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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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Ayuso lee a Bourdieu

«Madrid no es ni Huesca ni Teruel, es mucho más». Esto dijo ayer mismo la presidente de la Comunidad de Madrid, cuando era entrevistada en una cadena estatal. No seamos torticeras con el lenguaje. Ayuso no apela ni a racialismos ni a superioridades morales de ningún tipo. Que salga Mayte Pérez -consejera de la Presidencia del Gobierno de Aragón- a exigir que pida perdón es puro teatrillo actual. Isabel Díaz Ayuso dice la verdad.

Ayuso conoce a Pierre Bourdieu. Directa o indirectamente. Todo está en su teoría, la violencia simbólica. Madrid es el centro del Estado español, el resto son periferias o territorios más o menos asimilados. Paso de argumentar desde los tiempos de la Nueva Planta. Madrid es simbólicamente, el nacionalismo español, centralista, y que de una forma o de otra, debe hacer lo que le de la gana -como no cerrar sus fronteras aunque todas las comunidades autónomas limítrofes lo hagan-. Elige época y te darás cuenta. El pueblo madrileño es otra cosa. Y la insolidaridad de las capitales de Estado es otra (Londres o París).

Las reacciones naturales de las aragonesas responden a esa lógica, dentro de un marco territorial, cuyo simbolismo (cuando deviene en violencia) alude a injusticias, agravios, olvidos e imposiciones. Madrid, como espacio construido y reforzado en su capitalidad, vive de España. Y las políticas neoliberales y neoconservadoras se agarran a esa práctica. Y esto ya supera a Bourdieu.

Las cosas claras. Somos colonizadas para disfrute de las clases dominantes, que agitan sus banderas en función de sus privilegios de clase. Ayuso dice la verdad, es sincera. El problema vendrá con esa «madrileñofobia» que está creando y que ella no sufrirá. Como las falsas banderas que llevaron al sufrimiento de muchos soldados en las trincheras de la I Guerra Mundial.

Hipólito y el qué dirán. Aragonesismo de confinamiento.

Artículo publicado en ARAINFO y LAGOR.

Hipólito Gómez de las Roces nunca se ha cansado de escribir sobre la necesaria unidad electoral del aragonesismo, entre CHA y PAR -cuando ambos tenían sobre un 20-25% de votos-, eso sí, con sus líneas rojas sobre el tema: sano regionalismo, la opción territorial es una ideología neutra, de centro. Su blablablá. También apuntó, que de lo contrario, ambos partidos pasarían a ser cadáveres sucursalistas del centralismo. Esto va de los años 2007, 2008… Y esa profecía al final se terminó cumpliendo una década después. En la doble tanda de las generales del año pasado, el PAR renunció a participar de la «fiesta de la democracia», mientras CHA cooptaba con el entramado errejonista de Más País.

¿Qué opinará Hipólito, de Teruel Existe? Creo que no lo verá con malos ojos, a pesar de que su partido militante ha sido uno de los principales culpables de la situación de Teruel y comarcas del sur. También hay analistas optimistas, como Edu García, que interpretan una base progresista tanto en su electorado como en sus propuestas, apelando al sentido común -gramsciano- de la gente. ¿Es esto lo que buscábamos, no? Seguimos hablando de representantes en Madrid. El ir y venir de las organizaciones aragonesistas a lo largo de su historia puede tener un referente en lo que haga Teruel Existe; quizá el romper su virginidad política pueda ser beneficioso para construir el nuevo relato, que está muy alejado de los pensamientos de Hipólito.

¿Bandera de la España vaciada ¿del Aragón despoblado? ¿desmantelado? ¿colonizado? Dependerá más de lo que dure la legislatura, un asunto algo pragmático, pero que abre una ventana de oportunidad a esta agrupación electoral siempre y cuando se cumplan algunas de las promesas pactadas o reivindicadas. El resto, es territorio conocido. Ser la voz de «X», ampliar sus posibilidades, el eje inclusión-exclusión o el doble regionalismo que postula (hacia Aragón y desde Teruel).

La idea de tener un representante en Madrid no es nueva. Aunque hay formas y formas, los casi 20.000 votos a Teruel Existe la convertían en la fuerza más votada en este territorio; en el 2000, Labordeta necesitó unos 65.000 votos (12,8%) para obtener su escaño por Zaragoza. El agarrarse al poder para que Aragón tenga un representante de sus intereses. El año 2008 fue el primero en que no hubo ningún parlamentario de un partido aragonés (de obediencia propia), desde 1977. Aquello era un aviso, y una década después se ha confirmado: el aragonesismo electoral está casi finiquitado con las formaciones políticas de siempre. Y tampoco nos hemos rasgado las vestiduras por ello.

