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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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independencia

Fobia á los suenios

En un rezién articlo de José Luis Melero aparixe a ideya de que «sólo se puede ser aragonés» en una Espanya autual, crebata e polarizata. Os aragoneses acostumbramos de cayer bien en a resta d’o Estau -a famosa clamor entre Castilla y Catalunya-, un mantra vazío pa chenerar espazios de confort. Si güellamos os datos d’o CIS sobre sentimiento nazionalista en Aragón, a baxada d’a identidat propia contina. 

Melero ye uno d’os inteleutuals autuals que emparan o discurso de Chunta Aragonesista: o seny federalista -país de países-. En Aragón «mái enradigó l’independentismo», per ixo plega o Trebunal Constituzional y atura la Lei de Dreitos Istoricos

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Soro, CHA, PSOE y atras amigas

¿Bi ha vida més dillá de iste aragonesismo? Si repensamos os problemas d’Aragón, ye de dar que sí. O buenismo de Melero ye un «cordón sanitario» pa siñalar á os buenos aragoneses y á os que son periglosos con ixa Espanya desfeita. Entremistanto, Chunta proposa una compleganza de totas as cuchas, ¿seny u sillonitis?

 

Derechos históricos e incomodidades

portada ABC

La Ley de Actualización de Derechos Históricos es bella, bonita, poética. No vamos a engañar desde un blog que explora el pensamiento anticolonial aragonés. Y por una vez, hablan de nosotras desde la caverna, y no por los suspiros vasallos de Lambán, si no por la «deriva nacionalista» tal y como titulaba ABC en su portada del pasado miércoles. El españolismo busca arrinconar al PSOE y en este caso alinear al PSOE dentro del eje del mal peninsular.

Pero la realidad aragonesa es otra. Cierto. Somos un «país con identidad y espacio jurídico, político y cultural propios». Ahí está la historia de Aragón. Y sus asimilaciones y procesos de conquista. Una ley es sólo una ley. Parece mucho, pero al final, es la voluntad popular de permanencia y transformación la que te define y reconoce como Pueblo. Por eso esta ley es bella. Y felicito a CHA, pero también es cierto que los problemas seculares de este país no se resuelven con autogobierno ni autonomías supletorias. Se resuelven co soberanía.

Percibo incomodidad en ciertas posturas de la intelectualidad aragonesa. Se defiende pero matizando. Unos con la sempiterna tradición federalista del aragonesismo, otros teorizando sobre nacionalidades, la transición y subterfugios dispares. Y también, los constitucionalistas del régimen, legitimando su idea (falsa, invent) de que Aragón se creó con la sacrosanta.

Pregunta de verano, si se abole la Nueva Planta, ¿tenemos derecho a una referéndum de autodeterminación? ¿o seguiremos con el encaje y el pasteleo de siempre?

Punto de no retorno

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El tema catalán está en un punto de no retorno. Nada será igual. El Estado ha mostrado todas sus cartas, sobre todo las duras, a la negación de las urnas, le ha seguido la persecución judicial y ahora el inicio del aplastante artículo 155 de la Constitución -una Nueva pero vieja Planta- que reforzará el relato emancipatorio del catalanismo.

El independentismo no tiene mala salida. Electoralmente se puede mantener o incluso aumentar su peso. bien es cierto, que la cocina de los aparatos del Estado puede estar preparando una ilegalización ad hoc para aquellas formaciones que expongan una hoja de ruta en sus programas políticos. Se veía venir. La cárcel como forma de vida. Y si ejecutan ese golpe de estado, el españolismo tratará de colonizar ese micro aparato ideológico de Estado que ha ido gestionando y legitimando Catalunya desde los años ochenta. Violencia simbólica, que diría Bourdieu.

Desde grupos más neutros, bajo el concepto de #hablamos se quiere huir de la leyenda negra, esas «Dos Españas» irreconciliables, buscando el positivismo en movilizaciones que han sido como minireplicas de lo que iba a venir:  las movilizaciones del 11-M, el No a la Guerra y el 15M. Píldoras que demostraron el inmovilismo del grupo «pro-sedición», el que promueve un suicidio bajo las cadenas del Estado, el todo arado y bien atado.

No negaré que esto es la democracia, mal entendido el término, en un Estado fallido -que diría mi querido Fernando-, dentro del marco de representatividad política que nos dejan las élites financieras -con la UE como telón de fondo, otra verja más que saltar-. Una dictablanda, en la que muchas hemos desconectado hace tiempo. La identidad es una decisión personal que se construye colectivamente bajo elementos de variado tipo. Juzguen ustedes, que la cosa se está poniendo muy fea.

