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La chimenea de la central de Andorra

No es un post casual. Escribimos sobre el futuro de la icónica chimenea de la central de Andorra:

Con una altura de 343 metros, su función básica era facilitar el tiro de combustión de las calderas y reducir el impacto ambiental de los humos, ya que diluía los gases a gran altura. La descripción de la central la tenéis en el SIPCA. Salen hasta las torres de refrigeración, las que detonaron el pasado 13 de mayo.

La chimenea es la segunda estructura de hormigón más alta de todo el Estado. Y su impacto visual es contundente, masivo, desde hace cuatro décadas sobre todo el Bajo Aragón Histórico. La central se cerró en 2020 y su desmantelamiento avanza inexorable.

El artista aragonés Miguel Ángel Arrudi ha propuesto que la chimenea se reconvierta en una especie de teleférico panorámico, que ofrecería unas impresionantes vistas de todo el Bajo Aragón. El proyecto se llama «Cautivos del olvido» y plantea unos colores muy llamativos para resignificar el espacio. Del revuelo creado y las propuestas, os paso este artículo de Isabel Traver en elDiario.es.

Una buena amiga, criada y con muchos vínculos en Andorra, me contaba la frustración de todo lo relacionado con la demolición de la central. Algo que inicialmente no importó mucho a la sociedad andorrana, pero que conforme pasaba el tiempo ha generado algún que otro lloro. Sus amigas de la cuadrilla justificaban su desaparición, «creará empleo el hecho de demolerlas», un blablabla perfecto que nos sitúa en la máxima de siempre: This is Aragón.

Los posicionamientos a favor de conservar la torre son variados, desde la Plataforma en Defensa de la Central Térmica hasta Teruel Existe, pasando por Rolde de Estudios Aragoneses o Apudepa. El patrimonio industrial no interesa a la Dirección General de Patrimonio Cultural, como tantas cosas. La heteronormatividad manda. Diría que en Aragón es el gran olvidado a nivel de protección (Averly nos duele a todas).

Así son las cosas y así las escribo. Con unas categorías tan amplias para catalogar nuestro patrimonio cultural, sorprende la desidia, ya que no solo hay que proteger por motivos estéticos o históricos, basta viajar por Europa para darse cuenta de esto. Tenemos que contar a las próximas generaciones la historia del carbón y de la minería en Aragón, que quizás se pueda visitar otro icono como la entrañable térmica de Aliaga. Que el paisaje de Andorra viene reconfigurado por ese gigante. Que una transición justa va más allá de lo económico… Tantas cosas, que al final no tendremos nada que contar. Sólo fotos y videos rancios.

Ante las imposibilidades… optimismo y Aragón deconstruido

“Tombar el mur, obrir la gàbia…” (letra de la canción Corbelles, de Zoo)

El compañero y amigo Guillén González publicó hace ya unos días un artículo en el que respondía al análisis que realicé sobre la ponencia de Purna relativa a la cuestión nacional -el cual podéis consultar en Lagor, AraInfo y también en mi blog personal-. Se agradece el esfuerzo por desarrollar y aclarar los argumentos o tesis que plantea Purna en su VIII Asamblea Nacional. Creo que merece la pena realizar una réplica rápida y de urgencia, sobre la contestación de Guillén, y de esta forma cierro debate sobre el tema. Aunque está claro que volveremos en un tiempo, con más sosiego, o cuando el propio Guillén desarrolle su prometido artículo sobre el concepto de soberanía.

El artículo de Guillén se organiza en torno a unos temas clave para el análisis de Purna, desde las condiciones objetivas del contexto actual -a nivel social y político- hasta el aragonesismo -y sus imposibilidades o potencialidades-, pasando por cuestiones como la estrategia socialdemócrata o la polémica unidad estratégica actual de las luchas. Contesto con un listado de aclaraciones para fijar postura sobre alguno de los temas que aborda.

Primero. Encuadrar la correlación de fuerzas y el estado del conflicto nacional en Aragón lleva a renuncias y Purna es la última organización que conozco, que lo ha hecho. Reitero que esto no va de etiquetas o “Yo soy indepe” y “tú no”, que es algo muy manido en algunos entornos. Nuestra realidad es de colonialidad, se perciba como tal o no -el hecho de estar en el Primer Mundo capitalista determina esta segunda opción-, y esto permite condiciones revolucionarias con una adecuada estrategia.