El imaginario de estas formaciones gira alrededor de los temas de siempre. Repasemos y recordemos un poco. El Estatuto de Autonomía, un instrumento que da igual las competencias que tenga, si se recentraliza cada dos por tres. ¿Está obsoleta la reforma de 2007? Lo más importante estriba en que ha de cumplirse. ¿En cuántas ruedas de prensa Lambán no menciona la financiación? ¿Y el agua? El relato del pacto de los embalses, desarrollismo contra sostenibilidad, con la cabezonería en recrecer Yesa, entubar el Jalón para Mularroya o malvender la economía y el territorio en Biscarrués -mientras escribo esto, la justicia «tumba» este proyecto-. Un relato bien alimentado por el lobby agroalimentario de siempre, y que hace de palanca paradójica, cuando tenemos nuevas fuerzas en las cortes aragonesas que están a favor del trasvase del Ebro (Vox y Ciudadanos). Otro tema son las fronteras, somos país de acogida y de línea divisoria con el Estado francés, pero siempre estamos dando vueltas a lo mismo (el Canfranc, los gobiernos centrales y sus ninguneos) y encima con un anticatalanismo que lo estropea todo, ¿os acordáis de la Eurorregión? Y por supuesto, las infraestructuras internas, sin conexión de cercanías, con unos trenes «regionales» dignos de una mala película sobre el imperialismo británico, con la mentira del AVE y muchas carreteras estatales sin desdoblar. El paro y la precariedad no sólo forman parte del imaginario actual, siempre han estado ahí, con una Unión Europea austericida, que condiciona el autogobierno y sin un Marco Aragonés de Relaciones Laborales que nos permita decidir lo que queremos hacer en cuestiones de convenios y sectores productivos. En este breve repaso, queda el pactismo, esas sagradas coaliciones que cada vez se parecen más a extrañas nebulosas, transversales, en las que el PSOE se mueve de lujo. La foto del último gobierno autonómico lo dice todo. «Paremos a la ultraderecha», y se acabó el relato.

Con este panorama político, no nos puede extrañar que entre un 60-70% de los aragoneses se sientan tan españoles como aragoneses. Esta identidad dual, neutra, carece de conflictividad a nivel territorial. Ha ido fluctuando con el tiempo, pero parece reforzarse en los últimos años. Si vivimos en un Estado como el español, en una sociedad capitalista y consumista que no nos trata como seres autónomos a nivel colectivo, estamos siendo colonizados y esto es duro, jodido de admitir, en el Primer Mundo. Pero es así. Es lo que el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, llama la zona del ser y la zona del no ser, que se aplica para los denominados estudios decoloniales, centrados en criticar la colonialidad del poder y del saber anglosajón sobre Latinoamérica, África o cualquier espacio racializado. El ser te define y redefine, te clasifica y te sitúa en la línea de lo normal (España, Régimen del 78, descentralización autonómica, pactismo socio-económico), a partir de ahí jerarquiza la zona del no ser, en la que sitúa a las identidades aragonesas, no hay dualidad posible en este marco, ya que el ser significa aceptar el imaginario aragonesista de siempre, y el no ser te catapulta a la difamación pública y constante. Heraldo de Aragón ejerce perfectamente de juez y parte respecto a esta cuestión. Desgraciadamente, casi todo el aragonesismo ha jugado en el terreno del ser, sólo así se entienden las declaraciones -algo frecuentes- que realizaba José Antonio Labordeta respecto a la independencia de Aragón: «los aragoneses éramos un poco brutos, pero no tontos. Espero que ahora no nos estemos volviendo tontos» (El Periódico de Aragón, 7 de agosto de 2005). Pero esto no va de ser independentista o no, más bien de comprender que el Ser en España lleva un camino que no nos permite Ser (existir) como pueblo autónomo. Es una estrategia fallida, un imposible para el imaginario aragonesista.

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Casco antiguo de Calatayub, el ejemplo perfecto del Ser colonial normativo

Ellos tienen su verdad absoluta (el ser) y a partir de esta idea clasifican todo lo demás en términos de inferioridad y subordinación (el no-ser), lean este artículo sobre la irrupción de Teruel Existe en el Congreso. El ser (español) en su quintaesencia. Y es sólo una pequeña muestra. Ellos, el nacionalismo español, dominan la idea de civilización (supuesta, claro), con lo que esa identidad dual es una trampa, un aviso para navegantes sobre las líneas rojas que nunca hay que atravesar. Incluso para los situados en la zona del no-ser, como Puyalón de Cuchas, este marco de construcción de relato se hace duro, y ante una situación de crisis o desmovilización, se opta por un pragmatismo pedagógico que dadas las capacidades, también produce frustración. Tampoco se trata de tirar del manual antiespañolista. Se trata de construir otro imaginario, que no va de tener representantes en Madrid ni de dar vueltas a los temas de siempre.

