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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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independentismo

Hipólito y el qué dirán. Aragonesismo de confinamiento.

Artículo publicado en ARAINFO y LAGOR.

Hipólito Gómez de las Roces nunca se ha cansado de escribir sobre la necesaria unidad electoral del aragonesismo, entre CHA y PAR -cuando ambos tenían sobre un 20-25% de votos-, eso sí, con sus líneas rojas sobre el tema: sano regionalismo, la opción territorial es una ideología neutra, de centro. Su blablablá. También apuntó, que de lo contrario, ambos partidos pasarían a ser cadáveres sucursalistas del centralismo. Esto va de los años 2007, 2008… Y esa profecía al final se terminó cumpliendo una década después. En la doble tanda de las generales del año pasado, el PAR renunció a participar de la «fiesta de la democracia», mientras CHA cooptaba con el entramado errejonista de Más País.

¿Qué opinará Hipólito, de Teruel Existe? Creo que no lo verá con malos ojos, a pesar de que su partido militante ha sido uno de los principales culpables de la situación de Teruel y comarcas del sur. También hay analistas optimistas, como Edu García, que interpretan una base progresista tanto en su electorado como en sus propuestas, apelando al sentido común -gramsciano- de la gente. ¿Es esto lo que buscábamos, no? Seguimos hablando de representantes en Madrid. El ir y venir de las organizaciones aragonesistas a lo largo de su historia puede tener un referente en lo que haga Teruel Existe; quizá el romper su virginidad política pueda ser beneficioso para construir el nuevo relato, que está muy alejado de los pensamientos de Hipólito.

¿Bandera de la España vaciada ¿del Aragón despoblado? ¿desmantelado? ¿colonizado? Dependerá más de lo que dure la legislatura, un asunto algo pragmático, pero que abre una ventana de oportunidad a esta agrupación electoral siempre y cuando se cumplan algunas de las promesas pactadas o reivindicadas. El resto, es territorio conocido. Ser la voz de «X», ampliar sus posibilidades, el eje inclusión-exclusión o el doble regionalismo que postula (hacia Aragón y desde Teruel).

La idea de tener un representante en Madrid no es nueva. Aunque hay formas y formas, los casi 20.000 votos a Teruel Existe la convertían en la fuerza más votada en este territorio; en el 2000, Labordeta necesitó unos 65.000 votos (12,8%) para obtener su escaño por Zaragoza. El agarrarse al poder para que Aragón tenga un representante de sus intereses. El año 2008 fue el primero en que no hubo ningún parlamentario de un partido aragonés (de obediencia propia), desde 1977. Aquello era un aviso, y una década después se ha confirmado: el aragonesismo electoral está casi finiquitado con las formaciones políticas de siempre. Y tampoco nos hemos rasgado las vestiduras por ello.

El imaginario de estas formaciones gira alrededor de los temas de siempre. Repasemos y recordemos un poco. El Estatuto de Autonomía, un instrumento que da igual las competencias que tenga, si se recentraliza cada dos por tres. ¿Está obsoleta la reforma de 2007? Lo más importante estriba en que ha de cumplirse. ¿En cuántas ruedas de prensa Lambán no menciona la financiación? ¿Y el agua? El relato del pacto de los embalses, desarrollismo contra sostenibilidad, con la cabezonería en recrecer Yesa, entubar el Jalón para Mularroya o malvender la economía y el territorio en Biscarrués -mientras escribo esto, la justicia «tumba» este proyecto-. Un relato bien alimentado por el lobby agroalimentario de siempre, y que hace de palanca paradójica, cuando tenemos nuevas fuerzas en las cortes aragonesas que están a favor del trasvase del Ebro (Vox y Ciudadanos). Otro tema son las fronteras, somos país de acogida y de línea divisoria con el Estado francés, pero siempre estamos dando vueltas a lo mismo (el Canfranc, los gobiernos centrales y sus ninguneos) y encima con un anticatalanismo que lo estropea todo, ¿os acordáis de la Eurorregión? Y por supuesto, las infraestructuras internas, sin conexión de cercanías, con unos trenes «regionales» dignos de una mala película sobre el imperialismo británico, con la mentira del AVE y muchas carreteras estatales sin desdoblar. El paro y la precariedad no sólo forman parte del imaginario actual, siempre han estado ahí, con una Unión Europea austericida, que condiciona el autogobierno y sin un Marco Aragonés de Relaciones Laborales que nos permita decidir lo que queremos hacer en cuestiones de convenios y sectores productivos. En este breve repaso, queda el pactismo, esas sagradas coaliciones que cada vez se parecen más a extrañas nebulosas, transversales, en las que el PSOE se mueve de lujo. La foto del último gobierno autonómico lo dice todo. «Paremos a la ultraderecha», y se acabó el relato.