Segundo. Delinear el “voluntarismo” de la identidad nacional es simplemente equivocado en un sentido estricto. Y el análisis científico lo demuestra día sí y día también. Podemos debatir sobre infinitas cuestiones materiales y simbólicas de la construcción sociocultural de las colectividades, pero todo es cambiante aunque nuestro presentismo no nos permita percibirlo como tal. Hay una hegemonía españolista que tiene flujos de todo tipo e interacciona con el resto de identidades. 

Tercero. Idealizar se puede interpretar como mirar al pasado. Nadie construye algo nuevo de la nada, tres décadas de movimiento juvenil vía Chobenalla-Purna no son coincidencia objetiva, sino consecuencia de un relato colectivo en clave de movimiento, muy heterodoxo y con divergencias, pero una colectividad que apela a determinados ejes y luchas. Aquí encajan las decisiones que se toman y ya escribí que, lógicamente, cada organización autodetermina su futuro.     

Cuarto. Somos periferia, como otras naciones, pueblos, regiones o zonas del mundo. Eso no es imaginado; es consecuencia del poder de la burguesía, sea local, estatal o transnacional. Cada uno tiene su forma de construir la realidad. Guillén alude a una dinámica colonial entre Zaragoza y el resto de Aragón. ¿Causa o consecuencia de la nacionalización española?

Quinto. Está claro que en Aragón no existe un partido-movimiento que pueda superar la dominación ideológica en clave nacional. No lo fue CHA en su momento, en el espectro aragonesista y autonomista, y tampoco lo ha sido Podemos con su amalgama de confluencias. Ni siquiera Puyalón de Cuchas, que se quedó sin motor en momentos clave, aparte de otras cuestiones. “Sin burguesía nacional no hay nación subjetiva”, sostiene Guillén, lo mismo podríamos decir respecto al proletariado: sin una clase para sí no hay condiciones objetivas de nada. Parece más cercana una cosa que la otra, pero al final ya vemos lo que está ocurriendo en Europa, el ejemplo cercano de Italia no augura nada positivo en la recomposición de la clase trabajadora como sujeto político.

Sexto. Purna no abandona la causa nacional aragonesa, pero abraza el objetivo de un Aragón obrero que peca de fetichista, ya lo comenté en el primer artículo, “si la manta no tapa lo suficiente” siempre se descuida un flanco. La búsqueda de una alianza internacionalista idealizada es loable pero sin olvidar que la clave es la interseccionalidad de las luchas a todos los niveles y en todos los frentes. Vanguardia y organización de masas. En Aragón siempre ha costado construir ambos elementos. Las imposibilidades podrían encajar con esta idea. En clave interna, el proceso Airaz pudo haber sido pero…   

Séptimo. Los puentes y alianzas para el aragonesismo han de construirse, ya que es una causa directa de su debilidad actual. En esta parte del artículo de Guillén, coincido en gran medida, y es una de las razones que me ocupa y preocupa como sujeto político. Los elementos reaccionarios del aragonesismo plantean dudas y límites importantes, un nacionalismo a medio hacer que se vio de forma palpable durante el 1 de octubre catalán. El soberanismo progresista ha ido en otra línea, pero siendo minoría de minorías y la frustración llega sola. Esto no sólo afecta a la generación de Purna, es un debate de mayor calado, y que tampoco vamos a desarrollar en esta rápida réplica.

Por otro lado también es interesante abordar algunas cuestiones que salen en las otras dos ponencias de Purna, las que plantean consideraciones en torno a la coyuntura presente y la referente a estrategia. Se reflexiona sobre temas como la necesidad del partido, o las condiciones que se tienen que dar, lo cual no pasa por una fundación simbólica de nombre o siglas, o por centrar su estrategia en la práctica socialdemócrata. Esperemos sentadas, ya que construir un partido revolucionario en Aragón no es prioritario (sic), con lo que las demandas profundas y compartidas de la clase obrera del país se quedan en un limbo inmediato, ya que todo lo territorial está lleno de prejuicios y lo que se ofrece viene bien marcado por el identitarismo y el guetismo. Estos son algunas claves relacionadas con todo lo anterior.

Ya expuse como conclusión a mi artículo que los hechos y los valores no son separables, tal y como argumenta la dialéctica marxista. Y el componente emocional tampoco se puede separar de ningún proceso de cambio, revolucionario o no.

