el bueno de Conrad defiende con vehemencia la necesidad del autogobierno. A pesar de las circunstancias, y no es poco.

El pluralismo, la inestabilidad fruto de la ausencia de mayorías parlamentarias, el PSOE haciendo tapón, Juegos Olímpicos, Agapito y sus tejemanejes en Plaza y el Real Zaragoza, Cataluña, Pacto del Agua, la burbuja de la Expo, Gran Scala, el Rubbiatron, el Gomarcazo, la despoblación, las reformas del Estatuto, Giménez Abad… Muchas historias que contar.

El título de la obra lo dice todo. Y a pesar de que ya han pasado seis años de su publicación, parece un mundo, de hecho ahora hay 3 fuerzas políticas nuevas en el parlamento aragonés. Todas de obediencia estatal. Y alguna, con nostalgia autoritaria.

Hace no mucho escribía sobre el imaginario creado por el Aragón autonómico y la lectura de Blásquiz me reafirma. Los grandes temas en Aragón siguen sin resolverse. No somos rebeldes e importamos poco, por el tema de votos.

La gestión de una Comunidad Autónoma puede ser de mil colores, o de ninguno. Aquí entra en juego el Estado y sus transferencias infradotadas, su duplicidad administrativa, el no querer suprimir instituciones para no perder su legitimidad simbólica… la desconfianza. Sólo hay que ver cómo afronta cada ejecutivo autonómico la crisis del coronavirus: confrontando con el Estado, con sumisión, engañando y recortando servicios, buscando alternativas lógicas…, aunque la mayoría han antepuesto los intereses económicos a las personas. Pero este es otro tema.

Ser autónomo es la facultad de una persona o colectivo de obrar y hacer, con independencia, según su criterio propio, más allá de la opinión o el deseo de otros. Autonomía debería tender a soberanía. Pero en esta España invertida y de palo corto, algunas prefieren seguir pensando que desde los Ministerios y Madrid se resolverán nuestros problemas.

¿313 años igual? Y los que nos quedan… ¿no Lambán?

El espejismo de la estación de Canfranc

Mucha foto y muchos sueños que parece que se cumplen para la recuperación definitiva de la estación de Canfranc. Si leemos el Heraldo o las informaciones que sacan desde la Consejería de Vertebración del Territorio de la DGA, la reapertura es inminente. ¿Pero qué reapertura? ¿será un espejismo más?

Comunicaciones, patrimonio, turismo, quizás especulación. Debemos escarbar un poco para darnos cuenta que el rigor hacia lo que fue el edificio se cae por su propio peso, esto lo viene denunciando APUDEPA con insistencia. Ahora viene de visita el ministro Ávalos a engrandecer el espejismo y las falsas promesas: “inversiones en Aragón, Madrid cumple, se reabrirá…”. La vieja política de siempre.

Veamos la letra pequeña:

Me preocupa la propuesta acordada entre PSOE y Unidas Podemos, en el acuerdo de gobierno estatal, respecto a infraestructuras de transporte, ya que consideran prioritario culminar los corredores atlántico y mediterráneo (medidas 8.1, dentro de “revertir la despoblación”). La conexión interterritorial ofende a países de frontera como el nuestro. Son décadas de ninguneo y las prioridades están claras hace tiempo: La Junquera e Irún.

Para las zonas de frontera centrales, más dudas que certezas. El estado lamentable de la Route Nationale 134, entre Pau y Somport. Camiones, transporte peligroso… 80 kilómetros de tortura. ¿Está más cerca Occitania? Ahora lo dudo y más con el tema de la crisis del Covid-19. Hay otras prioridades y al final Canfranc, su túnel, el tren, quedarán sepultados. La hemeroteca es jodidamente objetiva. Y la partida de tenis, eterna. Ni La República en Marcha de Macron, ni el PSF, ni el PSOE, ni el PP… ni los subalternos de la foto en redes y el hashtag fácil.

Luego, a llorar por la despoblación…, en realidad, ¡a ploriconiar, a la vía fantasma!

Hipólito y el qué dirán. Aragonesismo de confinamiento.

Artículo publicado en ARAINFO y LAGOR.

