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Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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solidaridad

Reivindicar la Corona de Aragón. ¿Fake o posverdad?

Ya hace un mes largo de este artículo de reflexión sobre la Corona de Aragón como concepto histórico o reactualización política. Como no soy de lo inmediato, lo dejamos por aquí a modo de repositorio. Tal vez, alguna despistada, lea con interés estas líneas de provocación de nuestro vetusto imaginario colectivo.

Artículo en Lagor.

Artículo en AraInfo.

Mapa de 1854. Explica tantas cosas…

Ni amo, ni patrón, ni rey, ni youtuber alienado que valga. Pensar en reivindicar la Corona de Aragón nos parece impugnar todo, para construir otro tipo de solidaridades. Pero muchas veces parece una posverdad impostada o tal vez una fake news que se vuelve pesadilla cuando el espejo deforme de la realidad atormenta a los pueblos que la constituyeron.

«Monzón fue lugar habitual de Cortes de todos los países que la componían y esta Feria sería, desde la cultura, un guiño a esos encuentros políticos que forman parte de nuestra historia. La idea es volver a ser lugar de encuentro», «queremos que estos días se trate de la importancia histórica de ésta, de cómo se pudo mantener un ente único conservando, en cada país, sus peculiaridades políticas, administrativas y culturales». Chorche Paniello formaba parte del equipo organizador de la Feria del Libro Aragonés (Siete de Aragón, número 349-350, 12-25 noviembre 2001) y en esta entrevista, justificaba la idea de montar un Salón d’o Libro d’a Corona d’Aragón. Y así fue.

Ha llovido mucho desde que los organizadores de la Feria planteaban esta especie de concordia territorial entre valencianos, baleáricos, catalanes y aragoneses. Duró poco pero hizo realidad viejos sueños. Eso es así. Por solidaridad y empatía.

Hace poco leía una afirmación que me dejó bastante perplejo, la escritora y activista Teresa Pàmies planteaba: «debo admitir que los catalanes somos unos ignorantes de la realidad de otros pueblos de España, y sin embargo nos quejamos de que ellos ignoren la nuestra» (recogido en Fernández Clemente, Eloy (2014): Ante Cataluña, p. 55). Esta opinión fue escrita en 1979. En redes la polarización ha crecido, y aun siendo conscientes que el común de los mortales no percibe ese odio, yo tengo la sensación de que las distancias nos matan. «Aragón es Castilla», «Catalanes, golpistas y sediciosos», «Valencianos, corruptos». De todo y para todos. Por ser fino. La autonomización de nuestras realidades ha condicionado mucho las perspectivas que podamos tener sobre realidades históricas o proyectos comunes que no encajan ni con el Estado-nación español (central y jerárquico) ni con la Región-autonomía con aspiraciones legítimas, pero sesgadas en un esfuerzo por reconocer lo propio a partir de diferenciarse del vecino.

El caso es que la Corona de Aragón ya no existe. Ni existirá. Es Historia. Tal y como certifica Norman Davies (Reinos desaparecidos, 2013, pp. 263-264), planteando que es un fantasma historiográfico, perdido en la construcción de los relatos estato-nacionales del XIX. La gente sólo recuerda lo que le enseñan o lo que le interesa, y esta batalla ha sido rotundamente perdida por la vieja Corona. Ahora tenemos historias autonómicas, locales que hacen que la plurinacionalidad emparente mal con las ideas que se han desarrollado en la península Ibérica. Por no hablar de las hordas de la Una, Grande y Libre, pero ese pastel deberíamos degustarlo en otro artículo.

Los Congresos de Historia de la Corona de Aragón han sido una buena muestra de este continuum, aunque sean reuniones científicas, ya que se organizan desde 1908. La memoria colectiva que siempre ha estado ahí, latiendo por algo en común, el deseo de lo prohibido y diferente. Como en 1932, cuando el Centre de Actuació Valencianista apelaba a la gloriosa «Confederació Valenciano-Catalano-Aragonesa», en una de sus memorias de actividades (gracias a Vincent Baydal). La compleja articulación política de la Corona de Aragón medieval -una especie de Commonwealth, tal y como la describió Joan Reglà- desarrolló una cultura federalizante. Una mentalidad que se mantuvo en el tiempo, más allá de su desaparición como estructura de poder político. No es casualidad el fuerte peso del federalismo en los países que conformaron la antigua corona -Pacto de Tortosa, austracistas-, la importancia del republicanismo o la pluralidad política que han desarrollado todas las Comunidades Autónomas enmarcadas en esta pesadilla cuatribarrada. Nos han querido vender una historia cuarteada de España y sus regiones, cuando la historiografía comparada nos muestra que la linealidad y el presentismo llevan a falsos amigos (recomiendo a Ernest Belenguer y La Corona de Aragón en la monarquía hispánica: del apogeo del siglo XV a la crisis del XVII. 2001).

