– Ya sabes que muchos dicen “soy de este país”, “el Estado español”, pero no quieren pronunciar la palabra España [Carbonell].

– Yo soy español. Yo puse Un país en la mochila porque sé que a mucha gente la palabra España le sienta mal, pero a mí cuando me preguntan de dónde soy respondo: soy español. No me avergüenzo porque detrás de mí están Quevedo, Lope de Vega, Cervantes, Picasso, yo que sé. Y yo me siento orgulloso de todos ellos. Y como todos ellos se sentían españoles yo me siento español como ellos [Labordeta].

Vía / “Charla entre José Antonio Labordeta y Joaquín Carbonell”, El Periódico de Aragón, 18.04.10.

Extracto de la entrevista que Carbonell le realizó a Labordeta el día regional (así como les gusta a ellos). Como la ley de Murphy, mitos como el señor Labordeta cada día se desprestigian más a ojos de los aragoneses que no nos sentimos españoles, pero que además admiramos a Kafka, Tolstoi o Rembrandt, sin por ello tener que ser checos, rusos u holandeses. La verdad es que no escribo nada que ya no se sepa o no se intuya de Labordeta. Hace un año comentábamos que el aragonesismo había muerto, gracias a gente como Labordeta, su creador pero también su enterrador, como un juguete roto. Como le pasó a Bernal con Cha. A Labordeta lo admiraré por su labor de activista inconformista, pero como político, dista mucho de la esencia aragonesa, acomodado en esa vaga idea federal española. El tufo apesta.

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