Hipólito Gómez de las Roces nunca se ha cansado de escribir sobre la necesaria unidad electoral del aragonesismo, entre CHA y PAR -cuando ambos tenían sobre un 20-25% de votos-, eso sí, con sus líneas rojas sobre el tema: sano regionalismo, la opción territorial es una ideología neutra, de centro. Su blablablá. También apuntó, que de lo contrario, ambos partidos pasarían a ser cadáveres sucursalistas del centralismo. Esto va de los años 2007, 2008… Y esa profecía al final se terminó cumpliendo una década después. En la doble tanda de las generales del año pasado, el PAR renunció a participar de la “fiesta de la democracia”, mientras CHA cooptaba con el entramado errejonista de Más País.

¿Qué opinará Hipólito, de Teruel Existe? Creo que no lo verá con malos ojos, a pesar de que su partido militante ha sido uno de los principales culpables de la situación de Teruel y comarcas del sur. También hay analistas optimistas, como Edu García, que interpretan una base progresista tanto en su electorado como en sus propuestas, apelando al sentido común -gramsciano- de la gente. ¿Es esto lo que buscábamos, no? Seguimos hablando de representantes en Madrid. El ir y venir de las organizaciones aragonesistas a lo largo de su historia puede tener un referente en lo que haga Teruel Existe; quizá el romper su virginidad política pueda ser beneficioso para construir el nuevo relato, que está muy alejado de los pensamientos de Hipólito.

¿Bandera de la España vaciada ¿del Aragón despoblado? ¿desmantelado? ¿colonizado? Dependerá más de lo que dure la legislatura, un asunto algo pragmático, pero que abre una ventana de oportunidad a esta agrupación electoral siempre y cuando se cumplan algunas de las promesas pactadas o reivindicadas. El resto, es territorio conocido. Ser la voz de “X”, ampliar sus posibilidades, el eje inclusión-exclusión o el doble regionalismo que postula (hacia Aragón y desde Teruel).

La idea de tener un representante en Madrid no es nueva. Aunque hay formas y formas, los casi 20.000 votos a Teruel Existe la convertían en la fuerza más votada en este territorio; en el 2000, Labordeta necesitó unos 65.000 votos (12,8%) para obtener su escaño por Zaragoza. El agarrarse al poder para que Aragón tenga un representante de sus intereses. El año 2008 fue el primero en que no hubo ningún parlamentario de un partido aragonés (de obediencia propia), desde 1977. Aquello era un aviso, y una década después se ha confirmado: el aragonesismo electoral está casi finiquitado con las formaciones políticas de siempre. Y tampoco nos hemos rasgado las vestiduras por ello.

El imaginario de estas formaciones gira alrededor de los temas de siempre. Repasemos y recordemos un poco. El Estatuto de Autonomía, un instrumento que da igual las competencias que tenga, si se recentraliza cada dos por tres. ¿Está obsoleta la reforma de 2007? Lo más importante estriba en que ha de cumplirse. ¿En cuántas ruedas de prensa Lambán no menciona la financiación? ¿Y el agua? El relato del pacto de los embalses, desarrollismo contra sostenibilidad, con la cabezonería en recrecer Yesa, entubar el Jalón para Mularroya o malvender la economía y el territorio en Biscarrués -mientras escribo esto, la justicia “tumba” este proyecto-. Un relato bien alimentado por el lobby agroalimentario de siempre, y que hace de palanca paradójica, cuando tenemos nuevas fuerzas en las cortes aragonesas que están a favor del trasvase del Ebro (Vox y Ciudadanos). Otro tema son las fronteras, somos país de acogida y de línea divisoria con el Estado francés, pero siempre estamos dando vueltas a lo mismo (el Canfranc, los gobiernos centrales y sus ninguneos) y encima con un anticatalanismo que lo estropea todo, ¿os acordáis de la Eurorregión? Y por supuesto, las infraestructuras internas, sin conexión de cercanías, con unos trenes “regionales” dignos de una mala película sobre el imperialismo británico, con la mentira del AVE y muchas carreteras estatales sin desdoblar. El paro y la precariedad no sólo forman parte del imaginario actual, siempre han estado ahí, con una Unión Europea austericida, que condiciona el autogobierno y sin un Marco Aragonés de Relaciones Laborales que nos permita decidir lo que queremos hacer en cuestiones de convenios y sectores productivos. En este breve repaso, queda el pactismo, esas sagradas coaliciones que cada vez se parecen más a extrañas nebulosas, transversales, en las que el PSOE se mueve de lujo. La foto del último gobierno autonómico lo dice todo. “Paremos a la ultraderecha”, y se acabó el relato.

