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Reivindicar la Corona de Aragón. ¿Fake o posverdad?

Ya hace un mes largo de este artículo de reflexión sobre la Corona de Aragón como concepto histórico o reactualización política. Como no soy de lo inmediato, lo dejamos por aquí a modo de repositorio. Tal vez, alguna despistada, lea con interés estas líneas de provocación de nuestro vetusto imaginario colectivo.

Artículo en Lagor.

Artículo en AraInfo.

Mapa de 1854. Explica tantas cosas…

Ni amo, ni patrón, ni rey, ni youtuber alienado que valga. Pensar en reivindicar la Corona de Aragón nos parece impugnar todo, para construir otro tipo de solidaridades. Pero muchas veces parece una posverdad impostada o tal vez una fake news que se vuelve pesadilla cuando el espejo deforme de la realidad atormenta a los pueblos que la constituyeron.

«Monzón fue lugar habitual de Cortes de todos los países que la componían y esta Feria sería, desde la cultura, un guiño a esos encuentros políticos que forman parte de nuestra historia. La idea es volver a ser lugar de encuentro», «queremos que estos días se trate de la importancia histórica de ésta, de cómo se pudo mantener un ente único conservando, en cada país, sus peculiaridades políticas, administrativas y culturales». Chorche Paniello formaba parte del equipo organizador de la Feria del Libro Aragonés (Siete de Aragón, número 349-350, 12-25 noviembre 2001) y en esta entrevista, justificaba la idea de montar un Salón d’o Libro d’a Corona d’Aragón. Y así fue.

Ha llovido mucho desde que los organizadores de la Feria planteaban esta especie de concordia territorial entre valencianos, baleáricos, catalanes y aragoneses. Duró poco pero hizo realidad viejos sueños. Eso es así. Por solidaridad y empatía.

Hace poco leía una afirmación que me dejó bastante perplejo, la escritora y activista Teresa Pàmies planteaba: «debo admitir que los catalanes somos unos ignorantes de la realidad de otros pueblos de España, y sin embargo nos quejamos de que ellos ignoren la nuestra» (recogido en Fernández Clemente, Eloy (2014): Ante Cataluña, p. 55). Esta opinión fue escrita en 1979. En redes la polarización ha crecido, y aun siendo conscientes que el común de los mortales no percibe ese odio, yo tengo la sensación de que las distancias nos matan. «Aragón es Castilla», «Catalanes, golpistas y sediciosos», «Valencianos, corruptos». De todo y para todos. Por ser fino. La autonomización de nuestras realidades ha condicionado mucho las perspectivas que podamos tener sobre realidades históricas o proyectos comunes que no encajan ni con el Estado-nación español (central y jerárquico) ni con la Región-autonomía con aspiraciones legítimas, pero sesgadas en un esfuerzo por reconocer lo propio a partir de diferenciarse del vecino.

El caso es que la Corona de Aragón ya no existe. Ni existirá. Es Historia. Tal y como certifica Norman Davies (Reinos desaparecidos, 2013, pp. 263-264), planteando que es un fantasma historiográfico, perdido en la construcción de los relatos estato-nacionales del XIX. La gente sólo recuerda lo que le enseñan o lo que le interesa, y esta batalla ha sido rotundamente perdida por la vieja Corona. Ahora tenemos historias autonómicas, locales que hacen que la plurinacionalidad emparente mal con las ideas que se han desarrollado en la península Ibérica. Por no hablar de las hordas de la Una, Grande y Libre, pero ese pastel deberíamos degustarlo en otro artículo.

Los Congresos de Historia de la Corona de Aragón han sido una buena muestra de este continuum, aunque sean reuniones científicas, ya que se organizan desde 1908. La memoria colectiva que siempre ha estado ahí, latiendo por algo en común, el deseo de lo prohibido y diferente. Como en 1932, cuando el Centre de Actuació Valencianista apelaba a la gloriosa «Confederació Valenciano-Catalano-Aragonesa», en una de sus memorias de actividades (gracias a Vincent Baydal). La compleja articulación política de la Corona de Aragón medieval -una especie de Commonwealth, tal y como la describió Joan Reglà- desarrolló una cultura federalizante. Una mentalidad que se mantuvo en el tiempo, más allá de su desaparición como estructura de poder político. No es casualidad el fuerte peso del federalismo en los países que conformaron la antigua corona -Pacto de Tortosa, austracistas-, la importancia del republicanismo o la pluralidad política que han desarrollado todas las Comunidades Autónomas enmarcadas en esta pesadilla cuatribarrada. Nos han querido vender una historia cuarteada de España y sus regiones, cuando la historiografía comparada nos muestra que la linealidad y el presentismo llevan a falsos amigos (recomiendo a Ernest Belenguer y La Corona de Aragón en la monarquía hispánica: del apogeo del siglo XV a la crisis del XVII. 2001).