Este anhelo solidario nos lleva a grupos de Facebook que potencian la hermandad entre personas de los antiguos países de la Corona de Aragón (Corona Aragonvm), a encontrar de vez en cuando mapas con léxico común -el famoso olivas contra aceitunas-, a jugar a ligas imaginarias de los equipos de la antigua Corona o a visualizar recorridos de la Vuelta Ciclista a España un tanto distópicos.

Al final nos queda la guerra de banderas, entre unos y otros. Aragón quedó fagocitado económicamente durante el siglo XIX. Las oligarquías locales cerraron muchas puertas. El despegue catalán viene de esa época, el eje social, la lucha de clases y la ruptura de la famosa complementariedad de bienes y servicios. Luego tenemos el relato cultural de los Països y el rechazo posterior; La Llitera es el ejemplo perfecto de incomprensión histórica. Y eso que la necesidad genera fraternidad. En tiempos pasados, el entrismo catalanista operó con cierta vivacidad, aprovechando un desarrollo autonómico que ofrecía servicios y oportunidades a este territorio. La miopía de la DGA también ayudó. El procés y la vuelta a la «Catalunya endins» ha reforzado las identidades hegemónicas a uno y otro lado. La practicidad manda. Lo normal.

Ahora ya no cuela tanto y las pretensiones de los Països Catalans (aquí la última polémica de Moviment Franjolí) aparecen obsoletas. Pierre Vilar lo expone con una vehemencia absoluta, ya que la frontera catalano-aragonesa, sus límites «plantean un problema histórico-geográfico de los más confusos. Aquí la naturaleza no impone nada, no sugiere nada. La historia parece favorable a una fusión desde el siglo XII» (en Cataluña en la España Moderna, 1962), pero su significado se conserva con una definición marcada, moviendo pasiones entre diferentes sectores y sectas. Por no hablar de Valencia. O el campo de minas lingüístico que representa La Ribagorça. Posverdad o fake news… ahí queda la «Corona de Aragón».

Un fantasma recorre Españita, casi no asusta, mayor y cansado, pero sigue ahí, para recordarnos que el futuro puede ser lo que queramos soñar y construir.

¿Preocupa quién ocupa?

Quería escribir con algo de sosiego sobre el tema de los pisos ocupados. Ya que el maremágnum de noticias era tremendo hace unas semanas. Por momentos parecía que se iba a acabar el mundo con este tema.

Ya hemos visto que hay un interés por crear miedo en sitios donde no existe este conflicto. Vean el caso de Teruel y la propuesta del concejal de Ciudadanos (Ramón Fuertes) para elaborar un plan municipal para combatir la ocupación. Y las respuestas irónicas desde el Plan de Choque Social de Teruel.

¿Qué hay detrás de la campaña contra la okupación?

En este artículo, el sociólogo Emmanuel Rodríguez nos plantea la verdadera dimensión de este problema, con cifras que demuestran que el incremento de viviendas ocupadas no es especialmente significativo. De 25 millones de viviendas que existen en el Estado español, sólo 1 de cada 3.571 fueron denunciadas por este hecho en 2019.

Por otro lado, la inmensa mayoría de los casos se producen en las grandes urbes -Barcelona y Madrid-. No en Teruel. Evidentemente, el lucrativo negocio de las empresas de seguridad y videovigilancia apela a «si la ocupación te afecta a tí».

Fuente / AraInfo

Es el pánico moral de las clases propietarias. Aquellas que accedieron al crédito antes de la crisis de 2007-2008, con la casa en propiedad y un endeudamiento que ahoga. La falsa prosperidad de tener propiedades. Ya se ha visto con la Sareb o los desahucios.