La proletarización del presente y el borrado progresivo del Estado del Bienestar nos lleva a un escenario de coerción y represión para asegurar el dominio del capital. En relación con este contexto, Xavier Calafat y Albert Portillo exponen un desarrollo crítico a nivel de organizaciones en todo el Estado español, sobre escisiones y rupturas estratégicas en el seno de la izquierda, con una marcada ortodoxia marxista-leninista. Ahí están los casos de Arran o Gazte Koordinadora Sozialista, entre otros, con los ejes reforma-revolución, priorizar la lucha de clases frente a otras luchas sectoriales -que serían todas las demás-. No hay una batalla cultural en la izquierda pero el fin de ciclo del 15M pesa y mucho.

Estoy totalmente de acuerdo en que la desaparición de la dominación burguesa es la clave para la emancipación social y para transformar la identidad nacional. No añadimos ningún ingrediente nuevo. Sólo queda tener voluntad organizada, optimismo y empezar a deconstruir Aragón.

Las dos Zaragozas

Existen dos Pamplonas, o eso dicen. Pamplona e Iruña. La españolista y beata, la vasca y rebelde. Por Zaragoza podría pasar algo parecido. Veamos dos ejemplos en apenas unas semanas.

Hace unos días se organizó la Bajada del Canal, acto popular y reivindicativo, con una larga historia, y que volvía tras dos años de restricciones pandémicas. 40 años para reclamar una mejora del entorno y un plan de barrio, de ciudad, para hacer navegable este símbolo de las Zaragozas. La Zaragoza real, bien representada por la vecinal de Torrero y La Paz, por el Kike Mur, el republicanismo independiente, la memoria y el compromiso. El No Pasarán.

La Zaragoza rancia y antiaragonesa se ha expresado de muchas formas a lo largo de su historia. Hace unas semanas, nos llegaba la noticia de que la programación oficial de las fiestas del Pilar excluía los tradicionales conciertos de folk de la plaza San Bruno. Sin grandes argumentos, sospechamos que Vox habrá presionado igual que lo hizo con la portada de O Zaguer Chilo, de Nogará -creada por la ilustradora feminista Eva Cortés-. Azcón, poder por poder, o en el fondo, oscuro deseo. No hay nada más cateto que excluir música y cultura, que también gusta a algunos de sus votantes. El tema se hizo viral…

Pero la Zaragoza popular y alternativa siempre vuelve. Así que este año habrá mucho folk, no desde el ayuntamiento pero sí desde lo colectivo y con iniciativas variadas. Disfruten las fiestas. Ya habrá tiempo de amargarse.

Lo siento, pero no es así…

Toca verano, tórrido y con ganas de desconectar, aún con todo, tenía pendiente alguna lectura de textos muy relacionada con las premisas básicas del blog, el pensamiento anticolonial. Toca volver a estos temas y debates que se circunscriben a lo de siempre, el difícil equilibrio entre la lucha nacional y la social. La crisis del independentismo aragonés es profunda, con unos espacios políticos en clara regresión y sin unidad de acción más allá de la idea de defender el soberanismo progresista aragonés. La quimera del Bloque Independentista de Cuchas duró un tiempo y se disolvió como un azucarillo. Purna formó parte de esta coordinadora y ahora desgrana un alejamiento del independentismo como vía útil para la emancipación del pueblo aragonés. Justo en un momento crítico, por el atosigamiento de la extrema derecha a todo lo que ellos imponen como normal, el españolismo rancio de toda la vida.

¿Qué es Purna? Parece obvio explicarlo pero por contextualizar, nos podemos fijar en la definición que realiza su propia militancia: organización juvenil comunista de Aragón (https://purna.info/purna), que apuesta por la construcción del socialismo en las luchas en las que la clase trabajadora toma partido. Esta sería la foto fija de su última asamblea nacional (febrero de 2022), pero Purna viene de la fusión de varias organizaciones juveniles de la izquierda indepe, allá por 2010, entre ellas la histórica Chobenalla Aragonesista. Su legado le permitió crecer como un frente de lucha juvenil, con una clara apuesta por el feminismo y los derechos LGTB, sin renunciar a la construcción nacional por la vía de la autodeterminación. 

Esto de lo que escribimos no viene de ahora. Los avisos y debates estaban encima de la mesa hace bastante tiempo. Y llevamos un 2022 con escenarios similares en otros movimientos soberanistas, con una impugnación generacional, que en parte, no en el todo, recoge algunas de las cuestiones que abordamos. 

