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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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Hipólito y el qué dirán. Aragonesismo de confinamiento.

Artículo publicado en ARAINFO y LAGOR.

Hipólito Gómez de las Roces nunca se ha cansado de escribir sobre la necesaria unidad electoral del aragonesismo, entre CHA y PAR -cuando ambos tenían sobre un 20-25% de votos-, eso sí, con sus líneas rojas sobre el tema: sano regionalismo, la opción territorial es una ideología neutra, de centro. Su blablablá. También apuntó, que de lo contrario, ambos partidos pasarían a ser cadáveres sucursalistas del centralismo. Esto va de los años 2007, 2008… Y esa profecía al final se terminó cumpliendo una década después. En la doble tanda de las generales del año pasado, el PAR renunció a participar de la «fiesta de la democracia», mientras CHA cooptaba con el entramado errejonista de Más País.

¿Qué opinará Hipólito, de Teruel Existe? Creo que no lo verá con malos ojos, a pesar de que su partido militante ha sido uno de los principales culpables de la situación de Teruel y comarcas del sur. También hay analistas optimistas, como Edu García, que interpretan una base progresista tanto en su electorado como en sus propuestas, apelando al sentido común -gramsciano- de la gente. ¿Es esto lo que buscábamos, no? Seguimos hablando de representantes en Madrid. El ir y venir de las organizaciones aragonesistas a lo largo de su historia puede tener un referente en lo que haga Teruel Existe; quizá el romper su virginidad política pueda ser beneficioso para construir el nuevo relato, que está muy alejado de los pensamientos de Hipólito.

¿Bandera de la España vaciada ¿del Aragón despoblado? ¿desmantelado? ¿colonizado? Dependerá más de lo que dure la legislatura, un asunto algo pragmático, pero que abre una ventana de oportunidad a esta agrupación electoral siempre y cuando se cumplan algunas de las promesas pactadas o reivindicadas. El resto, es territorio conocido. Ser la voz de «X», ampliar sus posibilidades, el eje inclusión-exclusión o el doble regionalismo que postula (hacia Aragón y desde Teruel).

La idea de tener un representante en Madrid no es nueva. Aunque hay formas y formas, los casi 20.000 votos a Teruel Existe la convertían en la fuerza más votada en este territorio; en el 2000, Labordeta necesitó unos 65.000 votos (12,8%) para obtener su escaño por Zaragoza. El agarrarse al poder para que Aragón tenga un representante de sus intereses. El año 2008 fue el primero en que no hubo ningún parlamentario de un partido aragonés (de obediencia propia), desde 1977. Aquello era un aviso, y una década después se ha confirmado: el aragonesismo electoral está casi finiquitado con las formaciones políticas de siempre. Y tampoco nos hemos rasgado las vestiduras por ello.

El imaginario de estas formaciones gira alrededor de los temas de siempre. Repasemos y recordemos un poco. El Estatuto de Autonomía, un instrumento que da igual las competencias que tenga, si se recentraliza cada dos por tres. ¿Está obsoleta la reforma de 2007? Lo más importante estriba en que ha de cumplirse. ¿En cuántas ruedas de prensa Lambán no menciona la financiación? ¿Y el agua? El relato del pacto de los embalses, desarrollismo contra sostenibilidad, con la cabezonería en recrecer Yesa, entubar el Jalón para Mularroya o malvender la economía y el territorio en Biscarrués -mientras escribo esto, la justicia «tumba» este proyecto-. Un relato bien alimentado por el lobby agroalimentario de siempre, y que hace de palanca paradójica, cuando tenemos nuevas fuerzas en las cortes aragonesas que están a favor del trasvase del Ebro (Vox y Ciudadanos). Otro tema son las fronteras, somos país de acogida y de línea divisoria con el Estado francés, pero siempre estamos dando vueltas a lo mismo (el Canfranc, los gobiernos centrales y sus ninguneos) y encima con un anticatalanismo que lo estropea todo, ¿os acordáis de la Eurorregión? Y por supuesto, las infraestructuras internas, sin conexión de cercanías, con unos trenes «regionales» dignos de una mala película sobre el imperialismo británico, con la mentira del AVE y muchas carreteras estatales sin desdoblar. El paro y la precariedad no sólo forman parte del imaginario actual, siempre han estado ahí, con una Unión Europea austericida, que condiciona el autogobierno y sin un Marco Aragonés de Relaciones Laborales que nos permita decidir lo que queremos hacer en cuestiones de convenios y sectores productivos. En este breve repaso, queda el pactismo, esas sagradas coaliciones que cada vez se parecen más a extrañas nebulosas, transversales, en las que el PSOE se mueve de lujo. La foto del último gobierno autonómico lo dice todo. «Paremos a la ultraderecha», y se acabó el relato.