Con este panorama político, no nos puede extrañar que entre un 60-70% de los aragoneses se sientan tan españoles como aragoneses. Esta identidad dual, neutra, carece de conflictividad a nivel territorial. Ha ido fluctuando con el tiempo, pero parece reforzarse en los últimos años. Si vivimos en un Estado como el español, en una sociedad capitalista y consumista que no nos trata como seres autónomos a nivel colectivo, estamos siendo colonizados y esto es duro, jodido de admitir, en el Primer Mundo. Pero es así. Es lo que el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, llama la zona del ser y la zona del no ser, que se aplica para los denominados estudios decoloniales, centrados en criticar la colonialidad del poder y del saber anglosajón sobre Latinoamérica, África o cualquier espacio racializado. El ser te define y redefine, te clasifica y te sitúa en la línea de lo normal (España, Régimen del 78, descentralización autonómica, pactismo socio-económico), a partir de ahí jerarquiza la zona del no ser, en la que sitúa a las identidades aragonesas, no hay dualidad posible en este marco, ya que el ser significa aceptar el imaginario aragonesista de siempre, y el no ser te catapulta a la difamación pública y constante. Heraldo de Aragón ejerce perfectamente de juez y parte respecto a esta cuestión. Desgraciadamente, casi todo el aragonesismo ha jugado en el terreno del ser, sólo así se entienden las declaraciones -algo frecuentes- que realizaba José Antonio Labordeta respecto a la independencia de Aragón: “los aragoneses éramos un poco brutos, pero no tontos. Espero que ahora no nos estemos volviendo tontos” (El Periódico de Aragón, 7 de agosto de 2005). Pero esto no va de ser independentista o no, más bien de comprender que el Ser en España lleva un camino que no nos permite Ser (existir) como pueblo autónomo. Es una estrategia fallida, un imposible para el imaginario aragonesista.

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Casco antiguo de Calatayub, el ejemplo perfecto del Ser colonial normativo

Ellos tienen su verdad absoluta (el ser) y a partir de esta idea clasifican todo lo demás en términos de inferioridad y subordinación (el no-ser), lean este artículo sobre la irrupción de Teruel Existe en el Congreso. El ser (español) en su quintaesencia. Y es sólo una pequeña muestra. Ellos, el nacionalismo español, dominan la idea de civilización (supuesta, claro), con lo que esa identidad dual es una trampa, un aviso para navegantes sobre las líneas rojas que nunca hay que atravesar. Incluso para los situados en la zona del no-ser, como Puyalón de Cuchas, este marco de construcción de relato se hace duro, y ante una situación de crisis o desmovilización, se opta por un pragmatismo pedagógico que dadas las capacidades, también produce frustración. Tampoco se trata de tirar del manual antiespañolista. Se trata de construir otro imaginario, que no va de tener representantes en Madrid ni de dar vueltas a los temas de siempre.

“El qué dirán” era la frase más repetida por las feministas que lucharon a caballo del XIX y XX, ni María Domínguez ni Teresa Claramunt, tuvieron miedo en subir al estrado para decir las verdades que defendían, rompieron la zona de confort para denunciar la discriminación patriarcal sobre las mujeres. Ni Hipólito ni el PAR ni la CHA buscan construir otro imaginario. Excusas no faltarán nunca. Y autocomplacencia tampoco.

Aragón ha fallecido de éxito. Ese es el relato que nos transmiten, el del Ser. Aragón en España. Y se acabó. La Ronda de Boltaña ya cantaba allá por el 2001, en su Manifiesto de Invierno, la apelación a “¡Siete llaves al sepulcro de Costa!”. En clave identitaria nos ha matado el que dirán…, las consecuencias las tenemos en esa falta de todo para ser una colectividad consciente. Podemos quemar nuestras naves y huir de las posiciones de siempre, ¿es esa nuestra tarea? Creo que no. Lo inteligente sería reconstruir desde un nuevo marco, entendiendo que no es el que hemos sustentado hasta ahora. Por miedo y comodidad, la conciencia nacional aragonesa ha dejado de latir a las velocidades del pasado.