Este anhelo solidario nos lleva a grupos de Facebook que potencian la hermandad entre personas de los antiguos países de la Corona de Aragón (Corona Aragonvm), a encontrar de vez en cuando mapas con léxico común -el famoso olivas contra aceitunas-, a jugar a ligas imaginarias de los equipos de la antigua Corona o a visualizar recorridos de la Vuelta Ciclista a España un tanto distópicos.

Al final nos queda la guerra de banderas, entre unos y otros. Aragón quedó fagocitado económicamente durante el siglo XIX. Las oligarquías locales cerraron muchas puertas. El despegue catalán viene de esa época, el eje social, la lucha de clases y la ruptura de la famosa complementariedad de bienes y servicios. Luego tenemos el relato cultural de los Països y el rechazo posterior; La Llitera es el ejemplo perfecto de incomprensión histórica. Y eso que la necesidad genera fraternidad. En tiempos pasados, el entrismo catalanista operó con cierta vivacidad, aprovechando un desarrollo autonómico que ofrecía servicios y oportunidades a este territorio. La miopía de la DGA también ayudó. El procés y la vuelta a la «Catalunya endins» ha reforzado las identidades hegemónicas a uno y otro lado. La practicidad manda. Lo normal.

Ahora ya no cuela tanto y las pretensiones de los Països Catalans (aquí la última polémica de Moviment Franjolí) aparecen obsoletas. Pierre Vilar lo expone con una vehemencia absoluta, ya que la frontera catalano-aragonesa, sus límites «plantean un problema histórico-geográfico de los más confusos. Aquí la naturaleza no impone nada, no sugiere nada. La historia parece favorable a una fusión desde el siglo XII» (en Cataluña en la España Moderna, 1962), pero su significado se conserva con una definición marcada, moviendo pasiones entre diferentes sectores y sectas. Por no hablar de Valencia. O el campo de minas lingüístico que representa La Ribagorça. Posverdad o fake news… ahí queda la «Corona de Aragón».

Un fantasma recorre Españita, casi no asusta, mayor y cansado, pero sigue ahí, para recordarnos que el futuro puede ser lo que queramos soñar y construir.

Lo rural ha muerto; ¡viva lo rural!

En pocas semanas hará un año que asistí a la presentación del libro de Victor Guiu, Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación (editado por Dobleuve Comunicación). Os dejo mi humilde y sencilla reseña.

El mismo prólogo del libro ya nos avisa de las intenciones del autor. Aunque lo escriba Ernesto Jartillo -sociólogo y librepensador, muy cercano a Víctor-. El éxodo rural lo explica todo y lo demás es relato, un imaginario popular que se ha re-creado desde la cultura urbana. Una idealización, como tantas otras de estas sociedades líquidas, que se nos escapan de las manos, en las que la post-verdad manda más que la reflexión reposada de los procesos en el espacio y en el tiempo.

El libro parte de varios pretextos irónicos. Víctor burla desde la primera página esa pretensión de buscar el «desarrollo holístico», una quimera que va a ir machacando frase a frase. Ya saben los lugares comunes sobre lo rural y la despoblación: el desarrollo sostenible, las sinergias, la vertebración desde supuestos del mercado capitalista, etc. El pueblo como producto turístico, hecho para visitantes, propios y extraños. Lo del espacio vivido queda para poetas, locos y los sufridores cotidianos.

El autor relata a partir de las situaciones de los alumnos en la residencia de estudiantes en la que trabaja durante un curso escolar. Va desgranando una historia múltiple en función de las vidas personales de los protagonistas -Manuel, Fátima, Ainhoa, Santos, Ignacio, Nuria o Valeria-. Estos adolescentes se encuentran en la capital (de provincias) y su denominador común es variado: los problemas normales de su edad (móviles, amores, futuro, disfrute) y que todos vienen de la ruralidad. Son de pueblo.

