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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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La noche que no fuimos nosotros

Recuperamos las entradas del blog con una reseña que llevaba bastante tiempo pendiente de escribir. No es el objetivo principal de este sitio el dedicarme a comentar cualquier libro que leo, pero este es especial, igual que en su momento hice con el libro de Víctor Guiu. Supongo que Aitor Ascaso querría un buen comentario en la plataforma donde se puede comprar su obra, pero los dioses capitalistas me lo impiden. Así es la cultura, libre y encorsetada, previo paso por el cajero de la empresa.

Lo sustancial es comentar un libro que seguramente nunca hubiera caído en mis manos, no soy mucho de novela negra, pero me llamaba la atención abordar sus 261 páginas, descubriendo una trama que envuelve desde el primer capítulo. En total, once partes, siguiendo las posiciones o roles de un equipo de fútbol, desde el portero al extremo izquierdo. Una historia sórdida, con la aparición de un cadáver en el Ebro -de la transexual Marcelo Sousa- y unos personajes que no te dejarán indiferente, como el protagonista -Lamberto Echeverría, hilo conductor de la primera novela de Aitor, Ladrones buenos nunca roban-, el futbolista Manuel Baquedano o el político Javier Satrústegui.

Una trama enredada, sórdida, que no voy a desvelar, lógicamente. Una buena pieza para estas semanas veraniegas. Reúne elementos que me hicieron conectar rápidamente, ambientada en Zaragoza, con referencias continuas a su paisaje, físico y humano. El fútbol y sus miserias a todos los niveles, y por supuesto, la política, como el arte del engaño, entre partidos, cúpulas, gestores y todo el aparato mediático que le rodea. Un libro negro, un buen café amargo, que merece la pena, y mucho, ir degustando. Un acierto en estos tiempos líquidos, en los que nadie cree en nada y parece que ya no hay verdades absolutas. Aitor plasma un retrato social, en el que la ficción se nos muestra totalmente realista.

¡Chapeau! Y animáos a leedlo.

Foto de la novela de Aitor

Lo rural ha muerto; ¡viva lo rural!

En pocas semanas hará un año que asistí a la presentación del libro de Victor Guiu, Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación (editado por Dobleuve Comunicación). Os dejo mi humilde y sencilla reseña.

El mismo prólogo del libro ya nos avisa de las intenciones del autor. Aunque lo escriba Ernesto Jartillo -sociólogo y librepensador, muy cercano a Víctor-. El éxodo rural lo explica todo y lo demás es relato, un imaginario popular que se ha re-creado desde la cultura urbana. Una idealización, como tantas otras de estas sociedades líquidas, que se nos escapan de las manos, en las que la post-verdad manda más que la reflexión reposada de los procesos en el espacio y en el tiempo.

El libro parte de varios pretextos irónicos. Víctor burla desde la primera página esa pretensión de buscar el «desarrollo holístico», una quimera que va a ir machacando frase a frase. Ya saben los lugares comunes sobre lo rural y la despoblación: el desarrollo sostenible, las sinergias, la vertebración desde supuestos del mercado capitalista, etc. El pueblo como producto turístico, hecho para visitantes, propios y extraños. Lo del espacio vivido queda para poetas, locos y los sufridores cotidianos.

El autor relata a partir de las situaciones de los alumnos en la residencia de estudiantes en la que trabaja durante un curso escolar. Va desgranando una historia múltiple en función de las vidas personales de los protagonistas -Manuel, Fátima, Ainhoa, Santos, Ignacio, Nuria o Valeria-. Estos adolescentes se encuentran en la capital (de provincias) y su denominador común es variado: los problemas normales de su edad (móviles, amores, futuro, disfrute) y que todos vienen de la ruralidad. Son de pueblo.

Esos pueblos de verdad, donde se acaba la carretera. Conocemos muchos en Aragón. Víctor no concreta los lugares exactos, cierto es, que por su origen, alude al sur aragonés. Pero un lugar sin carretera de paso lo tenemos por la Celtiberia, Alto Aragón, la eterna frontera con el País Valenciano, en las Castillas. Pensemos en Aragón, con lógica, lugar de referencia del autor. Sitios a los que se «va de propio» y que son el paradigma del despoblamiento humano. Ahí están los mapicas para corroborarlo, como el 174, elaborado hace no mucho por la Red SSPA.

De los lugares comunes, uno sonríe al leer ideas y percepciones, ya sentidas en algún momento como la anécdota del pueblo al que le estaban arreglando la carretera (p. 31), pero que no la dejen perfecta sino la gente marchará. El hecho de que las autovías o la alta velocidad han provocado un efecto desestructurador, ya que los pueblos quedan apartados y aparcados. Y la gente migra más rápido. Por eso los cuadernos de quejas de algunas plataformas políticas podrían replantearse su reivindicación de megalómanos proyectos de comunicación. Pero esto es otra historia. Como el orgullo de volver al pueblo de fiestas -hace ya unos años que no lo hago, y la nostalgia me secuestra-, algo que permite ver el medio rural lleno, aunque cada vez cuesta más. Todo el libro está salpicado de estas cuestiones, que para la persona que haya vivido en la ruralidad se hacen rotundamente tangibles.