«El qué dirán» era la frase más repetida por las feministas que lucharon a caballo del XIX y XX, ni María Domínguez ni Teresa Claramunt, tuvieron miedo en subir al estrado para decir las verdades que defendían, rompieron la zona de confort para denunciar la discriminación patriarcal sobre las mujeres. Ni Hipólito ni el PAR ni la CHA buscan construir otro imaginario. Excusas no faltarán nunca. Y autocomplacencia tampoco.

Aragón ha fallecido de éxito. Ese es el relato que nos transmiten, el del Ser. Aragón en España. Y se acabó. La Ronda de Boltaña ya cantaba allá por el 2001, en su Manifiesto de Invierno, la apelación a «¡Siete llaves al sepulcro de Costa!». En clave identitaria nos ha matado el que dirán…, las consecuencias las tenemos en esa falta de todo para ser una colectividad consciente. Podemos quemar nuestras naves y huir de las posiciones de siempre, ¿es esa nuestra tarea? Creo que no. Lo inteligente sería reconstruir desde un nuevo marco, entendiendo que no es el que hemos sustentado hasta ahora. Por miedo y comodidad, la conciencia nacional aragonesa ha dejado de latir a las velocidades del pasado.

Fijáos en esta opinión de hace casi un siglo: «he pasado por todos los movimientos aragonesistas, pero afirmo que el movimiento para triunfar, tiene que salir de los pueblos y no de las capitales» («Los precursores del aragonesismo (1978)»en Eloy Fernández Clemente (2014), Ante Cataluña), esta afirmación es de Gaspar Torrente, una figura histórica del soberanismo aragonés en clave de clase y por compromiso internacionalista. Ha pasado mucho tiempo de esa frase, el tiempo largo en historia, pero parece que vuelve con intensidad, como un guiño para este nuevo relato del que obviamente, sólo apunto reflexiones. Esto es una tarea de todas.

¿Ha de centrarse el movimiento soberanista en lo rural? ¿o llegamos tarde en esta estrategia? ¿desde dónde construimos el nuevo relato? El Ser que nos han impuesto ya vemos para qué sirve, una estrategia de dominación, en lo simbólico y en lo material, que mientras no rompamos a todos los niveles, seguirá imponiéndose sobre nuestras vidas. Defender las soberanías, que son variadas y se comunican unas con otras, apelar a la autogestión ya que no nos van a regalar nada, fracturar su relato, en el que yace secuestrado el aragonesismo clásico, de sillón y consejería. ¿Dónde se habla de la clase trabajadora? Claro, luego nos pasará como a los italianos…

Es duro aceptar que sólo con nuestra actitud se puede romper este relato. La militancia es uno de los saberes críticos que debemos aprender y reaprender. Y el reconocer a otras, como agentes afines, en igualdad de condiciones, aunque hayamos estado mucho tiempo obviando su trabajo. Y en tantas cosas, que nos debilitan por egos e historias del pasado. Estamos a tiempo de rehacer todo.

Reflexión de urgencia sobre el coronavirus

 

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Mapa autonómico del problemón

El mapa que justifica este post lo explica todo. Da igual nuestro estado emocional, lo que recomiende la Organización Mundial de la Salud o que Wuhan y Lombardía estén selladas. Ya lo dijo Margarita Robles (ministra de Defensa), «no es un problema de territorio, sino una cuestión (…) que afecta a los ciudadanos». La plena soberanía es esto. De Madrid al cielo. O al infierno.

Nos han querido siempre así. Encarceladas. «Antes roja que rota», nos auguraba, aunque mal, José Calvo Sotelo en 1935. Un sistema radial, que si no frenamos la curva de contagio de aquí a ¿10-15 días? (buen artículo de @Soulful70) , nos dará un tochazo de centralismo irradiador.

¿Qué es un Estado fallido? Salgan de las cavernas y lo verán de forma cristalina.

 

¿Cuándo se cambiaron las banderas?

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Hace ya unas semanas, me encontré este cartel por el barrio de Las Fuentes, un torneo de fútbol sala que utiliza la identidad española como reclamo. Muy sutil, pero es cierto que hace unos años hubiera sido casi imposible ver esa bandera en cualquier promoción o evento de este tipo (popular, deportivo o cultural). Entonces se usaba la bandera aragonesa. Era lo normal. Ahora, cada vez es más frecuente ver carteles como el que corona este post. ¿Cuándo se cambiaron las banderas?