Esos pueblos de verdad, donde se acaba la carretera. Conocemos muchos en Aragón. Víctor no concreta los lugares exactos, cierto es, que por su origen, alude al sur aragonés. Pero un lugar sin carretera de paso lo tenemos por la Celtiberia, Alto Aragón, la eterna frontera con el País Valenciano, en las Castillas. Pensemos en Aragón, con lógica, lugar de referencia del autor. Sitios a los que se «va de propio» y que son el paradigma del despoblamiento humano. Ahí están los mapicas para corroborarlo, como el 174, elaborado hace no mucho por la Red SSPA.

De los lugares comunes, uno sonríe al leer ideas y percepciones, ya sentidas en algún momento como la anécdota del pueblo al que le estaban arreglando la carretera (p. 31), pero que no la dejen perfecta sino la gente marchará. El hecho de que las autovías o la alta velocidad han provocado un efecto desestructurador, ya que los pueblos quedan apartados y aparcados. Y la gente migra más rápido. Por eso los cuadernos de quejas de algunas plataformas políticas podrían replantearse su reivindicación de megalómanos proyectos de comunicación. Pero esto es otra historia. Como el orgullo de volver al pueblo de fiestas -hace ya unos años que no lo hago, y la nostalgia me secuestra-, algo que permite ver el medio rural lleno, aunque cada vez cuesta más. Todo el libro está salpicado de estas cuestiones, que para la persona que haya vivido en la ruralidad se hacen rotundamente tangibles.

Como hemos dicho la ironía no cesa, ese es el estilo de este «bardo somarda bajoaragonés». Pero es real, como ese apelativo a «los de mantenimiento», los que se quedan en el pueblo durante el largo invierno, o entre semana. Ese «todos nos conocemos», que de obvio nos puede explotar en la cabeza, que genera confort pero otras veces puede volverse contra nosotros y traer soledad.

Lo rural como marca. El desarrollismo de siempre. Y un relato que apela a una total fake new sobre el mundo rural, con el campo como si fuera un vacío que hay que llenar y rellenar de alternativas diseñadas por y para el mundo urbano. Víctor también habla y narra sobre los emprendedores, con un punto más pesimista que optimista, ya que la Arcadia feliz no existe. Nunca ha existido. Ni en lo rural ni en lo urbano. Miren las estadísticas.

Al final el título lo dice todo, muerto lo rural, sólo quedará una suerte de híbrido urbano-rural, con lo que el medio vuelve a reinventarse. A casi todo el mundo le gustan los pueblos pero muy pocos pueden darse gusto de vivir en el mismo. Todo en sí como paradoja, «no hay de nada» y la solución es buscar el macrocentro comercial más próximo. La pandemia nos ha dado de sopetón contra un sistema, que el autor denomina, acertadamente, «globalimbecilización», sin hoja de ruta ni prioridades, un mundo lleno de caos, de ultraindividualismos.

Una mierda. Pero el libre merece la pena. Y mucho. Feliz 2021.

Simone Weil

Mientras haya sobre la superficie del globo lucha por el poder y mientras el factor decisivo de la victoria sea la producción industrial, los obreros serán explotados.

Simone Weil (1957): Opresión y libertad. Buenos Aires, p. 55.

 

Ella vivió y escribió sobre las miserias de la clase trabajadora. En primera persona. Sin tapujos. lo que da valor y empodera toda su producción teórica. Llevaba meses con este artículo atascado, la crisis sanitaria-social desatada por el Covid-19 aparece justo para darle el valor que merece a esta mujer. Simone Weil.

De pensamiento crítico y demoledor, consideraba la opresión de una forma distinta a la versión marxista. No era la propiedad de los medios de producción la causa única de las injusticias sociales, sino la forma que adopta el trabajo en la gran industria. Para Weil, la Revolución Rusa no cambió estos fundamentos de la producción industrial, ya que divinizó a la gran industria, con una creencia ilimitada en el progreso y la ciencia. Simone contrapone cooperación con el hecho de manufacturar en bruto. Casi, de forma invisible, asoma la patita la lógica anticapitalista del decrecimiento. Y esto, en el mundo de entreguerras, hace un siglo.