Una de las ponencias aprobadas por Purna se titula Sobre la cuestión nacional, en ella se desarrollan a lo largo de 17 páginas, una serie de posiciones e ideas sobre Aragón y el Estado español. En la propia introducción ya se asume que la evolución de la organización había desdibujado algunas cuestiones terminológicas, algo lógico y normal, ya que nada es eterno. Se alude a términos como independentismo, aragonesismo revolucionario o soberanismo. Se justifica que la propia militancia ha superado las posiciones oficiales, las que crearon Purna en su momento, y a partir de aquí viene lo grueso de lo que vamos a comentar.

Se plantea una primera parte en la que se categoriza el concepto de nación, muy relacionado con el siglo XIX y el desarrollo del sistema capitalista y la instrumentalización que se hace de la patria al servicio de la burguesía. La nación como producto histórico de esta clase para someter a las clases subalternas y populares, obviando que hay lealtades territoriales anteriores a este momento, que no terminarían de encajar en el análisis científico que se postula. En todo caso, los problemas no vienen por aquí…

Para Purna, la cuestión aragonesa se organiza en un discurrir entre lo regional y lo nacional, ya que bajo la estricta teoría marxista-leninista, Aragón cumple las condiciones para ser una nación (p. 5). A partir de aquí, el escaso desarrollo de una burguesía propia hizo el resto, dejando al nacionalismo aragonés muy lejos de ser hegemónico -comparado con Euskal Herria o Catalunya-. No todo es fijarse en la burguesía, la ideología es una representación de la relación imaginaria de los individuos con sus relaciones reales de existencia, con sus modos de producción (Althusser (1974), “Ideología y aparatos ideológicos del Estado”, Écrits). Y sí, Aragón es periferia de muchas cosas, pero sobre todo, del Estado español como centro político, económico o cultural. Lo imaginado es consecuencia de la realidad.

Que en Aragón no se hayan desarrollado las condiciones para que se generara un movimiento nacional de masas, no significa que Aragón como sujeto político haya perdido su proyección como nación (Pueblo en sentido estricto), ni en lo transversal ni en lo revolucionario. Esta es la clave de la ponencia de Purna (p. 7), una renuncia por frustración o imposibilidad (incapacidad) y un fijarse demasiado en la narrativa del XIX. Justo en un momento en el que se plantean desafíos sobre el territorio en la línea del colonialismo interno de siempre (macroplantas de energías renovables), reactualizando las viejas (pero nuevas) tesis de Robert Lafont (La révolution regionaliste, 1967; Décoloniser en France, 1971).

En otro apartado se plantea la construcción identitaria en Aragón y sus contradicciones, con un rápido repaso a los elementos que nos visualizan como pueblo o comunidad histórica, una construcción que se realiza entre la segunda mitad del XIX y principios del XX -como en el resto de naciones, regiones y Estados con pretensiones nacionalizadoras-. Nada que objetar, a pesar de que se obvia lo fundamental a la hora de analizar estas cuestiones, que la cultura no define los procesos de identificación/alterización, la identidad no depende del patrimonio cultural. Los modos en que se organiza la interacción entre grupos y colectivos, con sus agendas identitarias propias, son los que marcan los límites entre unos y otros. Por eso, no tiene mucho sentido abordar el concepto de “cultura aragonesa” en sentido estricto, el voluntarismo y la diferenciación se complican en la dialéctica española del siglo XIX con su relato de imposición reaccionario que tiene un triste colofón con el franquismo y los barros de la Transición. Todo esto viene a explicarse en esta parte de la ponencia, que deja a Aragón y los elementos de la aragonesidad en una posición de asimilación y aculturación. Nuestras lenguas como dialectos, nuestra historia como un apéndice de la construcción nacional española, nuestra cultura como baturrismo pilarista. El análisis es el adecuado, pero al final todo se reduce a qué el sentir mayoritario de la población aragonesa es dual, por lo que las aspiraciones históricas son meras idealizaciones (“fetichismos” en palabras de Purna) que han descuidado la lucha de clase del proletariado. La historia no es un mojón vacío y cuando se habla de precariedad, desarticulación territorial, emigración, represión o colonialismo energético, no cabe mitificar nada. ¿Reactualizamos a Marx?  Michel de Montaigne -filósofo con ascendencia calatayubí- nos describe que “no tenemos otra perspectiva… más que (…) los hábitos del país de dónde somos” (Ensayos, 1579). Esta frase no es cierta al 100% pero resume perfectamente la lógica del aragonesismo combativo que siempre hemos intentado construir.  