Fijáos en esta opinión de hace casi un siglo: “he pasado por todos los movimientos aragonesistas, pero afirmo que el movimiento para triunfar, tiene que salir de los pueblos y no de las capitales” (“Los precursores del aragonesismo (1978)”en Eloy Fernández Clemente (2014), Ante Cataluña), esta afirmación es de Gaspar Torrente, una figura histórica del soberanismo aragonés en clave de clase y por compromiso internacionalista. Ha pasado mucho tiempo de esa frase, el tiempo largo en historia, pero parece que vuelve con intensidad, como un guiño para este nuevo relato del que obviamente, sólo apunto reflexiones. Esto es una tarea de todas.

¿Ha de centrarse el movimiento soberanista en lo rural? ¿o llegamos tarde en esta estrategia? ¿desde dónde construimos el nuevo relato? El Ser que nos han impuesto ya vemos para qué sirve, una estrategia de dominación, en lo simbólico y en lo material, que mientras no rompamos a todos los niveles, seguirá imponiéndose sobre nuestras vidas. Defender las soberanías, que son variadas y se comunican unas con otras, apelar a la autogestión ya que no nos van a regalar nada, fracturar su relato, en el que yace secuestrado el aragonesismo clásico, de sillón y consejería. ¿Dónde se habla de la clase trabajadora? Claro, luego nos pasará como a los italianos…

Es duro aceptar que sólo con nuestra actitud se puede romper este relato. La militancia es uno de los saberes críticos que debemos aprender y reaprender. Y el reconocer a otras, como agentes afines, en igualdad de condiciones, aunque hayamos estado mucho tiempo obviando su trabajo. Y en tantas cosas, que nos debilitan por egos e historias del pasado. Estamos a tiempo de rehacer todo.

Tunelando y destrozando el país

Ayer fue el Día de la Tierra, y hoy es Sant Chorche, Día nacional de Aragón. Tierra, paisaje, identidad, pueblo. Por eso en un día tan especial, desde este blog mostramos nuestro firme apoyo a las compañeras de Jalón Vivo, que han iniciado una campaña de denuncia contra la tuneladora del Jalón, casi catorce kilómetros de injusticia medioambiental, para beneficiar a unos pocos.

El destrozo patrimonial del entorno de Mularroya ya lo visitamos en su momento. La obra ha continuado, faráonica se ve desde la autovía a Madrid. Harán un trasvase y joderán un paisaje único, las hoces del Jalón. La rentabilidad de este proyecto ya la veremos, pero una vez más, aparece el desarollismo incompetente de la DGA, la CHE y los oligopolios de siempre. en un momento de emergencia social, dilapidan el dinero de todas. Y la Tierra llora, también en su emergencia, ya que la huella hídrica es una de esas pesadas losas que nos aplastará para siempre.

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Foto de @coagret

 

Una década de días nacionales

Al inicio de esta década que ya agoniza, las movilizaciones en torno al denominado “20 d’aviento” eran otra cosa. Había alegría e ilusión. Belloch nos había colocado un gigantesco banderón español en la zaragozana plaza de Aragón. La coordinadora Espanyola, Au d’astí! consiguió buenas cifras de asistencia. Y la bandera se retiró de este espacio tan simbólico.

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Ayer acudí, como casi siempre, a la manifestación convocada por diferentes organizaciones, impulsada sobre todo gracias a Rasmia. Prácticamente era un acto de resistencia y dignidad. Reivindicar que somos pueblo, y también una nación, a pesar de lo que diga el Tribunal Constitucional. A pesar de la evidente falta de unidad ante una fecha tan señalada, el 20 de diciembre de 1591. Día del Justicia, de los derechos y libertades, de la lucha aragonesa. Un Día de Reivindicación Nacional.

Muy poca gente, los fieles y poco más. ¿Qué ha ocurrido para que en una década la gente se quede en casa en una fecha tan especial para el movimiento soberanista? Ojalá tuviera las respuestas. Hastío, cansancio, brechas personales y colectivas, estrategias mal planteadas. Un poco de todo. Cuando resistir no es vencer, cuando la gente joven desaparece de las movilizaciones, cuando otros miran para otro lado…, toca reflexionar y mucho. De esta forma, vamos camino de la nada.

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