Ataca la burocratización del movimiento sindical, aludiendo a esa perversa división entre obreros y especialistas. Y por supuesto a la mecanización del trabajo, con los cronómetros, las primas por producir, la competencia. El veneno del taylorismo. En resumen, la insolidaridad en los puestos de trabajo, la destrucción de la conciencia obrera.

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Simone Weil / Fuente: El Viejo Topo 

Simone nació en París en 1909. De familia judía no ortodoxa, estudia filosofía y humanidades en esta ciudad mientras prepara su acceso a la Escuela Normal. En 1931 inicia su trabajo docente en un liceo de Le Puy -cerca de Lyon-, su implicación en manifestaciones a favor de los desempleados le traerán problemas. A partir de 1934 empieza a trabajar como operaria en una fábrica de material eléctrico, aunque lo deja a los pocos meses por problemas de salud, inicia un provechoso Diario de fábrica, en el que plasma las miserias de las condiciones laborales. Va alternando diversos trabajos en fábricas, donde comparte su tiempo libre con los obreros. De esta forma va asimilando todas las miserias, sin sentimentalismos, interiorizando una condición laboral y humana de esclavitud. Fue brigadista internacional en la Guerra Civil española, alistada en la Columna Durruti, participando en el frente de Aragón.

Con la ocupación nazi, los Weil huyen a Marsella, allí Simone entra en contacto con un grupo de mujeres y hombres que plantean vincular las reformas político-sociales a las doctrinas cristianas. Complementa estas relaciones, estudiando filosofía griega e hindú. Su familia toma la decisión de huir a Norteamérica en 1942, concretamente a Nueva York. Se une al Movimiento Francia Libre, volviendo a cruzar el Atlántico, a Londres, pero se encontraba muy mermada de salud, falleciendo de tuberculosis en 1943, con 34 años. Entre su producción escrita, destacamos Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social; o La condición obrera. La editorial Trotta ha publicado una parte importante de sus escritos.

Un legado alejado de trincheras, Simone fue una visionaria al incidir en que la labor revolucionaria ha de ser emanciparnos de las fuerzas productivas, ya que el progreso tecnológico no es ilimitado. Fue oscurecida por no seguir la ortodoxia marxista, en un mundo de blancos y negros. Pero sus textos y memorias no dejan lugar a dudas. Su acercamiento a lo religioso también ayudó en esta sepultura intelectual, igual que su condición de mujer.

Para elaborar el post, he consultado: Ricardo Rodríguez (1994): «Una rebelde con causa: Simone Weil critica la fábrica», en Revista Colombiana de Psicología, número 3, pp. 49-58.

Una década de días nacionales

Al inicio de esta década que ya agoniza, las movilizaciones en torno al denominado «20 d’aviento» eran otra cosa. Había alegría e ilusión. Belloch nos había colocado un gigantesco banderón español en la zaragozana plaza de Aragón. La coordinadora Espanyola, Au d’astí! consiguió buenas cifras de asistencia. Y la bandera se retiró de este espacio tan simbólico.

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Ayer acudí, como casi siempre, a la manifestación convocada por diferentes organizaciones, impulsada sobre todo gracias a Rasmia. Prácticamente era un acto de resistencia y dignidad. Reivindicar que somos pueblo, y también una nación, a pesar de lo que diga el Tribunal Constitucional. A pesar de la evidente falta de unidad ante una fecha tan señalada, el 20 de diciembre de 1591. Día del Justicia, de los derechos y libertades, de la lucha aragonesa. Un Día de Reivindicación Nacional.

Muy poca gente, los fieles y poco más. ¿Qué ha ocurrido para que en una década la gente se quede en casa en una fecha tan especial para el movimiento soberanista? Ojalá tuviera las respuestas. Hastío, cansancio, brechas personales y colectivas, estrategias mal planteadas. Un poco de todo. Cuando resistir no es vencer, cuando la gente joven desaparece de las movilizaciones, cuando otros miran para otro lado…, toca reflexionar y mucho. De esta forma, vamos camino de la nada.

De Tordelpalo a Pardos

El pasado fin de semana estuve por la antigua Comunidad del Real Señorío de Molino y su Tierra, hoy comarca del Señorío de Molina-Alto Tajo (administrativamente, Castilla-La Mancha). Pude visitar Tordelpalo, una pedanía al lado de la carretera general que une Monreal del Campo con Guadalajara, a 8 kilómetros de la cabecera comarcal, Molina de Aragón. Nos enseñaron el pueblo, mi compañera daba una charla sobre su bisabuelo, del que está tratando de reconstruir su biografía. El caso es que en Tordelpalo viven tres personas en invierno, ahora en agosto, con las fiestas a tope, sus calles están llenas de vida, pero es un espejismo bien conocido por toda la Celtiberia.