Con este panorama político, no nos puede extrañar que entre un 60-70% de los aragoneses se sientan tan españoles como aragoneses. Esta identidad dual, neutra, carece de conflictividad a nivel territorial. Ha ido fluctuando con el tiempo, pero parece reforzarse en los últimos años. Si vivimos en un Estado como el español, en una sociedad capitalista y consumista que no nos trata como seres autónomos a nivel colectivo, estamos siendo colonizados y esto es duro, jodido de admitir, en el Primer Mundo. Pero es así. Es lo que el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel, llama la zona del ser y la zona del no ser, que se aplica para los denominados estudios decoloniales, centrados en criticar la colonialidad del poder y del saber anglosajón sobre Latinoamérica, África o cualquier espacio racializado. El ser te define y redefine, te clasifica y te sitúa en la línea de lo normal (España, Régimen del 78, descentralización autonómica, pactismo socio-económico), a partir de ahí jerarquiza la zona del no ser, en la que sitúa a las identidades aragonesas, no hay dualidad posible en este marco, ya que el ser significa aceptar el imaginario aragonesista de siempre, y el no ser te catapulta a la difamación pública y constante. Heraldo de Aragón ejerce perfectamente de juez y parte respecto a esta cuestión. Desgraciadamente, casi todo el aragonesismo ha jugado en el terreno del ser, sólo así se entienden las declaraciones -algo frecuentes- que realizaba José Antonio Labordeta respecto a la independencia de Aragón: «los aragoneses éramos un poco brutos, pero no tontos. Espero que ahora no nos estemos volviendo tontos» (El Periódico de Aragón, 7 de agosto de 2005). Pero esto no va de ser independentista o no, más bien de comprender que el Ser en España lleva un camino que no nos permite Ser (existir) como pueblo autónomo. Es una estrategia fallida, un imposible para el imaginario aragonesista.

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Casco antiguo de Calatayub, el ejemplo perfecto del Ser colonial normativo

Ellos tienen su verdad absoluta (el ser) y a partir de esta idea clasifican todo lo demás en términos de inferioridad y subordinación (el no-ser), lean este artículo sobre la irrupción de Teruel Existe en el Congreso. El ser (español) en su quintaesencia. Y es sólo una pequeña muestra. Ellos, el nacionalismo español, dominan la idea de civilización (supuesta, claro), con lo que esa identidad dual es una trampa, un aviso para navegantes sobre las líneas rojas que nunca hay que atravesar. Incluso para los situados en la zona del no-ser, como Puyalón de Cuchas, este marco de construcción de relato se hace duro, y ante una situación de crisis o desmovilización, se opta por un pragmatismo pedagógico que dadas las capacidades, también produce frustración. Tampoco se trata de tirar del manual antiespañolista. Se trata de construir otro imaginario, que no va de tener representantes en Madrid ni de dar vueltas a los temas de siempre.

«El qué dirán» era la frase más repetida por las feministas que lucharon a caballo del XIX y XX, ni María Domínguez ni Teresa Claramunt, tuvieron miedo en subir al estrado para decir las verdades que defendían, rompieron la zona de confort para denunciar la discriminación patriarcal sobre las mujeres. Ni Hipólito ni el PAR ni la CHA buscan construir otro imaginario. Excusas no faltarán nunca. Y autocomplacencia tampoco.

Aragón ha fallecido de éxito. Ese es el relato que nos transmiten, el del Ser. Aragón en España. Y se acabó. La Ronda de Boltaña ya cantaba allá por el 2001, en su Manifiesto de Invierno, la apelación a «¡Siete llaves al sepulcro de Costa!». En clave identitaria nos ha matado el que dirán…, las consecuencias las tenemos en esa falta de todo para ser una colectividad consciente. Podemos quemar nuestras naves y huir de las posiciones de siempre, ¿es esa nuestra tarea? Creo que no. Lo inteligente sería reconstruir desde un nuevo marco, entendiendo que no es el que hemos sustentado hasta ahora. Por miedo y comodidad, la conciencia nacional aragonesa ha dejado de latir a las velocidades del pasado.