La sociedad española es de tener propiedades y ese nicho es el que interesa aprovechar económicamente. Empresas de seguridad, especuladores varios, legislación a la carta. Casi que volvemos a 1791… propiedad, propiedad y proteger la propiedad. Nadie piensa en lo que hay detrás de una ocupación… muchas veces desesperanza. ¿O el derecho a una vivienda no está reconocido como un Derecho Humano?

Tunelando y destrozando el país

Ayer fue el Día de la Tierra, y hoy es Sant Chorche, Día nacional de Aragón. Tierra, paisaje, identidad, pueblo. Por eso en un día tan especial, desde este blog mostramos nuestro firme apoyo a las compañeras de Jalón Vivo, que han iniciado una campaña de denuncia contra la tuneladora del Jalón, casi catorce kilómetros de injusticia medioambiental, para beneficiar a unos pocos.

El destrozo patrimonial del entorno de Mularroya ya lo visitamos en su momento. La obra ha continuado, faráonica se ve desde la autovía a Madrid. Harán un trasvase y joderán un paisaje único, las hoces del Jalón. La rentabilidad de este proyecto ya la veremos, pero una vez más, aparece el desarollismo incompetente de la DGA, la CHE y los oligopolios de siempre. en un momento de emergencia social, dilapidan el dinero de todas. Y la Tierra llora, también en su emergencia, ya que la huella hídrica es una de esas pesadas losas que nos aplastará para siempre.

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Foto de @coagret

 

Simone Weil

Mientras haya sobre la superficie del globo lucha por el poder y mientras el factor decisivo de la victoria sea la producción industrial, los obreros serán explotados.

Simone Weil (1957): Opresión y libertad. Buenos Aires, p. 55.

 

Ella vivió y escribió sobre las miserias de la clase trabajadora. En primera persona. Sin tapujos. lo que da valor y empodera toda su producción teórica. Llevaba meses con este artículo atascado, la crisis sanitaria-social desatada por el Covid-19 aparece justo para darle el valor que merece a esta mujer. Simone Weil.

De pensamiento crítico y demoledor, consideraba la opresión de una forma distinta a la versión marxista. No era la propiedad de los medios de producción la causa única de las injusticias sociales, sino la forma que adopta el trabajo en la gran industria. Para Weil, la Revolución Rusa no cambió estos fundamentos de la producción industrial, ya que divinizó a la gran industria, con una creencia ilimitada en el progreso y la ciencia. Simone contrapone cooperación con el hecho de manufacturar en bruto. Casi, de forma invisible, asoma la patita la lógica anticapitalista del decrecimiento. Y esto, en el mundo de entreguerras, hace un siglo.

Ataca la burocratización del movimiento sindical, aludiendo a esa perversa división entre obreros y especialistas. Y por supuesto a la mecanización del trabajo, con los cronómetros, las primas por producir, la competencia. El veneno del taylorismo. En resumen, la insolidaridad en los puestos de trabajo, la destrucción de la conciencia obrera.

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Simone Weil / Fuente: El Viejo Topo 

Simone nació en París en 1909. De familia judía no ortodoxa, estudia filosofía y humanidades en esta ciudad mientras prepara su acceso a la Escuela Normal. En 1931 inicia su trabajo docente en un liceo de Le Puy -cerca de Lyon-, su implicación en manifestaciones a favor de los desempleados le traerán problemas. A partir de 1934 empieza a trabajar como operaria en una fábrica de material eléctrico, aunque lo deja a los pocos meses por problemas de salud, inicia un provechoso Diario de fábrica, en el que plasma las miserias de las condiciones laborales. Va alternando diversos trabajos en fábricas, donde comparte su tiempo libre con los obreros. De esta forma va asimilando todas las miserias, sin sentimentalismos, interiorizando una condición laboral y humana de esclavitud. Fue brigadista internacional en la Guerra Civil española, alistada en la Columna Durruti, participando en el frente de Aragón.

Con la ocupación nazi, los Weil huyen a Marsella, allí Simone entra en contacto con un grupo de mujeres y hombres que plantean vincular las reformas político-sociales a las doctrinas cristianas. Complementa estas relaciones, estudiando filosofía griega e hindú. Su familia toma la decisión de huir a Norteamérica en 1942, concretamente a Nueva York. Se une al Movimiento Francia Libre, volviendo a cruzar el Atlántico, a Londres, pero se encontraba muy mermada de salud, falleciendo de tuberculosis en 1943, con 34 años. Entre su producción escrita, destacamos Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social; o La condición obrera. La editorial Trotta ha publicado una parte importante de sus escritos.