Los tordelpalinos pertenecieron a la sexma del Pedregal, en el Real Señorío de Molina, hasta 1833, cuando se crearon las provincias actuales. Una «sexma» era una agrupación de aldeas y pueblos, de realengo, que gestionaba bienes comunes, una especie de autogobierno. En Castilla, Comunidades de villa y tierra, en Aragón, las Comunidades de Aldeas.

Tordelpalo dista de Pardos, en línea recta, unos 35 kilómetros, muy poco. Por carretera el tema se complica. Ambos forman parte de la periferia castellano-aragonesa, un área desestructurada en relaciones socioeconómicas, equilibrio población-poblamiento, accesibilidad, y por lo tanto, con mínimas perspectivas de futuro. Algunos sectores lo llaman la «España vaciada». Yo diría, que los gobiernos y regímenes políticos españoles se han encargado, con nombres y apellidos, de saquearla, de provocar su casi desaparición.

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Barranco del río Gallo, cerca de Morenilla. Celtiberia pura

Pardos pertenece a Abanto y se encuentra a orillas del arroyo de Trescastillo, en la sierra de Pardos. Al igual que Tordelpalo, pertenecía a una sesma, la de Ibdes (Comunidad de aldeas de Calatayud).

Conserva su estructura de pueblo tradicional aragonés, aunque expoliado por el paso del tiempo. Pardos tenía 180 habitantes en 1939. En 1970, quedó despoblado. Fue llegar el franquismo y apagarse la luz de sus casas. Y eso que la electricidad no llegó hasta 1957, pero ya era tarde. Ya no vive nadie en Pardos, la gente marchó, estaba lejos de todo (Calatayud, Daroca, Calamocha). Una triste realidad.

Era un pueblo con recursos: pequeños propietarios que se dedicaban al cereal y la vid. Había una vega en Las Cerradillas. El carrascal se dividía en lotes para los vecinos (venta de leña en el Jiloca). Tenían alambique para hacer anís y eran famosos sus jamones curados. Todo esto se acabó.

Aquí ya no hay problemas ni conflictos de ningún tipo. Ni osos, ni luchar por el médico o la escuela, ni ganadería extensiva o intensiva. No hay nada. Ni siquiera el reconocimiento de su existencia, Pardos no tiene  ni el estatus de otros pueblos abandonados. Hay muy poca información, pocos recuerdos.

De Tordelpalo a Pardos. ¿Hay futuro?

Un futuro que es de los valientes. Pero tampoco dejan repoblar, buscar alternativas. Bien lo sabe la gente de Fraguas, en Castilla, que mantiene un litigio con el gobierno castellano-manchego, por reconstruir un pueblo abandonado. Seis años de cárcel les piden a seis de sus repobladores. En Aragón hemos tenido los casos de Sasé o La Selba. Así van las cosas, la propiedad privada por encima de todas las cosas, el postureo fácil, y los pueblos lentamente muriendo.

Francisca, la dignidad de Chanobas

A las luchas, a la historia colectiva, hay que ponerles caras, nombres y apellidos, fotos y frases, compromiso y acción. Cuando escribimos sobre la Dignidad de la Montaña, el fenómeno de la despoblación y la resistencia ante los pantanos, mujeres como Francisca emergen de manera silenciosa y contundente.

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Fuente: eldiario.es

Francisca Castillo nos dejó el pasado 9 de julio, a los 92 años. Pudo ver cómo el pueblo volvía a la vida. Aunque nadie le pidiera perdón por el salvaje desalojo de los años ochenta. Ella y su marido, Emilio Garcés, fueron expulsados un 20 de enero 1984 por la Guardia Civil, dinamitaron su casa para que no pudieran volver. Llevaban resistiendo bajo amenazas dos décadas. En 2005 se desestimaba el proyecto, la CHE inició el proceso de reversión en 2008. Pero la herida estaba hecha, 400 personas expulsadas en su momento de Chanobas, Lavelilla y Lacort. La Solana desvertebrada.