Saboya, Aragón y Catalunya

 

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Leyendo Reinos desaparecidos (de Norman Davies), os resumo unos párrafos sobre Saboya:

En 1998 la Liga Saboyana realizó una declaración de independencia que todo el mundo ignoró, publicando un proyecto constitucional para la federación de Saboya. El caso es que esta organización había tenido modestos resultados en las elecciones locales (un 5-6% de los votos). No era una locura. Pero una cosa es construir un movimiento independentista y otra tirarse a la piscina ante la mirada «contraria» de tu población. Ese plebiscito, tratado de farsa tiene relación con esto otro que cuento aquí: en 1860 Francia se anexiona la Saboya mediante un referéndum un tanto amañado. En su momento protestaron, ya que no representaba la voluntad del pueblo. París reaccionó rápido, enviando 10.000 soldados para instaurar la pax romana. Así funcionan los Estados-nación. Te asimilan y ni preguntan.

¿Qué ocurrirá el 1-O? No lo sé. Es muy probable que a medio plazo Catalunya se independice. Mientras tanto, el Aragón disidente trata de controlar la purria españolista, que ha pasado de banal a proactiva. Puyalón y Purna organizaron el sábado pasado una votación simbólica. La democracia ante todo, la de verdad, la popular. Otros, se esconden, o azuzan clichés del pasado, lean a la intelectualidad labordetiana esgrimiendo un historicismo mal entendido. Aragón no desaparece, permanece. Pero los tambores de guerra, necesitan de otras herramientas para esta vieja colonia, asimilada desde 1707, y a cuya población nunca se le preguntó lo que quería ser. Decapitado Lanuza. Nueva Planta y a correr.

Rebelión, represión y fascinación

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Esta semana tocaba escribir del proceso de desconexión catalán y la reacción jurídico-policial por parte del aparato del Estado. Ha sido comenzar el mambo y de repente el choque de trenes se ha convertido en una busca y captura de urnas. Se veía venir que el gobierno del PP tenía su plan de intervención bien preparado desde hace meses. Lo bonito ha sido ver a la gente normal, en las calles, manifestándose, ejerciendo sus derechos y lanzando un mensaje claro: queremos votar, esta rebelión no la para nadie.

El curso de los acontecimientos mueve a todas las piezas del tablero del Estado. La oportunidad de fracturar el régimen del 78 es casi única. Por eso se vetan charlas de apoyo, se arrancan carteles o se trata de perseguir e identificar a toda persona que se salta la línea roja del status quo. Mientras tanto el cuñadismo tragando bilis y ejerciendo de tonto útil para un Estado fascistoide, incapaz y con tintes totalitarios.

¿Es el independentismo asunto de jóvenes?

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Festibal «Esfendemos a Tierra» de Artieda, 2009 / Archibo presonal

¿Es el independentismo una cosa de jóvenes? Algo así se preguntan en este artículo de análisis del Diario ABC, escandalizados por los porcentajes de apoyo que tiene en Catalunya la ruptura con el Estado español, relacionando este deseo con la enseñanza en catalán, el adoctrinamiento y varias lindezas del estilo de este panfleto del régimen.

Aunque también aparecen parámetros interesantes como el barrio, la familia, el entorno o la crisis capitalista actual. Todos ellos han ayudado al auge del sentimiento rupturista. Apuntan a que la juventud tiende a defender ideas menos conservadoras. Algo poco novedoso. Algunos autores ya hablan de psicobiología como si no fuera el independentismo un deseo objetivo, sino algo irracional, producto de alguna perturbación mental y colectiva. ¿A qué os suena?

En Aragón, a nuestra escala, se puede afirmar que el independentismo nació a finales de los años setenta, al amparo de una militancia que pululaba por diversas organizaciones, algunos de ellos fundarían CHA en 1986, otros siguieron por otros derroteros. Unos años después y al amparo de esa primera generación, llegaría la camada de Chobenalla, que fue capaz de crear la base inicial para un movimiento independentista aragonés. Y de aquellos años hasta hoy, con sus vicisitudes, cambios y contradicciones. Nosotras, seguimos con un apoyo de un 3-4% según las encuestas al uso. Pero el factor joven se revela como la vía fuerte para crecer de manera cuantitativa. Eso sí, los obstáculos son evidentes. El repliegue actual nos muestra como la españolización banal ha provocado que el enfoque pierda fuerza y algunos busquen esa tarea en estrategias más moderadas.

Con un sistema de educación regionalizante, se hace difícil, concienciar a las masas. Llegar a ellas. Tomar conciencia del independentismo en Aragón sigue siendo una tarea de gigantes, en Zaragoza o Cantavieja. El acceso viene marcado por dos vías: el polo identitario (Aragón como país con derecho a decidir al nivel que sea) y el socioeconómico (país explotado. El trasvase como ejemplo clásico). En medio de esto, pululan todas las tendencias, y si se milita en una organización de clase, el camino puede ser más sencillo.

Esperemos que este asunto no sea sólo de jóvenes… Lo contrario nos llevaría a un eterno bucle de desgaste y eternas refundaciones.