Todo esto desemboca en la tercera parte de la ponencia, “Internacionalismo proletario y estrategia socialista”, en la que se concreta el socialismo que interpreta Purna y su traducción a la realidad aragonesa. Aquí está el meollo de todo lo que estamos escribiendo, una “oposición frontal a toda forma de nacionalismo”, aunque defendiendo el derecho a la autodeterminación. Poca novedad ya que la diferencia entre los nacionalismos de “gran nación” y los de nación oprimida, da sentido a la propia existencia de la izquierda independentista en las últimas décadas. El horizonte socialista que reconfigura Purna pasaría por la autodeterminación del proletariado y ello implica “la destrucción de todas las estructuras opresivas que lo fraccionan, incluidas las nacionales”, con lo que se produce una divergencia o distorsión al imposibilitar o renunciar a la clave autodeterminística como nación oprimida. El fondo es bueno pero se obvia la interseccionalidad de las luchas, la historia no es lineal, y parece que Purna se conforma con un Aragón obrero aliado de una internacional universal, que dista y mucho de ser una realidad a día de hoy. Los fetichismos invaden todo. Hace un siglo tal vez sí, ahora solo falta observar el hiperindividualismo, el desclasamiento de la gente, el seguimiento de las huelgas, la falta de solidaridad con la unidad obrera… Por eso, las vías efectivas son todas irreales en el escenario actual, y nunca se ha entendido una táctica independentista en abstracto (p. 14), de hecho en Aragón la vía ha sido mayoritariamente republicana, socialista y popular.

Ahora bien, cada una elige sus caminos libremente, en este caso la unidad de acción a nivel estatal, para reorganizar al proletariado, aunque esto pudiera reforzar las estructuras estato-nacionales ya creadas. Mientras que desde otras organizaciones del soberanismo aragonés, caso de Puyalón de Cuchas, se busca esta reorganización o movilización de la clase trabajadora, desde un marco nacional aragonés, siempre solidario con otras realidades. Todas las organizaciones deberían ser herramientas, otra obviedad más, ya que los tiempos y las personas cambian, y en ese contexto poco más podemos aportar. El tiempo nos dirá.  

Sin emoción no hay lucha y la identidad -la nacional y todas- requiere de las emociones para su cognición social, reconocimiento y ampliación. En las conclusiones (pp. 16-17), Purna marca su prioridad, que debería ser la de todas: construir un movimiento obrero en el territorio aragonés, pero ratificando su ruptura con el nacionalismo (aragonés). Se reconocen como parte de esta tradición política pero dan el paso hacia un comunismo cuya lógica territorial es otra, en este caso la española (marco estatal), en un análisis de sumar más para la causa. ¿Comodidad? ¿Universalismo de Estado? Muchas dudas…

El método dialéctico de Marx nos plantea que los hechos y los valores no son separables, y que las causas y las consecuencias no son unidireccionales, por lo que al final, por mucho análisis que realicemos -esto sirve para todas las luchas-, nada es inevitable, ya que hay una constante acción y reacción en el devenir histórico de la lucha de clases. Purna ha encontrado su síntesis, opino que equivocada, viniendo de unas coordenadas históricas concretas. Pero es mejor no jugar a ser Dios de nada.

Arde mi Celtiberia

Nunca piensas que va a ocurrir algo así. Recuerdo, de joven, un incendio en los montes de Castejón de las Armas. Las llamas impresionaban, era de noche, pero se controló enseguida. Algunos conocidos ya lo habían sufrido sobre su paisaje, el incendio de Majalinos en 2009 o el más lejano de Sarsamarcuello en 2001. La tarde-noche del martes 19 de julio fue terrible, un fuego descontrolado que iba subiendo de Bubierca hacia Monte Nuevo, con un viento que ayudaría a generar varios frentes. Cuando vi la imagen del fuego entrando en Moros, mi corazón empezó a latir de una forma diferente, desgarradora.

En un momento de paranoia y rumores colectivos, la pesadilla de un fuego arrasando todo me devoraba. Pensé que llegaría a la Bigornia, entraría en Armantes, asaltaría todo mi pequeño país. Las evacuaciones, los vídeos, esas imágenes de Ateca como si estuviera llegando el día del Juicio Final. No daba crédito.