Con este panorama político, no nos puede extrañar que entre un 60-70% de los aragoneses se sientan tan españoles como aragoneses. Esta identidad dual, neutra, carece de conflictividad a nivel territorial. Ha ido fluctuando con el tiempo, pero parece reforzarse en los últimos años. Si vivimos en un Estado como el español, en una sociedad capitalista y consumista que no nos trata como seres autónomos a nivel colectivo, estamos siendo colonizados y esto es duro, jodido de admitir, en el Primer Mundo. Pero es así. Es lo que el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, llama la zona del ser y la zona del no ser, que se aplica para los denominados estudios decoloniales, centrados en criticar la colonialidad del poder y del saber anglosajón sobre Latinoamérica, África o cualquier espacio racializado. El ser te define y redefine, te clasifica y te sitúa en la línea de lo normal (España, Régimen del 78, descentralización autonómica, pactismo socio-económico), a partir de ahí jerarquiza la zona del no ser, en la que sitúa a las identidades aragonesas, no hay dualidad posible en este marco, ya que el ser significa aceptar el imaginario aragonesista de siempre, y el no ser te catapulta a la difamación pública y constante. Heraldo de Aragón ejerce perfectamente de juez y parte respecto a esta cuestión. Desgraciadamente, casi todo el aragonesismo ha jugado en el terreno del ser, sólo así se entienden las declaraciones -algo frecuentes- que realizaba José Antonio Labordeta respecto a la independencia de Aragón: «los aragoneses éramos un poco brutos, pero no tontos. Espero que ahora no nos estemos volviendo tontos» (El Periódico de Aragón, 7 de agosto de 2005). Pero esto no va de ser independentista o no, más bien de comprender que el Ser en España lleva un camino que no nos permite Ser (existir) como pueblo autónomo. Es una estrategia fallida, un imposible para el imaginario aragonesista.

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Casco antiguo de Calatayub, el ejemplo perfecto del Ser colonial normativo

Ellos tienen su verdad absoluta (el ser) y a partir de esta idea clasifican todo lo demás en términos de inferioridad y subordinación (el no-ser), lean este artículo sobre la irrupción de Teruel Existe en el Congreso. El ser (español) en su quintaesencia. Y es sólo una pequeña muestra. Ellos, el nacionalismo español, dominan la idea de civilización (supuesta, claro), con lo que esa identidad dual es una trampa, un aviso para navegantes sobre las líneas rojas que nunca hay que atravesar. Incluso para los situados en la zona del no-ser, como Puyalón de Cuchas, este marco de construcción de relato se hace duro, y ante una situación de crisis o desmovilización, se opta por un pragmatismo pedagógico que dadas las capacidades, también produce frustración. Tampoco se trata de tirar del manual antiespañolista. Se trata de construir otro imaginario, que no va de tener representantes en Madrid ni de dar vueltas a los temas de siempre.

«El qué dirán» era la frase más repetida por las feministas que lucharon a caballo del XIX y XX, ni María Domínguez ni Teresa Claramunt, tuvieron miedo en subir al estrado para decir las verdades que defendían, rompieron la zona de confort para denunciar la discriminación patriarcal sobre las mujeres. Ni Hipólito ni el PAR ni la CHA buscan construir otro imaginario. Excusas no faltarán nunca. Y autocomplacencia tampoco.

Aragón ha fallecido de éxito. Ese es el relato que nos transmiten, el del Ser. Aragón en España. Y se acabó. La Ronda de Boltaña ya cantaba allá por el 2001, en su Manifiesto de Invierno, la apelación a «¡Siete llaves al sepulcro de Costa!». En clave identitaria nos ha matado el que dirán…, las consecuencias las tenemos en esa falta de todo para ser una colectividad consciente. Podemos quemar nuestras naves y huir de las posiciones de siempre, ¿es esa nuestra tarea? Creo que no. Lo inteligente sería reconstruir desde un nuevo marco, entendiendo que no es el que hemos sustentado hasta ahora. Por miedo y comodidad, la conciencia nacional aragonesa ha dejado de latir a las velocidades del pasado.