Fijáos en esta opinión de hace casi un siglo: «he pasado por todos los movimientos aragonesistas, pero afirmo que el movimiento para triunfar, tiene que salir de los pueblos y no de las capitales» («Los precursores del aragonesismo (1978)»en Eloy Fernández Clemente (2014), Ante Cataluña), esta afirmación es de Gaspar Torrente, una figura histórica del soberanismo aragonés en clave de clase y por compromiso internacionalista. Ha pasado mucho tiempo de esa frase, el tiempo largo en historia, pero parece que vuelve con intensidad, como un guiño para este nuevo relato del que obviamente, sólo apunto reflexiones. Esto es una tarea de todas.

¿Ha de centrarse el movimiento soberanista en lo rural? ¿o llegamos tarde en esta estrategia? ¿desde dónde construimos el nuevo relato? El Ser que nos han impuesto ya vemos para qué sirve, una estrategia de dominación, en lo simbólico y en lo material, que mientras no rompamos a todos los niveles, seguirá imponiéndose sobre nuestras vidas. Defender las soberanías, que son variadas y se comunican unas con otras, apelar a la autogestión ya que no nos van a regalar nada, fracturar su relato, en el que yace secuestrado el aragonesismo clásico, de sillón y consejería. ¿Dónde se habla de la clase trabajadora? Claro, luego nos pasará como a los italianos…

Es duro aceptar que sólo con nuestra actitud se puede romper este relato. La militancia es uno de los saberes críticos que debemos aprender y reaprender. Y el reconocer a otras, como agentes afines, en igualdad de condiciones, aunque hayamos estado mucho tiempo obviando su trabajo. Y en tantas cosas, que nos debilitan por egos e historias del pasado. Estamos a tiempo de rehacer todo.

Una década de días nacionales

Al inicio de esta década que ya agoniza, las movilizaciones en torno al denominado «20 d’aviento» eran otra cosa. Había alegría e ilusión. Belloch nos había colocado un gigantesco banderón español en la zaragozana plaza de Aragón. La coordinadora Espanyola, Au d’astí! consiguió buenas cifras de asistencia. Y la bandera se retiró de este espacio tan simbólico.

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Ayer acudí, como casi siempre, a la manifestación convocada por diferentes organizaciones, impulsada sobre todo gracias a Rasmia. Prácticamente era un acto de resistencia y dignidad. Reivindicar que somos pueblo, y también una nación, a pesar de lo que diga el Tribunal Constitucional. A pesar de la evidente falta de unidad ante una fecha tan señalada, el 20 de diciembre de 1591. Día del Justicia, de los derechos y libertades, de la lucha aragonesa. Un Día de Reivindicación Nacional.

Muy poca gente, los fieles y poco más. ¿Qué ha ocurrido para que en una década la gente se quede en casa en una fecha tan especial para el movimiento soberanista? Ojalá tuviera las respuestas. Hastío, cansancio, brechas personales y colectivas, estrategias mal planteadas. Un poco de todo. Cuando resistir no es vencer, cuando la gente joven desaparece de las movilizaciones, cuando otros miran para otro lado…, toca reflexionar y mucho. De esta forma, vamos camino de la nada.

Fobia á los suenios

En un rezién articlo de José Luis Melero aparixe a ideya de que «sólo se puede ser aragonés» en una Espanya autual, crebata e polarizata. Os aragoneses acostumbramos de cayer bien en a resta d’o Estau -a famosa clamor entre Castilla y Catalunya-, un mantra vazío pa chenerar espazios de confort. Si güellamos os datos d’o CIS sobre sentimiento nazionalista en Aragón, a baxada d’a identidat propia contina. 

Melero ye uno d’os inteleutuals autuals que emparan o discurso de Chunta Aragonesista: o seny federalista -país de países-. En Aragón «mái enradigó l’independentismo», per ixo plega o Trebunal Constituzional y atura la Lei de Dreitos Istoricos

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Soro, CHA, PSOE y atras amigas

¿Bi ha vida més dillá de iste aragonesismo? Si repensamos os problemas d’Aragón, ye de dar que sí. O buenismo de Melero ye un «cordón sanitario» pa siñalar á os buenos aragoneses y á os que son periglosos con ixa Espanya desfeita. Entremistanto, Chunta proposa una compleganza de totas as cuchas, ¿seny u sillonitis?