Como hemos dicho la ironía no cesa, ese es el estilo de este «bardo somarda bajoaragonés». Pero es real, como ese apelativo a «los de mantenimiento», los que se quedan en el pueblo durante el largo invierno, o entre semana. Ese «todos nos conocemos», que de obvio nos puede explotar en la cabeza, que genera confort pero otras veces puede volverse contra nosotros y traer soledad.

Lo rural como marca. El desarrollismo de siempre. Y un relato que apela a una total fake new sobre el mundo rural, con el campo como si fuera un vacío que hay que llenar y rellenar de alternativas diseñadas por y para el mundo urbano. Víctor también habla y narra sobre los emprendedores, con un punto más pesimista que optimista, ya que la Arcadia feliz no existe. Nunca ha existido. Ni en lo rural ni en lo urbano. Miren las estadísticas.

Al final el título lo dice todo, muerto lo rural, sólo quedará una suerte de híbrido urbano-rural, con lo que el medio vuelve a reinventarse. A casi todo el mundo le gustan los pueblos pero muy pocos pueden darse gusto de vivir en el mismo. Todo en sí como paradoja, «no hay de nada» y la solución es buscar el macrocentro comercial más próximo. La pandemia nos ha dado de sopetón contra un sistema, que el autor denomina, acertadamente, «globalimbecilización», sin hoja de ruta ni prioridades, un mundo lleno de caos, de ultraindividualismos.

Una mierda. Pero el libre merece la pena. Y mucho. Feliz 2021.

¿Preocupa quién ocupa?

Quería escribir con algo de sosiego sobre el tema de los pisos ocupados. Ya que el maremágnum de noticias era tremendo hace unas semanas. Por momentos parecía que se iba a acabar el mundo con este tema.

Ya hemos visto que hay un interés por crear miedo en sitios donde no existe este conflicto. Vean el caso de Teruel y la propuesta del concejal de Ciudadanos (Ramón Fuertes) para elaborar un plan municipal para combatir la ocupación. Y las respuestas irónicas desde el Plan de Choque Social de Teruel.

¿Qué hay detrás de la campaña contra la okupación?

En este artículo, el sociólogo Emmanuel Rodríguez nos plantea la verdadera dimensión de este problema, con cifras que demuestran que el incremento de viviendas ocupadas no es especialmente significativo. De 25 millones de viviendas que existen en el Estado español, sólo 1 de cada 3.571 fueron denunciadas por este hecho en 2019.

Por otro lado, la inmensa mayoría de los casos se producen en las grandes urbes -Barcelona y Madrid-. No en Teruel. Evidentemente, el lucrativo negocio de las empresas de seguridad y videovigilancia apela a «si la ocupación te afecta a tí».

Fuente / AraInfo

Es el pánico moral de las clases propietarias. Aquellas que accedieron al crédito antes de la crisis de 2007-2008, con la casa en propiedad y un endeudamiento que ahoga. La falsa prosperidad de tener propiedades. Ya se ha visto con la Sareb o los desahucios.

La sociedad española es de tener propiedades y ese nicho es el que interesa aprovechar económicamente. Empresas de seguridad, especuladores varios, legislación a la carta. Casi que volvemos a 1791… propiedad, propiedad y proteger la propiedad. Nadie piensa en lo que hay detrás de una ocupación… muchas veces desesperanza. ¿O el derecho a una vivienda no está reconocido como un Derecho Humano?

Emprendimiento o barbarie

Hace tiempo que quería escribir sobre el Emprendimiento empresarial y todas estas falacias, así que os recomiendo este hilo de Román Sierra, que de una forma clara me ha abocado a expresar lo que pienso: las grandes mentiras que se quieren inculcar (adoctrinar) a la clase trabajadora desde la misma escuela. Éxito, mentalidad de capitalista, «tu puedes llegar a lo más alto»… una mentira tras otra. Ocho de cada diez emprendedores fracasan a los cuatro años.

photo6026070284769014220 ¿Qué busca el gran capital tras este planteamiento? Pues difuminar todo rastro de conciencia de clase, de ahí asignaturas en Secundaria como Iniciación a la Actividad Emprendedora -abrimos paréntesis: el enfoque del profesor será decisivo-. Y poco trabajar en movimiento obrero, interpretar un conflicto laboral o enseñar las herramientas reales que van a tener los jóvenes cuando empiecen su vida laboral.