Fijáos en esta opinión de hace casi un siglo: «he pasado por todos los movimientos aragonesistas, pero afirmo que el movimiento para triunfar, tiene que salir de los pueblos y no de las capitales» («Los precursores del aragonesismo (1978)»en Eloy Fernández Clemente (2014), Ante Cataluña), esta afirmación es de Gaspar Torrente, una figura histórica del soberanismo aragonés en clave de clase y por compromiso internacionalista. Ha pasado mucho tiempo de esa frase, el tiempo largo en historia, pero parece que vuelve con intensidad, como un guiño para este nuevo relato del que obviamente, sólo apunto reflexiones. Esto es una tarea de todas.

¿Ha de centrarse el movimiento soberanista en lo rural? ¿o llegamos tarde en esta estrategia? ¿desde dónde construimos el nuevo relato? El Ser que nos han impuesto ya vemos para qué sirve, una estrategia de dominación, en lo simbólico y en lo material, que mientras no rompamos a todos los niveles, seguirá imponiéndose sobre nuestras vidas. Defender las soberanías, que son variadas y se comunican unas con otras, apelar a la autogestión ya que no nos van a regalar nada, fracturar su relato, en el que yace secuestrado el aragonesismo clásico, de sillón y consejería. ¿Dónde se habla de la clase trabajadora? Claro, luego nos pasará como a los italianos…

Es duro aceptar que sólo con nuestra actitud se puede romper este relato. La militancia es uno de los saberes críticos que debemos aprender y reaprender. Y el reconocer a otras, como agentes afines, en igualdad de condiciones, aunque hayamos estado mucho tiempo obviando su trabajo. Y en tantas cosas, que nos debilitan por egos e historias del pasado. Estamos a tiempo de rehacer todo.

Simone Weil

Mientras haya sobre la superficie del globo lucha por el poder y mientras el factor decisivo de la victoria sea la producción industrial, los obreros serán explotados.

Simone Weil (1957): Opresión y libertad. Buenos Aires, p. 55.

 

Ella vivió y escribió sobre las miserias de la clase trabajadora. En primera persona. Sin tapujos. lo que da valor y empodera toda su producción teórica. Llevaba meses con este artículo atascado, la crisis sanitaria-social desatada por el Covid-19 aparece justo para darle el valor que merece a esta mujer. Simone Weil.

De pensamiento crítico y demoledor, consideraba la opresión de una forma distinta a la versión marxista. No era la propiedad de los medios de producción la causa única de las injusticias sociales, sino la forma que adopta el trabajo en la gran industria. Para Weil, la Revolución Rusa no cambió estos fundamentos de la producción industrial, ya que divinizó a la gran industria, con una creencia ilimitada en el progreso y la ciencia. Simone contrapone cooperación con el hecho de manufacturar en bruto. Casi, de forma invisible, asoma la patita la lógica anticapitalista del decrecimiento. Y esto, en el mundo de entreguerras, hace un siglo.

Ataca la burocratización del movimiento sindical, aludiendo a esa perversa división entre obreros y especialistas. Y por supuesto a la mecanización del trabajo, con los cronómetros, las primas por producir, la competencia. El veneno del taylorismo. En resumen, la insolidaridad en los puestos de trabajo, la destrucción de la conciencia obrera.

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Simone Weil / Fuente: El Viejo Topo 

Simone nació en París en 1909. De familia judía no ortodoxa, estudia filosofía y humanidades en esta ciudad mientras prepara su acceso a la Escuela Normal. En 1931 inicia su trabajo docente en un liceo de Le Puy -cerca de Lyon-, su implicación en manifestaciones a favor de los desempleados le traerán problemas. A partir de 1934 empieza a trabajar como operaria en una fábrica de material eléctrico, aunque lo deja a los pocos meses por problemas de salud, inicia un provechoso Diario de fábrica, en el que plasma las miserias de las condiciones laborales. Va alternando diversos trabajos en fábricas, donde comparte su tiempo libre con los obreros. De esta forma va asimilando todas las miserias, sin sentimentalismos, interiorizando una condición laboral y humana de esclavitud. Fue brigadista internacional en la Guerra Civil española, alistada en la Columna Durruti, participando en el frente de Aragón.

Con la ocupación nazi, los Weil huyen a Marsella, allí Simone entra en contacto con un grupo de mujeres y hombres que plantean vincular las reformas político-sociales a las doctrinas cristianas. Complementa estas relaciones, estudiando filosofía griega e hindú. Su familia toma la decisión de huir a Norteamérica en 1942, concretamente a Nueva York. Se une al Movimiento Francia Libre, volviendo a cruzar el Atlántico, a Londres, pero se encontraba muy mermada de salud, falleciendo de tuberculosis en 1943, con 34 años. Entre su producción escrita, destacamos Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social; o La condición obrera. La editorial Trotta ha publicado una parte importante de sus escritos.