El balance es desolador, no voy a ponerme en plan estadista. 14.000 hectáreas, una gran parte del frágil monte de Ateca totalmente aniquilado. La Ascensión, Santiago, San Gregorio, el Val, el despoblado de Manubles, Fuente Oñate, la Torre de los Catalanes, La Mazmorra, Valdeza, Las Cárcamas, Alcocer… Mis recuerdos de infancia, mis paseos, todo lo que soñé y disfruté en un momento de mi vida. No se trata de un espacio protegido ni jamás será reserva de la biosfera, pero el paisaje es un sentimiento y medioambientalmente una necesidad para la gente de la redolada.

Y no he escrito nada sobre las causas, que no son naturales. Así que el duelo se convierte en rabia. Habrá que depurar responsabilidades, la dimensión de lo ocurrido es terrible. Mi Celtiberia ardió, todas hemos perdido un poco en todo esto. ¿Aprenderemos la lección? Lo dudo.

Maorís, Aragón y gente que inspira

Lorient (@desiertodesara) es una de esas personas que me inspira, para bien o para mal. Casi siempre siempre en lo primero. Una obviedad. De lo contrario es probable que no perdiera el tiempo en estas breves líneas. Nos conocemos desde hace ya unos cuantos años, ahora no recuerdo el momento exacto. Si no me falla la memoria allá por 2004, más jóvenes y lozanos, y han pasado muchas cosas desde entonces. Personalmente, un referente, del que aprender, con ideas y lecturas, consejos y asuntos varios. Por eso le dedico este post, para que cunda el ejemplo y aprendáis de sus pasos.

Hace ya un tiempo me pasó un artículo de un tema que está investigando y el cual promete mucho. Este trabajo lo tenéis publicado en el boletín Imaginación o barbarie (de la Red Iberoamerica de Investigación en Imaginarios y Representaciones), en 2020.

Lorient escribe sobre los maorís y sus relaciones con la Corona británica, desde la ocupación de sus tierras hasta la actualidad, con una especial relevancia para el denominado Tratado de Waitangi (1840), en el que los colonos resignificaban jurídicamente todos los bienes comunes y recursos naturales de las tribus maorís. Estas relaciones entre neozelandeses y nativos han ido actualizándose con bastante creatividad, y aquí radica lo interesante de las tesis que expone Lorient: una soberanía compartida sobre recursos y territorio que restituye derechos históricos, más allá de la propia creación de Nueva Zelanda como Estado-nación. Hasta aquí os hago leer, por no hacer spoiler del malo. El enfoque sociológico es bárbaro y debe relacionarse con la gestión y derechos de Aragón sobre sus propios recursos.

Este homenaje no es una anécdota, con el colapso del sistema capitalista, que provoca una política extractivista que lleva décadas ejecutándose y actualizándose: grandes pantanos, centrales hidroeléctricas, pistas de esquí, líneas de alta tensión, macrogranjas de todo tipo, gigantes éolicos… ¿Quién custodia el territorio? Lorient lo tiene en la cabeza.

Celtiberia, tan humanizada como salvaje

La generación Ixo Rai!

Hace ya unas semanas saltó la noticia de la vuelta de Ixo Rai! a los escenarios. En una fecha muy especial, 23 de abril, San Chorche. 20 años después de su última actuación. En carne mortal y de propio! Un único concierto que servirá de autohomenaje. Enseguida circuló el notición entre los diversos grupos de Whatsapp que comparto, al fin y al cabo pertenezco a esa generación que vivió la época de Ixo Rai! y todo lo que rodeaba a este mítico grupo. Todo el mundo a comprar entradas y a pensar en una fecha, que denota memoria, y también melancolía.

La clave común de una generación no es compartir el año de nacimiento, sino las implicaciones sociológicas de ese hecho tan al azar. Luego tenemos el componente económico, que diría Marx. Pero a nivel social, el conocimiento y la ideología se pueden legitimar generacionalmente. Estas ideas las saco de Karl Mannheim, quien teorizó sobre estas cuestiones hace casi un siglo. Un grupo concreto y momentos concretos. Eso representa Ixo Rai! y sus canciones.