Un legado alejado de trincheras, Simone fue una visionaria al incidir en que la labor revolucionaria ha de ser emanciparnos de las fuerzas productivas, ya que el progreso tecnológico no es ilimitado. Fue oscurecida por no seguir la ortodoxia marxista, en un mundo de blancos y negros. Pero sus textos y memorias no dejan lugar a dudas. Su acercamiento a lo religioso también ayudó en esta sepultura intelectual, igual que su condición de mujer.

Para elaborar el post, he consultado: Ricardo Rodríguez (1994): «Una rebelde con causa: Simone Weil critica la fábrica», en Revista Colombiana de Psicología, número 3, pp. 49-58.

El tsunami feminista del 8M

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Toca volver a escribir y está claro que el tema va a ser el feminismo y la centralidad que ha venido ocupando en este mes de marzo. De una manera rotunda y con una capacidad de análisis bestial, el movimiento feminista ha conseguido una visibilización histórica, acompasando de manera lenta y estructurada todo su discurso de desigualdad (brecha salarial, cuidados, patriarcado cultural, salud sexo-afectiva, migración y asesinatos de género). Este es el éxito de la movilización del pasado 8 de marzo. La globalidad de una narrativa que viene a cuestionar de forma directa las desigualdades, de género y de clase, en las sociedades capitalistas.

En lo sindical, era una huelga, con todo lo que eso conlleva. Hace ya  unos años, que las huelgas generales suelen tener cifras de participación muy irregulares. El termómetro de medida en estas jornadas se suele situar en la clásica manifestación de la tarde-noche. Y aquí las cifras del 8M han sido apabullantes. Desde las movilizaciones estatales contra la guerra de Iraq, o las nacionales contra el trasvase del PP, no teníamos cifras de tanta magnitud. La lectura lenta de UGT y CCOO demuestra que no han sabido estar a la altura, sus ejecutivas han tratado de nadar a dos aguas y su imagen continúa deteriorándose.

Luego tenemos a los que se hacen la foto a última hora, deprisa y corriendo. La derecha rampante y nerviosa, ya que la transversalidad les ha aguijoneado pero bien. Azcón and company en Zaragoza. De ellos depende que se empiece a acabar la brecha salarial (pero Rajoy se pone el lacito y ya veremos). No esperen nada de esta gente.

Así estan las cosas, con un nuevo feminismo, una nueva oleada de activistas que construyen de otra forma, con una metodología que los espacios masculinizados de izquierdas harían bien en poner en práctica. Recomiendo la lectura de todo esto a través de una activista aragonesa.

Anna Gabriel y el exilio

El desconocimiento produce monstruos. Por eso debemos tener presente el pasado para comprender en su justa dimensión lo que sucede actualmente. El hecho de exiliarse va asociado a una cuestión política, una perseción de un régimen que restringe derechos y libertades. Isabel II tuvo que huir. Oh, my god! Y Lenin expone sus famosas Tesis de Abril tras volver del exilio en Finlandia. Puigdemont deambula en el Estado belga. Ahora le toca a Anna Gabriel, así es la historia, y así seguirá siendo. Lo demás, marear la perdiz con pequeñeces. Para que unos cuantos sigan soñando con su capacidad de decidir, otras tantas deben permanecer libres, en otros lares, para moverse sin prisas, para construir república. La restauración borbónica sólo quiere sangre, represión y jaulas. Y así llevamos varios siglas.

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Rebelión, represión y fascinación

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Esta semana tocaba escribir del proceso de desconexión catalán y la reacción jurídico-policial por parte del aparato del Estado. Ha sido comenzar el mambo y de repente el choque de trenes se ha convertido en una busca y captura de urnas. Se veía venir que el gobierno del PP tenía su plan de intervención bien preparado desde hace meses. Lo bonito ha sido ver a la gente normal, en las calles, manifestándose, ejerciendo sus derechos y lanzando un mensaje claro: queremos votar, esta rebelión no la para nadie.

El curso de los acontecimientos mueve a todas las piezas del tablero del Estado. La oportunidad de fracturar el régimen del 78 es casi única. Por eso se vetan charlas de apoyo, se arrancan carteles o se trata de perseguir e identificar a toda persona que se salta la línea roja del status quo. Mientras tanto el cuñadismo tragando bilis y ejerciendo de tonto útil para un Estado fascistoide, incapaz y con tintes totalitarios.