Un legado alejado de trincheras, Simone fue una visionaria al incidir en que la labor revolucionaria ha de ser emanciparnos de las fuerzas productivas, ya que el progreso tecnológico no es ilimitado. Fue oscurecida por no seguir la ortodoxia marxista, en un mundo de blancos y negros. Pero sus textos y memorias no dejan lugar a dudas. Su acercamiento a lo religioso también ayudó en esta sepultura intelectual, igual que su condición de mujer.

Para elaborar el post, he consultado: Ricardo Rodríguez (1994): «Una rebelde con causa: Simone Weil critica la fábrica», en Revista Colombiana de Psicología, número 3, pp. 49-58.

Emprendimiento o barbarie

Hace tiempo que quería escribir sobre el Emprendimiento empresarial y todas estas falacias, así que os recomiendo este hilo de Román Sierra, que de una forma clara me ha abocado a expresar lo que pienso: las grandes mentiras que se quieren inculcar (adoctrinar) a la clase trabajadora desde la misma escuela. Éxito, mentalidad de capitalista, «tu puedes llegar a lo más alto»… una mentira tras otra. Ocho de cada diez emprendedores fracasan a los cuatro años.

photo6026070284769014220 ¿Qué busca el gran capital tras este planteamiento? Pues difuminar todo rastro de conciencia de clase, de ahí asignaturas en Secundaria como Iniciación a la Actividad Emprendedora -abrimos paréntesis: el enfoque del profesor será decisivo-. Y poco trabajar en movimiento obrero, interpretar un conflicto laboral o enseñar las herramientas reales que van a tener los jóvenes cuando empiecen su vida laboral.

Más saber de convenios y de derecho laboral y menos de vendidas de humo, que lo único que hacen es precarizar aún más las expectativas materiales del falso «American Way of Life».

Post Data: hilo relacionado con este artículo en el que se nos explica el enfoque de evaluar/enseñar por competencias. Otro caballo de troya neoliberal.

Democracia radical

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El neoliberalismo ha acelerado la destrucción de la sociedad civil. La democracia no se ha de basar en la heroicidad política, no podemos convertirnos en titanes del activismo dedicados permanentemente a asambleas eternas. Necesitamos instituciones mediadoras que permitan distintos niveles de implicación (vecinales, cooperativas, clubes deportivos, sindicatos…).

Odio ese clasismo que se nos ha metido a través del consumo y nos hace desear parecernos a los ricos: condescendencia hacia la clase trabajadora, como si sus vidas, opiniones y gustos fueran insignificantes. Esto es incompatible con la democracia radical.

Entrevista a César Rendueles, Cuaderno del domingo. EPA, 01.11.2015.

En pocas líneas, muchísima sustancia, sobre la forma de organizarnos y la batalla simbólica del clasismo. César Rendueles tiene muy buenas lecturas, todas recomendables, como Sociofobia (2013).

Posmodernismo e independencia

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Blog La república heterodoxa

Dos anécdotas coinciden en mi tiempo personal y ambas se orientan a cuestionar el independentismo. Sin ánimo de teorizar os expongo lo que he leído y lo que pienso al respecto:

1) Releyendo a Michael Billig (Nacionalismo Banal, 2014), aparece la tesis posmodernista de que el nacionalismo ha cambiado de función, ahora destruye las naciones. El posmodernismo no ha eliminado los nacionalismos ni mucho menos. Otra falacia más de la era global. La patria -en palabras de Billig-, el Estado-nación con sus fronteras, su “nosotros” y los “extranjeros” está en auge totalmente. No está en crisis: de hecho, en lo que respecta a armamento no existe ni el Tercer Mundo, ya que su monopolio sigue perteneciendo a los Estados-nación, no a individuos o empresas.

Siempre hubo micro-Estados, a la sombra de superpotencias. Esa es la realidad. No hay ningún indicio en sentido contrario. La construcción de alteridades identitarias dentro de la sociedad posmoderna no cuestiona la nacionalidad: se puede ser afro, asiático o transexual en Estados Unidos pero no niegan su carácter nacional. Si la superpotencia yankee no es negada… ¿adónde va el resto?