Esto quiere decir que los miembros de cada generación comparten unas historias colectivas o experimentan unos eventos y vivencias, que los diferencian de otras generaciones. Para bien o para mal. Ixo Rai! representa para muchas ese momento, en torno a la lucha, la música y las fiestas de pueblo. Como en su momento le pasó a una generación anterior con los cantautores. Un aragonesismo primario e ilusionante, que a la generación del Baby Boom nos tocó vivir en una época fundamental en el desarrollo personal, de los 18-25 años.

Así funcionamos, como seres sociales y culturales.

Dedicado a la Generación Chobenalla…

Y como anécdota, os dejo este post del 2008, ¿pudo Ixo Rai! participar en Eurovisión?

¿El municipalismo es el verdadero poder?

Arturo Aliaga hizo unas declaraciones muy sorprendentes hace unos días. Este señor, que detenta la Consejería de Industria y la Vicepresidencia del actual Gobierno de Aragón (legislatura 2019-2023), amenazaba a los ayuntamientos que se opusieran a los proyectos de renovables, violentando la base de la democracia, la autonomía municipal. Aliaga es del PAR y está acostumbrado a hacer y deshacer. Pero con 3 diputados de 67 en el actual parlamento, es normal que se ponga nervioso y más para una persona que lleva de diputado la friolera de 14 años.

Tener el poder en Aragón es complejo en sí. Y algunos equilibran mejor que otros este reparto a varios niveles. He realizado un suma-resta comparativo entre 2011 y las últimas elecciones municipales -las de 2019-, para sacar algunas conclusiones respecto a este tema. Recordamos que la famosa «crisis de régimen» explotó hace una década, con las protestas del 15-M y el lema de «No nos representan». Pasaron muchas cosas, que no vamos a detallar. Me interesa destacar la irrupción de fuerzas emergentes (Podemos y sus confluencias) que podían volcar el poder político a todos los niveles. No fue así. Y parece que el sistema vuelve a su sitio inicial. Nombramos también el reforzamiento, tras 2011, de otros partidos que ya exístían, como Ciudadanos, y la extrema derecha vía Vox.

Esta es la comparativa de los 5 partidos parlamentarios aragoneses en 2011. ¿Quién detenta el verdadero poder municipal?

En esta foto fija de los cinco partidos con representación en el parlamento aragonés, llama la atención que el PSOE aguanta muy bien en esta década larga y convulsa, en la que han pasado tantas cosas a nivel político y social. 87 ediles más a día de hoy, sólo pierde unos pocos en Teruel. Los descalabros importantes vienen en el ala conservadora. El PP se deja casi 200 concejales, con pérdidas significativas en Uesca y Zaragoza. Mientras que el PAR se deshace como un azucarillo a nivel municipal, con menos de 300 concejales con respecto a 2011, ¿de aquí vendrá la rabieta autoritaria de Aliaga? CHA sujeta su poder pero a la baja e IU se despierta de un mal sueño tras sus alianzas confluyentes. El PSOE rampante, aguantó el sorpasso.

Y eso que en la foto de 2019, y por supuesto en la de 2015, ya tenemos a esos partidos «nuevos», que de una forma u otra, amenazaban al bipartidismo. Ciudadanos ostenta en todo el país unos 400 concejales, lo cual no es poco si observamos el volumen total del resto. Podemos, con sus alianzas variables, apenas alcanza los veinte ediles -con Equo o confluencias municipalistas de distinta composición-. Mientras que Vox detenta 22 concejales en estos momentos. Todo esto cambiará, sobre todo tras ver los últimos resultados del partido naranja en otros territorios.

Aquí no hablamos ni de alcaldías ni de equipos de gobierno. Ese asunto sería más complejo para lo que pretendo exponer. En lo sustancial y teniendo un país tan envejecido, el poder municipal, los concejales de los 729 municipios aragoneses, responden a una composición altamente conservadora. Y eso que no entramos en la amalgama de coaliciones independientes y locales que salpican un número importante de nuestros pueblos -otro efecto más del «no nos representan»-. Algunos llegamos a soñar con una red de complicidades en el territorio, pero el proyecto ya duerme el sueño de los justos. Poco más.

¿Y la sociedad civil? ¿el pueblo? ¿qué opina de esto?

Lo rural ha muerto; ¡viva lo rural!

En pocas semanas hará un año que asistí a la presentación del libro de Victor Guiu, Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación (editado por Dobleuve Comunicación). Os dejo mi humilde y sencilla reseña.