Huelga a la occitana

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Manifestación de mineros. Pancarta en occitano. Fuente: @Los4Motocarros

El verano es una época de pereza, de descanso, casi lo de escribir se agota con los sudores y excesos del momento. Hacía ya unas semanas que tenía en la cabeza alguna historia sobre las minas turolenses: el cierre, la reconversión y todas estas cuestiones. Me faltaba una palanca y esa vino el sábado 8 de julio, en una magistral charla de @Los4Motocarros para @Puyalon.

Y digo magistral porque puso el acento en lo verdaderamente interesante del asunto: la infinita capacidad que tienen las personas, los trabajadores, para autoorganizarse ante una decisión externa e impuesta. La historia se sitúa en un páramo geográfico en el centro de Occitania, en el Aveyron, en pleno Macizo Central, una zona con grandes yacimientos de carbón y cuya capital (Rodez) no pasa actualmente de los 30.000 habitantes. En esta zona se han desarrollado explotaciones mineras desde antes de la Revolución Industrial. Es decir, un Teruel de la vida.

Con un proceso de aculturación tremendo (desde el Norte impusieron el nombre de Decazeville a una población que se llamaba La Sala), la lucha obrera ya tuvo algún episodio de conflicto alrededor de 1886 cuando tuvieron una serie de huelgas con las que consiguieron reducir la jornada laboral y aumentar el salario. Para 1906, las mujeres de los mineros purgaron físicamente al administrador de la explotación, por una bajada del salario injustificada. El meollo de la cuestión llegó en los años 60, el gobierno De Gaulle, dentro de su plan de modernización económica, trató de sustituir el carbón por el petróleo. Plantearon despidos y reubicación de los obreros lejos de su casa. Era el acta de defunción de la zona. Y ocurrió de todo, encierros de los mineros, 307 alcaldes del departamento que dimitieron, huelga de los profesores, acciones de solidaridad de los estudiantes, manifestaciones masivas, huelgas de hambre, bloqueo de la línea ferroviaria Paris-Toulouse. Durante 45 días el Estado francés desapareció de la zona.

Los contenidos de la charla fueron claros y contundentes. El oxímoron lengua y lucha obrera se mostró de forma explícita, ya que los trabajadores -paisanos occitanos- usaban su lengua patrimonial y esto activó las alarmas más jacobinas de la reacción francesa. Ante una lengua que no existe, los trabajadores se afanaban por usarla ante la prensa y en pancartas y cánticos. Una forma de provocar a la casta republicana. Y así llegó el descubrimiento de lo occitano, con gente como Robert Lafont y su célebre tesis del colonialismo interno. De La Sala al internacionalismo obrero. Una derrota pero digna. De Gaulle decidió potenciar la instalación de centrales nucleares, y así, muerto el perro se acabó la rabia. Actualmente la zona es un erial, despoblación y desestructuración. Eso sí, muy bonito para los urbanitas parisinos amantes de la naturaleza. ¿A qué os suena esto?

Utrillas está hermanada con Decazeville. Supongo que algunos paisanos conocerán esta historia, que durante un tiempo cuestionó al sistema de producción capitalista y a su aliado eterno, el Estado-nación burgués. Hace ya 50 años de eso. El ejemplo está ahi, para quien se quiera acercar y conocerlo. Y aprender. Y construir. Y responder.

400 euros

400 euros no es poco dinero. Con ese dinero tengo para pagar mi alquiler zaragozano y aún me sobraría para hacer la comida normal de varias semanas. Esa cantidad es la multa que les han puesto a dos buenos amigos, por estar sentados en una acera, comiendo una pizza, hace un mes. ¿Dónde? En Zaragoza. ¿Quién? Una unidad de la UAPO. Los mismos que el actual gobierno municipal quiere convertir en agentes de paz y mediación, unos cascos azules con florecitas callejeando por la capi. La multa, un sinsentido. Por eso la denuncio aquí. Otros no tuvieron tanta suerte, ya que estos policias se dedican a amedrentar y perseguir personas en riesgo social o con poca red de apoyo. Lo mejor, es que se disuelvan, tal y como pide Puyalón… el resto, perder el tiempo y jugar a la ONU. ¡Entabán Tamara y Carlos!

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