2) Y de rebote, a raíz de la fallida concentración aragonesista unitaria que hubo en Zaragoza el pasado sábado, me encontré con este artículo, de una persona vinculada a Cha, la cual venía a afirmar que Aragón no necesita más libertad, necesita otras cosas. Y en ese relato, niega que la independencia sea la solución, ya que en el mundo global todo lo que nos rodea es dependiente. No le falta razón, pero el número de naciones que se han ido incorporando a la ONU desde su fundación va en aumento. La independencia como herramienta, no como fin, ya que para reproducir las relaciones económicas y sociales del capitalismo, no hay viaje que valga. Aragón ya fue independiente hasta 1707 y no vivía en ninguna isla. Este artículo reproduce la cultura del miedo o la conformidad, es decir el discurso de la hegemonía impuesta. Sin más. 

Apolíticos y revoluciones masivas

Las luchas con carácter de masa se desarrollan a partir de la interacción entre maniobras económicas (como en las huelgas) y protestas políticas (como en las luchas contra la guerra y a favor de la Intifada) así como a partir de una lenta transformación del terreno social donde la legitimidad gobernante se erosiona. No hay forma de predecir cuando una lucha limitada (esta huelga, esta manifestación) estallará desde su marginalidad para convertirse en una considerable fuerza social. Es en esta transformación donde el espíritu de espontaneidad aparece. Cuando se produce el estallido, y cuando la protesta se convierte en una fuerza social por derecho propio, personas que no tienen un papel en luchas más pequeñas, se ven atraídas a unirse. Las tendencias prudentes y cautelosas de sectores de las clases populares son arrojadas a la cuneta mientras un nuevo sentimiento romántico invade la protesta. El miedo a unirse a la protesta desaparece y un entusiasmo de ser parte de un nuevo movimiento histórico crece. Es en este ambiente de la «huelga de masas», como decía Rosa Luxemburgo, donde las personas generalmente apolíticas empiezan a inundar las calles contra el viejo régimen, pero no a favor de cualquier otra cosa. Las revueltas se vuelven revolucionarias cuando sectores apolíticos se unen a la lucha, un punto que no puede ser calibrado ni fomentado. Este es el elemento de mística en la lucha política.

VIJAY PRASHAD, «El estado de la revolución árabe», Viento Sur, 129, 2013.

El 15M y la democracia real

Ha pasado un año de las movilizaciones indignadas del llamado Movimiento 15-M. Estos días estoy leyendo un clásico, Teoría de la democracia (de 1988), de Giovanni Sartori, un prestigioso politólogo de corte liberal. En la introducción de este tratado expone las grandes ideas y conceptos que pululan alrededor de la Democracia.

Es muy interesante cuando argumenta que la democracia ideal no existe y que tampoco puede definirse la democracia real (o realidad democrática) a partir de ella. Con lo cual creo que todos estos eslóganes de «Democracia Real Ya» dejan de tener sentido ya que la realidad es la que es. En este sentido, si comparamos esta construcción ideológica con el Comunismo hallamos una diferencia fundamental: este último proviene fundamentalmente de la teoría marxista, de una persona concreta, con lo que el comunismo ideal tiene un referente claro, al que el comunismo real puede  o no serle fiel.

De esta forma se crea una de las principales dificultades del 15M: la indefinición ideológica ya que apelar a una democracia real no significa nada sustancial. sus propuestas cooncretas como movimiento sí que tienen sentido pero el horizonte ideológico queda en una nebulosa sin sentido. La democracia ideal no existe. Existen sistemas mas o menos concretos que apelan a tomas de decisiones o gobiernos de grupos sociales determinados (tecnocracias, sistemas parlamentarios, sistemas socialistas, el no-estado anarquista, dictaduras de distinto bagaje) pero no hay una democracia ideal. Por eso mismo creo que lo que hay que hacer es superar el sistema actual, mediante una revolución o toma de decisión por parte de las clases populares. lo demás es seguir el juego a un debate que lleva siglos pululando (Platón mediante).

La gran regresión

¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.

Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real…

RAMONET, Ignacio, «La gran regresión», Le Monde Diplomatique, 194, diciembre 2011

Tony Judt reflexiona

Para la reflexión, lo leí hace un tiempo en un grupo de Facebook, así que no tengo la fuente exacta. Lean y piensen…
«Si los bienes públicos -los servicios públicos, los espacios públicos, los recursos públicos- se devalúan a los ojos de los ciudadanos y son sustituidos por servicios privados pagados al contado, perdemos el sentido de que los intereses y necesidades comunes deben predominar sobre las preferencias particulares y el beneficio individual. Y una vez que dejemos de valorar más lo público que lo privado, seguramente estamos abocados a no entender por qué hemos de valorar más la ley (el bien público por excelencia) que la fuerza.» Palabras de Tony Judt, un defensor inteligente del capitalismo.

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