Posmodernismo e independencia

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Blog La república heterodoxa

Dos anécdotas coinciden en mi tiempo personal y ambas se orientan a cuestionar el independentismo. Sin ánimo de teorizar os expongo lo que he leído y lo que pienso al respecto:

1) Releyendo a Michael Billig (Nacionalismo Banal, 2014), aparece la tesis posmodernista de que el nacionalismo ha cambiado de función, ahora destruye las naciones. El posmodernismo no ha eliminado los nacionalismos ni mucho menos. Otra falacia más de la era global. La patria -en palabras de Billig-, el Estado-nación con sus fronteras, su “nosotros” y los “extranjeros” está en auge totalmente. No está en crisis: de hecho, en lo que respecta a armamento no existe ni el Tercer Mundo, ya que su monopolio sigue perteneciendo a los Estados-nación, no a individuos o empresas.

Siempre hubo micro-Estados, a la sombra de superpotencias. Esa es la realidad. No hay ningún indicio en sentido contrario. La construcción de alteridades identitarias dentro de la sociedad posmoderna no cuestiona la nacionalidad: se puede ser afro, asiático o transexual en Estados Unidos pero no niegan su carácter nacional. Si la superpotencia yankee no es negada… ¿adónde va el resto?

2) Y de rebote, a raíz de la fallida concentración aragonesista unitaria que hubo en Zaragoza el pasado sábado, me encontré con este artículo, de una persona vinculada a Cha, la cual venía a afirmar que Aragón no necesita más libertad, necesita otras cosas. Y en ese relato, niega que la independencia sea la solución, ya que en el mundo global todo lo que nos rodea es dependiente. No le falta razón, pero el número de naciones que se han ido incorporando a la ONU desde su fundación va en aumento. La independencia como herramienta, no como fin, ya que para reproducir las relaciones económicas y sociales del capitalismo, no hay viaje que valga. Aragón ya fue independiente hasta 1707 y no vivía en ninguna isla. Este artículo reproduce la cultura del miedo o la conformidad, es decir el discurso de la hegemonía impuesta. Sin más. 

Si dices «Huesca» te llamarán fascista

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Pintada en Uesca: archivo propio

Como el independentismo aragonés es marginal, la gente de fuera se permite hacer bromas y dar lecciones. Triste realidad. Desde Banarus ya explicó hace un tiempo que si hubiera un período constituyente a nivel estatal, Aragón y Castilla, en virtud de esa lectura milenarista de Ejpaña tendrían derecho a hacer y deshacer (derecho a decidir). Todo esto tiene sus matices. Y estamos lejísimos de ese escenario. Algo irreal por la correlación de fuerzas y las bases coercitivas del régimen del 78. Mientras tanto, algunos dedican su tiempo a opinar sobre la situación de nuestro país. Veamos.

Hace unos días accedí a un artículo, que aprovechaba para cuestionar a Aragón como sujeto colectivo. Lo escribía un gallego, que “alertaba” sobre las consecuencias de lo que el denomina separatismo, todo un repaso por los lugares y tópicos de los no-nacionalistas (la manipulación de la historia, imposición de la lengua propia, creación de una casta de beneficiados por esta ideología, fin de la educación en lengua castellana/española, etc.). Como siempre, acaba asociando el independentismo, con un virus, alertando del contagio, y poniendo vendas desde una postura ideológica esencialista que es la que verdaderamente nos desangra. Dentro y fuera. El españolismo como problema. Esa es la cuestión. En Twitter observé como otra persona comentaba que habría que cambiarle el nombre al País Vasco, ya que no es un «país», es Ejpaña. La marea sigue subiendo y el olor a mierda es insoportable. 

Fillo mío, no esbarres…

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(Dedicado a Guillén González, que sí me representa)

De repente suceden un montón de cosas y casi todas interesantes (empezando por el impacto del último post y este microdebate en Facebook). Y ya, con esa salida de tono de Podemos, que deja de ser autonomista para convertirse en soberanista (gracias a la magia de su último documento político, «Lurte»). De Podemos escribiré en otro momento. Ahora me interesa exponer cómo el cuñadismo se arroja sobre la pobre tierra noble para decirle muy clarito: «Aragón es España».

Ser independentista en Aragón nunca ha sido fácil. Ahora funciona más como etiqueta, como una idea barata que soltar en Twitter. Pero detrás de esa idea, hay mucho trabajo, hay coherencia con una cultura política que viene desde los tiempos de la Joven Guardia Roja, y que responde a defender el derecho a decidir de todos los pueblos del mundo, autoorganizados, con conciencia nacional y con anhelos de transformación social. Todos podemos jugar para no quedarnos fuera del debate: soberanismo, aragonesismo, confederalismo, poder popular. Y por eso, las estrategias son lo que son, adaptables a los contextos y a las personas. Aragón no es Euskal Herria ni Catalunya. Aquí hay que formar a la gente y por eso, a veces, suceden estos debates tácticos. Pero el final ha de ser el mismo: la autodeterminación. Seguiremos con la película, que no llego a todo.

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