Más saber de convenios y de derecho laboral y menos de vendidas de humo, que lo único que hacen es precarizar aún más las expectativas materiales del falso «American Way of Life».

Post Data: hilo relacionado con este artículo en el que se nos explica el enfoque de evaluar/enseñar por competencias. Otro caballo de troya neoliberal.

De Tordelpalo a Pardos

El pasado fin de semana estuve por la antigua Comunidad del Real Señorío de Molino y su Tierra, hoy comarca del Señorío de Molina-Alto Tajo (administrativamente, Castilla-La Mancha). Pude visitar Tordelpalo, una pedanía al lado de la carretera general que une Monreal del Campo con Guadalajara, a 8 kilómetros de la cabecera comarcal, Molina de Aragón. Nos enseñaron el pueblo, mi compañera daba una charla sobre su bisabuelo, del que está tratando de reconstruir su biografía. El caso es que en Tordelpalo viven tres personas en invierno, ahora en agosto, con las fiestas a tope, sus calles están llenas de vida, pero es un espejismo bien conocido por toda la Celtiberia.

Los tordelpalinos pertenecieron a la sexma del Pedregal, en el Real Señorío de Molina, hasta 1833, cuando se crearon las provincias actuales. Una «sexma» era una agrupación de aldeas y pueblos, de realengo, que gestionaba bienes comunes, una especie de autogobierno. En Castilla, Comunidades de villa y tierra, en Aragón, las Comunidades de Aldeas.

Tordelpalo dista de Pardos, en línea recta, unos 35 kilómetros, muy poco. Por carretera el tema se complica. Ambos forman parte de la periferia castellano-aragonesa, un área desestructurada en relaciones socioeconómicas, equilibrio población-poblamiento, accesibilidad, y por lo tanto, con mínimas perspectivas de futuro. Algunos sectores lo llaman la «España vaciada». Yo diría, que los gobiernos y regímenes políticos españoles se han encargado, con nombres y apellidos, de saquearla, de provocar su casi desaparición.

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Barranco del río Gallo, cerca de Morenilla. Celtiberia pura

Pardos pertenece a Abanto y se encuentra a orillas del arroyo de Trescastillo, en la sierra de Pardos. Al igual que Tordelpalo, pertenecía a una sesma, la de Ibdes (Comunidad de aldeas de Calatayud).

Conserva su estructura de pueblo tradicional aragonés, aunque expoliado por el paso del tiempo. Pardos tenía 180 habitantes en 1939. En 1970, quedó despoblado. Fue llegar el franquismo y apagarse la luz de sus casas. Y eso que la electricidad no llegó hasta 1957, pero ya era tarde. Ya no vive nadie en Pardos, la gente marchó, estaba lejos de todo (Calatayud, Daroca, Calamocha). Una triste realidad.

Era un pueblo con recursos: pequeños propietarios que se dedicaban al cereal y la vid. Había una vega en Las Cerradillas. El carrascal se dividía en lotes para los vecinos (venta de leña en el Jiloca). Tenían alambique para hacer anís y eran famosos sus jamones curados. Todo esto se acabó.

Aquí ya no hay problemas ni conflictos de ningún tipo. Ni osos, ni luchar por el médico o la escuela, ni ganadería extensiva o intensiva. No hay nada. Ni siquiera el reconocimiento de su existencia, Pardos no tiene  ni el estatus de otros pueblos abandonados. Hay muy poca información, pocos recuerdos.

De Tordelpalo a Pardos. ¿Hay futuro?

Un futuro que es de los valientes. Pero tampoco dejan repoblar, buscar alternativas. Bien lo sabe la gente de Fraguas, en Castilla, que mantiene un litigio con el gobierno castellano-manchego, por reconstruir un pueblo abandonado. Seis años de cárcel les piden a seis de sus repobladores. En Aragón hemos tenido los casos de Sasé o La Selba. Así van las cosas, la propiedad privada por encima de todas las cosas, el postureo fácil, y los pueblos lentamente muriendo.

Drogas y clase trabajadora

Leyendo el fantástico libro La movida que te salvó, de Mariano Pinós (editado por Pregunta, en 2017), he llegado a los capítulos que narran los años noventa, cuando llegan las drogas de diseño al Estado español, y los protagonistas de la novela, hijos de obreros del extrarradio zaragozano, se lanzan a una carrera desenfrenada de trapicheos, música electrónica, evasiones y ambientes distópicos. Lo que estaba de moda. Cambios sutiles, ya que a través de esas rutas del bakalao, llegaría la estética neonazi para quedarse y competir, los cabezas peladas y la música militarizante … Para mucha gente era huir «del trabajo asalariado, el aburrimiento y la nada existencial», tal y como explica Ghost, el prota del libro. La droga como evasión. No se asociaba a gente chunga, los ochenta quedaban lejos. Era algo limpio y guay. Pero sólo en apariencia.