 

Derechos históricos e incomodidades

portada ABC

La Ley de Actualización de Derechos Históricos es bella, bonita, poética. No vamos a engañar desde un blog que explora el pensamiento anticolonial aragonés. Y por una vez, hablan de nosotras desde la caverna, y no por los suspiros vasallos de Lambán, si no por la «deriva nacionalista» tal y como titulaba ABC en su portada del pasado miércoles. El españolismo busca arrinconar al PSOE y en este caso alinear al PSOE dentro del eje del mal peninsular.

Pero la realidad aragonesa es otra. Cierto. Somos un «país con identidad y espacio jurídico, político y cultural propios». Ahí está la historia de Aragón. Y sus asimilaciones y procesos de conquista. Una ley es sólo una ley. Parece mucho, pero al final, es la voluntad popular de permanencia y transformación la que te define y reconoce como Pueblo. Por eso esta ley es bella. Y felicito a CHA, pero también es cierto que los problemas seculares de este país no se resuelven con autogobierno ni autonomías supletorias. Se resuelven co soberanía.

Percibo incomodidad en ciertas posturas de la intelectualidad aragonesa. Se defiende pero matizando. Unos con la sempiterna tradición federalista del aragonesismo, otros teorizando sobre nacionalidades, la transición y subterfugios dispares. Y también, los constitucionalistas del régimen, legitimando su idea (falsa, invent) de que Aragón se creó con la sacrosanta.

Pregunta de verano, si se abole la Nueva Planta, ¿tenemos derecho a una referéndum de autodeterminación? ¿o seguiremos con el encaje y el pasteleo de siempre?

Sardigna: #nacionsinEstado 2

La isla de Cerdeña tiene una extensión de unos 23.000 km2, con una población de un millón y medio de habitantes -la mitad de extensión que Aragón y más densidad humana-. Se trata de un país montañoso, el 80% del territorio son montañas o colinas. Su historia obedece a las continuas ocupaciones por el control del Mediterráneo: vándalos, bizantinos, pisanos, genoveses. Hasta la Corona de Aragón dominó la isla desde finales del siglo XIII hasta 1718. Quizá de ahí le venga su sentido de libertad y autonomía. La creación de Italia como Estado supuso un rápido proceso de italianización, surgiendo movimientos que denunciarían esta colonización. Económicamente, el sector primario sigue teniendo una gran importancia (gracias a la cabra y el criado de oveja); se extrae el 75% del granito del Estado italiano, tiene importantes enclaves petroquímicos y químicos, y por supuesto la hipertrofia del sector servicios, con un importante lugar para el turismo (sol y patrimonio). A pesar de todo esto, la emigración como forma de vida (el paro juvenil alcanza al 56% de sus gentes, uno de los más altos de la Unión Europea). 

bandera cerdeña

El sardo es una de las lenguas latinas más arcaícas. Lo habla el 70% de la población de la isla (sobre un millón de personas), y está conformado por un variado conjunto de dialectos.

El sardismo como movimiento, ha tenido tres formas de construir su identidad, la primera, de carácter reactivo, como respuesta a la modernización extranjera, la cual operó en el XIX y se asemejaría al carlismo aragonés. La segunda, aparece como denuncia a la uniformidad impuesta por el Reino de Piamonte-Cerdeña, con lo que se defienden los intereses sardos. Y la tercera corriente, que operará bajo coordenadas autonomistas, relacionadas con toda la cuestión meridional italiana, reproduciendo los privilegios de la élite económica de la isla.    

El primer referente político de importancia lo tenemos en el Partito Sardo d’Azione, que surge como grupo agrario-populista en el período de entreguerras, de discurso regionalista, llegó a obtener un 28% de los votos en las elecciones legislativas de 1921.

En la posguerra el sardismo quedará anclado, con un lenguaje y esquema político propio del período anterior. Figuras históricas como Lussu optaron por la izquierda claramente, abandonando al agrario y localista PSdA. El autonomismo impregna a otras fuerzas políticas de obediencia central, como la Democracia Cristiana o el Partido Comunista Italiano. Cerdeña pasa a tener en 1948 un estatuto especial, lo cual contenta a las élites dirigentes del país. 