Esta observación se relaciona con las identificaciones colectivas de la gente. Entre el 2005 y el 2011, los sentimientos de pertenencia que mostraba el CIS empezaron a cambiar. Para el año del 15-M, un 15% de las encuestadas se sentían «únicamente españolas», mientras que el «sentirse más aragonesa que española» ha ido a la baja, poco a poco. Y así vamos, ahogándonos poco a poco.

Que la CHA se presente con Más País refuerza todo esto. Más Errejón. Más España. Y todo se explica igual, desde el verbo desatado de Lambán hasta los que quitan unos carteles bilingües en Uesca (aplauso para la Plataforma Charramos Aragonés). Tiempos muy díficiles para los que hacemos pedagogía soberanista.

Las banderas…, esos viejos trapos. Algunos duelen, y huelen a las cadenas de siempre. ¿Volverán a cambiar las banderas?

Fobia á los suenios

En un rezién articlo de José Luis Melero aparixe a ideya de que «sólo se puede ser aragonés» en una Espanya autual, crebata e polarizata. Os aragoneses acostumbramos de cayer bien en a resta d’o Estau -a famosa clamor entre Castilla y Catalunya-, un mantra vazío pa chenerar espazios de confort. Si güellamos os datos d’o CIS sobre sentimiento nazionalista en Aragón, a baxada d’a identidat propia contina. 

Melero ye uno d’os inteleutuals autuals que emparan o discurso de Chunta Aragonesista: o seny federalista -país de países-. En Aragón «mái enradigó l’independentismo», per ixo plega o Trebunal Constituzional y atura la Lei de Dreitos Istoricos

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Soro, CHA, PSOE y atras amigas

¿Bi ha vida més dillá de iste aragonesismo? Si repensamos os problemas d’Aragón, ye de dar que sí. O buenismo de Melero ye un «cordón sanitario» pa siñalar á os buenos aragoneses y á os que son periglosos con ixa Espanya desfeita. Entremistanto, Chunta proposa una compleganza de totas as cuchas, ¿seny u sillonitis?

 

Nacho se enreda

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Queda poco para las elecciones y para el secretario general de Podemos Aragón-con- España, se le enreda el discurso, queriendo ser todo y nada, jugando a la banalidad más simple del nacionalismo español. Defender la sanida pública es un derecho, una exigencia, eso no lo dudo, pero de ahí a asociar esta idea con «los españoles de bien» hay una negación de otras posibilidades… ¿una futura república aragonesa no podría tener sanidad pública, universal y garantizada para todas? Algunos han cambiado mucho, lo electoral trastoca, y hablamos de hace cinco años, no hay que ir más lejos…, ahora, que si banderas y muros, buenos y malos, perversa banalidad, que convierten a Nacho en un claro ejemplo de nacionalismo banal: aceptación de la única realidad posible, la del «cachito de pizza» parlamentario.

Y luego tenemos al señor del PAR, Arturo Aliaga, cómico como su partido en sí, saliendo en la foto de Colón del pasado domingo. Otro «pilla votos», olvidando las causas del desprecio hacia la tierra que le vio nacer. Me da pena, sin más. Ahogados en su destino universal, algún día hablaremos del papel de los regionalismos…, telita, con el aragonesismo del orden constitucional. Si no soñamos, nunca seremos libres.

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Vox y odio

Ya faltaba una entradica sobre Vox, al fin y al cabo la realidad política es el objeto principal de este cado de pensamiento anticolonial. Los monstruos salen de la caverna, tal y como reflexionábamos el año pasado.

La alerta surge en el sur: sobre un 11% de apoyos en las nacionales andaluzas, casi 400.000 votos, cuando hace cuatro años apenas llegaban a los 70.000 en las estatales (2015), con algún concejal consecuencia del transfuguismo.

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Vox no es algo extraño, pertenece a la derecha (pseudo)populista europea. Y aquí apunta en tres direcciones su odio: personas migrantes (expulsión y control, ir laminándoles derechos y libertades), ecologismo (defensa de la caza y la tauromaquia), y mujeres (defensa del patriarcado, erosionando la discriminación positiva).

Se trata de un partido de extrema derecha al uso (ultranacionalismo radical: organicismo; su lema «La España Viva» lo dice bien claro; nativismo -el supremacismo racial de toda la vida: «no soy racista, soy ordenado»; islamofobia -la Europa búnker-; castellanocéntrico -antiaragonés-). El ariete ideal para los neoliberales.