El mismo prólogo del libro ya nos avisa de las intenciones del autor. Aunque lo escriba Ernesto Jartillo -sociólogo y librepensador, muy cercano a Víctor-. El éxodo rural lo explica todo y lo demás es relato, un imaginario popular que se ha re-creado desde la cultura urbana. Una idealización, como tantas otras de estas sociedades líquidas, que se nos escapan de las manos, en las que la post-verdad manda más que la reflexión reposada de los procesos en el espacio y en el tiempo.

El libro parte de varios pretextos irónicos. Víctor burla desde la primera página esa pretensión de buscar el «desarrollo holístico», una quimera que va a ir machacando frase a frase. Ya saben los lugares comunes sobre lo rural y la despoblación: el desarrollo sostenible, las sinergias, la vertebración desde supuestos del mercado capitalista, etc. El pueblo como producto turístico, hecho para visitantes, propios y extraños. Lo del espacio vivido queda para poetas, locos y los sufridores cotidianos.

El autor relata a partir de las situaciones de los alumnos en la residencia de estudiantes en la que trabaja durante un curso escolar. Va desgranando una historia múltiple en función de las vidas personales de los protagonistas -Manuel, Fátima, Ainhoa, Santos, Ignacio, Nuria o Valeria-. Estos adolescentes se encuentran en la capital (de provincias) y su denominador común es variado: los problemas normales de su edad (móviles, amores, futuro, disfrute) y que todos vienen de la ruralidad. Son de pueblo.

Esos pueblos de verdad, donde se acaba la carretera. Conocemos muchos en Aragón. Víctor no concreta los lugares exactos, cierto es, que por su origen, alude al sur aragonés. Pero un lugar sin carretera de paso lo tenemos por la Celtiberia, Alto Aragón, la eterna frontera con el País Valenciano, en las Castillas. Pensemos en Aragón, con lógica, lugar de referencia del autor. Sitios a los que se «va de propio» y que son el paradigma del despoblamiento humano. Ahí están los mapicas para corroborarlo, como el 174, elaborado hace no mucho por la Red SSPA.

De los lugares comunes, uno sonríe al leer ideas y percepciones, ya sentidas en algún momento como la anécdota del pueblo al que le estaban arreglando la carretera (p. 31), pero que no la dejen perfecta sino la gente marchará. El hecho de que las autovías o la alta velocidad han provocado un efecto desestructurador, ya que los pueblos quedan apartados y aparcados. Y la gente migra más rápido. Por eso los cuadernos de quejas de algunas plataformas políticas podrían replantearse su reivindicación de megalómanos proyectos de comunicación. Pero esto es otra historia. Como el orgullo de volver al pueblo de fiestas -hace ya unos años que no lo hago, y la nostalgia me secuestra-, algo que permite ver el medio rural lleno, aunque cada vez cuesta más. Todo el libro está salpicado de estas cuestiones, que para la persona que haya vivido en la ruralidad se hacen rotundamente tangibles.

Como hemos dicho la ironía no cesa, ese es el estilo de este «bardo somarda bajoaragonés». Pero es real, como ese apelativo a «los de mantenimiento», los que se quedan en el pueblo durante el largo invierno, o entre semana. Ese «todos nos conocemos», que de obvio nos puede explotar en la cabeza, que genera confort pero otras veces puede volverse contra nosotros y traer soledad.

Lo rural como marca. El desarrollismo de siempre. Y un relato que apela a una total fake new sobre el mundo rural, con el campo como si fuera un vacío que hay que llenar y rellenar de alternativas diseñadas por y para el mundo urbano. Víctor también habla y narra sobre los emprendedores, con un punto más pesimista que optimista, ya que la Arcadia feliz no existe. Nunca ha existido. Ni en lo rural ni en lo urbano. Miren las estadísticas.

Al final el título lo dice todo, muerto lo rural, sólo quedará una suerte de híbrido urbano-rural, con lo que el medio vuelve a reinventarse. A casi todo el mundo le gustan los pueblos pero muy pocos pueden darse gusto de vivir en el mismo. Todo en sí como paradoja, «no hay de nada» y la solución es buscar el macrocentro comercial más próximo. La pandemia nos ha dado de sopetón contra un sistema, que el autor denomina, acertadamente, «globalimbecilización», sin hoja de ruta ni prioridades, un mundo lleno de caos, de ultraindividualismos.

Una mierda. Pero el libre merece la pena. Y mucho. Feliz 2021.

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