Y por supuesto, llegaron los terribles accidentes de coches, los vampiros diurnos, la «Coliseum», la cárcel para algunos. Todo muy referencial. Y las campañas contras las drogas totalmente desenfocadas.

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Autobús de la Coliseum estampado en la Puerta del Carmen. 1997.

Este panorama es novelado en La movida que te salvó desde dentro de un grupo de raperos, hijos e hijas de trabajadores, generación del Baby Boom, la misma del que escribe este post. Todo entremezclado con los clásicos temas de la juventud: amor, sexo, proyectos, ocio. Un grupo de amigos, abiertamente antifascistas, que quedó roto en ese momento.

Las consecuencias sociales de todo esto ya las podemos conocer e intuir. Ha pasado tiempo pero en Aragón, para la gente que conoció esa época, el recuerdo nos lleva a conocidos cercanos que pasaron por esos ambientes.

Eran los noventa. Aznar y el PP al poder. La Thatcher hacía tiempo que había inoculado la hidra individualista y el falso deseo de las clases medias. Llegaban las ETT, la temporalización del trabajo, todo lo que tenemos hoy en día se coció en esta década, y ello explica los barros actuales. Como Chavs y Owen Jones. La estigmatización de la clase obrera y para muchos, una elección de fatales consecuencias.

Somos mayoría pero no tenemos la hegemonía.

¿Rompiendo moldes?

De 264 referencias etiquetadas a personas en este blog, sólo 30 son a mujeres. Un 11% en total.

Este terrible dato me sitúa perfectamente en mi pasado personal y creativo. Pensar lo anticolonial, opinar sobre la actualidad, pero olvidando la perspectiva de género. Como los cambios se inician desde uno mismo, vamos poco a poco lanzando una mirada violeta desde este blog.

feminismo
Fuente: Teletrece

Como previa del Día de la Mujer Trabajadora, en el centro de educación donde trabajaba se organizó un acto bajo el título «Rompiendo moldes», nos juntaron a cinco personas vinculadas a la comunidad (alumnas de distintas edades, profesorado). Y gracias a la invitación pude expresar en voz alta lo que siento/pienso sobre el tema.

En mi breve intervención de tres minutos, incidí en tres verbos para responder a la pregunta clave ¿cómo rompemos moldes?

  • Ser/estar feminista: deconstruir todos los tics heteropatriarcales, cambiando hacia una nueva masculinidad (cuidados, empatía, asertividad…). Estamos en ello.
  • Educar: en lo profesional toca trabajar por la igualdad, un compromiso que viene del primer verbo pero que adquiere dimensiones gigantescas en mi especialidad (Ciencias Sociales). Vídeos, debates, desmontar tópicos y medias verdades, trabajar la invisibilización de la mujer…, en lo educativo, todo un proyecto de vida.
  • Denunciar: por coherencia, la clave colectiva. El capitalismo heteropatriarcal  basa su dominio en  las identidades exclusivas -machistas, racistas, clasistas, lgtbifóbicas-. Ahí tenemos el bus de Hazte Oir para recordarlo.

 

 

 

 

 

Un silencio que se va haciendo eco

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Este viaje ya lo hemos ido contando en El maestro de Tordelpalo. Sandreta encontró la foto que buscaba y más cosas de su bisabuelo, su firma, escritos y ahora alguna incógnita más…

Leed el artículo por aquí:

Juan López Villarreal, el maestro de Tordelpalo.

Quiénes eran: Juan López Villarreal, el maestro de Tordelpalo (Guadalajara).

Damos difusión y recomendamos el documental «El silencio de los otros», muy empático, que narra perfectamente el sufrimiento de tanta gente ante la impunidad de la dictadura franquista.

 

 

 

Uesca y Zaragoza, fatos y cheposos

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Ya han pasado unos días desde que AraInfo y Subarbre publicaron un artículo sobre la rivalidad entre Uesca y Zaragoza, un trabajo que he ido recopilando durante varios años, al principio sin un guión claro, pero poco a poco acumulando lo que son trazos sueltos sin ningún objetivo ambicioso. La idea era mandarlo al Diario del Alto Aragón, para el especial que publican el 10 de agosto, pero el articulico se fue haciendo extenso, 11 páginas. Valoré otras posibilidades, pero desconfiaba de que fueran a publicarlo. Al final, sería para una de las ediciones impresas de El Salto vía AraInfo. De esto hace un año, la cosa se quedó en el limbo, ya que estos últimos rompieron a los pocos meses con El Salto. Así que, rehaciendo cosas y datos, con la cobertura de Subarbre… aquí está.

http://arainfo.org/sobre-fatos-y-cheposos-que-hay-de-nuevo-viejo/

http://www.subarbre.info/sobre-fatos-y-cheposos-que-hay-de-nuevo-viejo/

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