En los sesenta surge el independentismo con fuerza, encabezado por figuras como Michele Columbu o Antonio Simon-Mossa, en una línea táctica que denunciaba la colonización de la isla, la vía sarda al socialismo y la independencia como única solución. Esta izquierda anticolonial hará presión interna en el PSdA. En los setenta, se redefine el sardismo, gracias al trabajo de grupos culturales como Città e Campagna (Ciudad y Campo), o la llegada de una nueva generación de activistas, hijos de emigrantes, que se han socializado bajo valores de la izquierda antisistema. Se crea Su Populu Sardu (El Pueblo Sardo), para actuar en el campo político, combinando el sardismo clásico con las nuevas luchas de inspiración tercermundista. SPS opera de forma similar a Puyalón en Aragón -cada uno en su escala-, tratando de agrupar un bloque social anticolonialista, defendía un estándar para la lengua sarda -ante la complejidad dialectal del país- y electoralmente buscó frentes comunes con sectores indepes del PSdA -sin mucho éxito-.

Los ochenta refuerzan el papel del PSdA, al que acceden cuadros del SPS, llevándolo hacia una línea estratégica en defensa de una república sarda. En paralelo conviven grupos culturalistas, que teorizan desde una óptica mediterránea y libertaria. La defensa del sardo se organiza en torno a la Sotziedade pro sa Limba Sarda. De esta forma el PSdA muta, alejándose del autonomismo institucional y virando hacia posturas más obreras y de identidad, aunque su composición mesocrática no le permite plantear un movimiento popular de cambio (antisistema), lo cual genera frustración entre sus votantes (Roma no hace caso) y situaciones de tensión entre vanguardias jóvenes y viejas.   

En la actualidad el movimiento sardo existe en una variada sopa de letras, con el PSdA, Sardigna Natzione -independentistas y socialdemócratas-, Indipendèntzia Repubrica di Sardigna -de centro-izquierda-, Progres Progetu Repùblica, y unos cuantos más. Una histórica tendencia a las escisiones, que vino aderezada por la existencia de grupos paramilitares de liberación -como el Fronte Nazionale de Liberazione de sa Sardigna; socialista; y el derechista Movimentu Nazionalista Sardu-. Los servicios secretos italianos han buscado la forma de relacionar todo el sardismo con la violencia, y esto ha generado nuevas tensiones, como la desaparición en 2015 de A Manca pro s’Indipendentzia.

Más info en:

Núñez Seixas, Xosé M. (1998): Movimientos nacionalistas en Europa. Siglo XX. Madrid, Síntesis. Wikipedia: Nacionalismo sardo.


Punto de no retorno

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El tema catalán está en un punto de no retorno. Nada será igual. El Estado ha mostrado todas sus cartas, sobre todo las duras, a la negación de las urnas, le ha seguido la persecución judicial y ahora el inicio del aplastante artículo 155 de la Constitución -una Nueva pero vieja Planta- que reforzará el relato emancipatorio del catalanismo.

El independentismo no tiene mala salida. Electoralmente se puede mantener o incluso aumentar su peso. bien es cierto, que la cocina de los aparatos del Estado puede estar preparando una ilegalización ad hoc para aquellas formaciones que expongan una hoja de ruta en sus programas políticos. Se veía venir. La cárcel como forma de vida. Y si ejecutan ese golpe de estado, el españolismo tratará de colonizar ese micro aparato ideológico de Estado que ha ido gestionando y legitimando Catalunya desde los años ochenta. Violencia simbólica, que diría Bourdieu.

Desde grupos más neutros, bajo el concepto de #hablamos se quiere huir de la leyenda negra, esas «Dos Españas» irreconciliables, buscando el positivismo en movilizaciones que han sido como minireplicas de lo que iba a venir:  las movilizaciones del 11-M, el No a la Guerra y el 15M. Píldoras que demostraron el inmovilismo del grupo «pro-sedición», el que promueve un suicidio bajo las cadenas del Estado, el todo arado y bien atado.

No negaré que esto es la democracia, mal entendido el término, en un Estado fallido -que diría mi querido Fernando-, dentro del marco de representatividad política que nos dejan las élites financieras -con la UE como telón de fondo, otra verja más que saltar-. Una dictablanda, en la que muchas hemos desconectado hace tiempo. La identidad es una decisión personal que se construye colectivamente bajo elementos de variado tipo. Juzguen ustedes, que la cosa se está poniendo muy fea.