El cóctel en el Estado ejpañol está servido: con un repliegue autoritario cocinado a cámara lenta en los últimos años, a través de la Ley Mordaza, el blanqueo del neofascismo por parte de los mass media, o la ausencia de pedagogía respecto a una consulta sobre autodeterminación.

Son los de siempre, con otras máscaras, ¿devolver competencias a papá Estado? ¿privatizar hasta la última farola? Un bluff, que da miedo, en función de la capacidad que tengan de influir en la vida real de la gente.

Fascis, fasces, vox…, vendrán a decirnos que la historia no vuelve, el contexto, bla bla bla…, dar vueltas a lo académico-burgués, pero vienen, y es altamente preocupante.

También puedes leerlo en AraInfo: Vox quod odi.

¿Qué pasa en Teruel Existe?

En pocos meses publicaré un ensayo sobre Aragón como construcción nacional. Es una obra que la llevo cocinando a fuego lento durante muchos años, quizá demasiados, por eso algunas de las tesis o ideas-fuerza que argumento se han ido oxidando.

Defiendo la importancia de los movimientos sociales en defensa de la tierra a la hora de articular discurso en (y para) la identidad nacional aragonesa. Los dos ejemplos que desarrollé son el movimiento por la Dignidad de la Montaña, y también Teruel Existe.

Teruel Existe nace en 1999, para denunciar el abandono histórico de los territorios pertenecientes a esta administración provincial. Tuvieron bastante tirón mediático y sus movilizaciones eran frescas e ingeniosas. Les salieron imitadores como Soria Ya, Zamora También Existe, La Otra Guadalajara -(sic), Molina de Aragón-, y hace unos meses realizaron una masiva mani en Zaragoza, expresando la agonía del sur aragonés.

En los últimos tiempos el discurso de Teruel Existe y su entorno ha cambiado mucho respecto a lo que expongo más arriba. Aquí tenéis una «perla» de su entorno, que nada tiene que ver con ese relato aragonesista:

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Y otro toque más, con una contestación al presidente de Chunta, enarbolando la igualdad centralista a la francesa, sin lenguas ni diferencias «artificiales»:

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No sé si esto tendrá algo que ver con la evolución identitaria que se percibe en el CIS (aumento progresivo de la gente que se «siente únicamente española» frente al descenso de los que se «sienten más aragoneses que españoles»), el juego de espejos deformados respecto al proceso soberanista en Catalunya o que nos hemos vuelto locos. Tampoco es que Soro se luzca mucho -así va también la Chunta, reblando en el relato-. Desconocer la historia, te condena a repetirla, o simplemente te engullirá (despoblación). Los problemas de Teruel se agudizaron con el dictador Franco, pero venían de atrás (Primo de Rivera, los turnistas de la Restauración, gobiernos liberales del XIX…), ¿ingredientes comunes? España, España y España. Pero sigan mirando para otro lado. Keep calm…

Turistas descubriendo la realidad

En nuestro entorno anticolonial también hay noticias veraniegas que nos alegran la vista. En este caso saltó hace un par de semanas, Rubén destapaba un hilo en twitter sobre un turista indignado por descubrir que en el Pirineo aragonés existe una lengua propia, que además tiene cierta protección, como para que la comarca del Alto Galligo edite unos posters de patrimonio. Por otro lado, un tal Carlos Silva (de UPyD) con la misma monserga, en este caso en la ciudad de Uesca, al ver unos carteles de «ubierto/zarrau» en comercios, una herramienta muy positiva para socializar el aragonés (iniciativa de la OLA). Este es el nivel, gente muy tolerante, castellanocéntricos, unionistas, que defienden una Ejpaña intolerante en lo cultural, social y político, que persiguen humo vía lacitos amarillos o que juegan a aplastar desde su hegemonía cualquier atisbo que les rompa sus marcos mentales… Miau miau… un cartelico y un póster.  Eso sí, se destroza la convivencia exhumando los restos de un dictador.

ruben turistas

Me hacen feliz estos destapes, llevamos semanas complicadas en fablilandia, alguna cosa hemos escrito sobre el asunto, ya que el juego de tronos entre CFA-EFA-SLA & compañía sigue su curso, con microdisputas por las redes y una sensación de suma cero. Entre los del 87 y su rodillo, los del II Congreso y su matraca, y los neodialectales vía SLA, tenemos pequeños momentos que deberían hacernos pensar las líneas rojas… en este caso, los españolistas que niegan todo, da igual como lo resignifiquemos, y que si tienen oportunidad dejarán esto hecho un erial. Y a este paso, sin unidad, como el caballo de Troya… ¡Ya tú sabes!

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