Iberduero (ahora Iberdrola), el gobierno del PSOE, la CHE, anteriormente el dictador Franco y sus gobernadores. Ahora la burocracia administrativa. Todos cómplices de esta sangría.

Paca, la dignidad de un pueblo que no rebla. y que ahora busca confort en una rehabilitación, dolorosa por lo vivido. Para el Estado, hay víctimas de primera clase, y otras víctimas que se tienen que buscar la vida.

Nosotras, te recordaremos. Y no olvidaremos todo lo que sucedió.

Aragonesizar en tiempos difíciles

En el centro de educación de adultos donde estuve trabajando, me encontré un libro muy curioso y del que no conocía su existencia. Se titula Soy aragonés, y fue publicado por la mítica Guara Editorial allá por 1979, se trata de una obra colectiva muy del gusto de la época. Está dirigido a niñas y niños, proyectando una idea de aragonesizar a las futuras generaciones, en un momento complejo e ilusionante, el de la preautonomía.

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El texto ya era desgarrador, con esa descripción del Aragón vacío, de emigración y éxodo rural, despoblación, país de nulas inversiones, muy costiano todo, y en la línea del relato aragonesista de la época. Por allí aparecen las centrales nucleares, las bases militares, el caciquismo…

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40 años de ese libro. Hoy parecería imposible plantear un texto con unos contenidos tan directos, hablarían de «adoctrinamiento» y el blablabla convencionalista de siempre. Pero ni la Constitución del 78 ni el Estatuto de Autonomía han logrado revertir el panorama de este libro. Y aquí debajo os dejo unos versos de Emilio Gastón, que aparecen en las últimas páginas… ¡Vivimos en bucle!

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In memoriam. Chesús Bernal falleció el pasado 22 de marzo a los 59 años de edad. A pesar de las diferencias, este artículo pretende ser un homenaje a personas como el, a ese aragonesismo que se empezó a labrar durante los años de este viejo libro, la base sobre la que nos hemos apoyado muchas otras.

¿Rompiendo moldes?

De 264 referencias etiquetadas a personas en este blog, sólo 30 son a mujeres. Un 11% en total.

Este terrible dato me sitúa perfectamente en mi pasado personal y creativo. Pensar lo anticolonial, opinar sobre la actualidad, pero olvidando la perspectiva de género. Como los cambios se inician desde uno mismo, vamos poco a poco lanzando una mirada violeta desde este blog.

feminismo
Fuente: Teletrece

Como previa del Día de la Mujer Trabajadora, en el centro de educación donde trabajaba se organizó un acto bajo el título «Rompiendo moldes», nos juntaron a cinco personas vinculadas a la comunidad (alumnas de distintas edades, profesorado). Y gracias a la invitación pude expresar en voz alta lo que siento/pienso sobre el tema.

En mi breve intervención de tres minutos, incidí en tres verbos para responder a la pregunta clave ¿cómo rompemos moldes?

  • Ser/estar feminista: deconstruir todos los tics heteropatriarcales, cambiando hacia una nueva masculinidad (cuidados, empatía, asertividad…). Estamos en ello.
  • Educar: en lo profesional toca trabajar por la igualdad, un compromiso que viene del primer verbo pero que adquiere dimensiones gigantescas en mi especialidad (Ciencias Sociales). Vídeos, debates, desmontar tópicos y medias verdades, trabajar la invisibilización de la mujer…, en lo educativo, todo un proyecto de vida.
  • Denunciar: por coherencia, la clave colectiva. El capitalismo heteropatriarcal  basa su dominio en  las identidades exclusivas -machistas, racistas, clasistas, lgtbifóbicas-. Ahí tenemos el bus de Hazte Oir para recordarlo.

 

 

 

 

 

Un silencio que se va haciendo eco

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Este viaje ya lo hemos ido contando en El maestro de Tordelpalo. Sandreta encontró la foto que buscaba y más cosas de su bisabuelo, su firma, escritos y ahora alguna incógnita más…

Leed el artículo por aquí:

Juan López Villarreal, el maestro de Tordelpalo.

Quiénes eran: Juan López Villarreal, el maestro de Tordelpalo (Guadalajara).

Damos difusión y recomendamos el documental «El silencio de los otros», muy empático, que narra perfectamente el sufrimiento de tanta gente ante la impunidad de la dictadura franquista.

 

 

 

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