Saboya, Aragón y Catalunya

 

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Leyendo Reinos desaparecidos (de Norman Davies), os resumo unos párrafos sobre Saboya:

En 1998 la Liga Saboyana realizó una declaración de independencia que todo el mundo ignoró, publicando un proyecto constitucional para la federación de Saboya. El caso es que esta organización había tenido modestos resultados en las elecciones locales (un 5-6% de los votos). No era una locura. Pero una cosa es construir un movimiento independentista y otra tirarse a la piscina ante la mirada «contraria» de tu población. Ese plebiscito, tratado de farsa tiene relación con esto otro que cuento aquí: en 1860 Francia se anexiona la Saboya mediante un referéndum un tanto amañado. En su momento protestaron, ya que no representaba la voluntad del pueblo. París reaccionó rápido, enviando 10.000 soldados para instaurar la pax romana. Así funcionan los Estados-nación. Te asimilan y ni preguntan.

¿Qué ocurrirá el 1-O? No lo sé. Es muy probable que a medio plazo Catalunya se independice. Mientras tanto, el Aragón disidente trata de controlar la purria españolista, que ha pasado de banal a proactiva. Puyalón y Purna organizaron el sábado pasado una votación simbólica. La democracia ante todo, la de verdad, la popular. Otros, se esconden, o azuzan clichés del pasado, lean a la intelectualidad labordetiana esgrimiendo un historicismo mal entendido. Aragón no desaparece, permanece. Pero los tambores de guerra, necesitan de otras herramientas para esta vieja colonia, asimilada desde 1707, y a cuya población nunca se le preguntó lo que quería ser. Decapitado Lanuza. Nueva Planta y a correr.

Rebelión, represión y fascinación

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Esta semana tocaba escribir del proceso de desconexión catalán y la reacción jurídico-policial por parte del aparato del Estado. Ha sido comenzar el mambo y de repente el choque de trenes se ha convertido en una busca y captura de urnas. Se veía venir que el gobierno del PP tenía su plan de intervención bien preparado desde hace meses. Lo bonito ha sido ver a la gente normal, en las calles, manifestándose, ejerciendo sus derechos y lanzando un mensaje claro: queremos votar, esta rebelión no la para nadie.

El curso de los acontecimientos mueve a todas las piezas del tablero del Estado. La oportunidad de fracturar el régimen del 78 es casi única. Por eso se vetan charlas de apoyo, se arrancan carteles o se trata de perseguir e identificar a toda persona que se salta la línea roja del status quo. Mientras tanto el cuñadismo tragando bilis y ejerciendo de tonto útil para un Estado fascistoide, incapaz y con tintes totalitarios.

Veinte años de vaivenes aragoneses

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Protesta contra la bandera española en Zaragoza, 2008

Hace veinte años, cuando me incorporé a la participación política, el debate sobre la crisis de los Estados-nación estaba en auge. Era un momento en el que la Unión Europea auspiciaba fenómenos como el neorregionalismo, con toda esa pléyade de comités de regiones y ciudades, los meso-espacios, la percepción de tener menos Estado, o de que se gestiona mejor desde la cercanía. Parecía un horizonte claro y sin vuelta a atrás. Había que aligerar competencias hacia los escalones inferiores. Aquí cabía todo, desde los fondos de desarrollo rural hasta panaceas autodeterminísticas. Aragón pululaba en medio de todo esto, en una época de vino y rosas para el aragonesismo político-cultural. El PNV y CiU cerraban filas, cada uno en su estilo. Todo era posible.

Mayo de 2017. El mundo al revés. Más crisis, porque esto lo llevamos labrando desde finales de los setenta. Y más Estado. Los experimentos, con gaseosa. Atacar a lo cercano. Todo por el déficit. Y a centralizar. Por toda la Unión Europea. Como es época de rupturas, ya hemos tenido un referéndum (el escocés). El catalán, se está fraguando. Y los vascos van reorganizando su escenario post-ETA. Lo que no cambia es Aragón, sigue en medio, absorto a todo, y zarandeado por unos y otros. El aragonesismo del vino, ya pachucho. Unos en el gobierno, suspirando por tonterías. Y otros esperando, madurando el pedaleo, porque todo llega.

¿O no? El futuro es incierto. Pero la certeza de que no regalarán nada, debe hacernos más fuertes y pensar que debemos seguir caminando, colectivamente, para liberarnos de esos vaivenes, que son cíclicos. Y cada momento, tiene sus sinergias.

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