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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

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¿El municipalismo es el verdadero poder?

Arturo Aliaga hizo unas declaraciones muy sorprendentes hace unos días. Este señor, que detenta la Consejería de Industria y la Vicepresidencia del actual Gobierno de Aragón (legislatura 2019-2023), amenazaba a los ayuntamientos que se opusieran a los proyectos de renovables, violentando la base de la democracia, la autonomía municipal. Aliaga es del PAR y está acostumbrado a hacer y deshacer. Pero con 3 diputados de 67 en el actual parlamento, es normal que se ponga nervioso y más para una persona que lleva de diputado la friolera de 14 años.

Tener el poder en Aragón es complejo en sí. Y algunos equilibran mejor que otros este reparto a varios niveles. He realizado un suma-resta comparativo entre 2011 y las últimas elecciones municipales -las de 2019-, para sacar algunas conclusiones respecto a este tema. Recordamos que la famosa «crisis de régimen» explotó hace una década, con las protestas del 15-M y el lema de «No nos representan». Pasaron muchas cosas, que no vamos a detallar. Me interesa destacar la irrupción de fuerzas emergentes (Podemos y sus confluencias) que podían volcar el poder político a todos los niveles. No fue así. Y parece que el sistema vuelve a su sitio inicial. Nombramos también el reforzamiento, tras 2011, de otros partidos que ya exístían, como Ciudadanos, y la extrema derecha vía Vox.

Esta es la comparativa de los 5 partidos parlamentarios aragoneses en 2011. ¿Quién detenta el verdadero poder municipal?

En esta foto fija de los cinco partidos con representación en el parlamento aragonés, llama la atención que el PSOE aguanta muy bien en esta década larga y convulsa, en la que han pasado tantas cosas a nivel político y social. 87 ediles más a día de hoy, sólo pierde unos pocos en Teruel. Los descalabros importantes vienen en el ala conservadora. El PP se deja casi 200 concejales, con pérdidas significativas en Uesca y Zaragoza. Mientras que el PAR se deshace como un azucarillo a nivel municipal, con menos de 300 concejales con respecto a 2011, ¿de aquí vendrá la rabieta autoritaria de Aliaga? CHA sujeta su poder pero a la baja e IU se despierta de un mal sueño tras sus alianzas confluyentes. El PSOE rampante, aguantó el sorpasso.

Y eso que en la foto de 2019, y por supuesto en la de 2015, ya tenemos a esos partidos «nuevos», que de una forma u otra, amenazaban al bipartidismo. Ciudadanos ostenta en todo el país unos 400 concejales, lo cual no es poco si observamos el volumen total del resto. Podemos, con sus alianzas variables, apenas alcanza los veinte ediles -con Equo o confluencias municipalistas de distinta composición-. Mientras que Vox detenta 22 concejales en estos momentos. Todo esto cambiará, sobre todo tras ver los últimos resultados del partido naranja en otros territorios.

Aquí no hablamos ni de alcaldías ni de equipos de gobierno. Ese asunto sería más complejo para lo que pretendo exponer. En lo sustancial y teniendo un país tan envejecido, el poder municipal, los concejales de los 729 municipios aragoneses, responden a una composición altamente conservadora. Y eso que no entramos en la amalgama de coaliciones independientes y locales que salpican un número importante de nuestros pueblos -otro efecto más del «no nos representan»-. Algunos llegamos a soñar con una red de complicidades en el territorio, pero el proyecto ya duerme el sueño de los justos. Poco más.

¿Y la sociedad civil? ¿el pueblo? ¿qué opina de esto?

Lo rural ha muerto; ¡viva lo rural!

En pocas semanas hará un año que asistí a la presentación del libro de Victor Guiu, Lo rural ha muerto, viva lo rural. Otro puñetero libro sobre la despoblación (editado por Dobleuve Comunicación). Os dejo mi humilde y sencilla reseña.

El mismo prólogo del libro ya nos avisa de las intenciones del autor. Aunque lo escriba Ernesto Jartillo -sociólogo y librepensador, muy cercano a Víctor-. El éxodo rural lo explica todo y lo demás es relato, un imaginario popular que se ha re-creado desde la cultura urbana. Una idealización, como tantas otras de estas sociedades líquidas, que se nos escapan de las manos, en las que la post-verdad manda más que la reflexión reposada de los procesos en el espacio y en el tiempo.

El libro parte de varios pretextos irónicos. Víctor burla desde la primera página esa pretensión de buscar el «desarrollo holístico», una quimera que va a ir machacando frase a frase. Ya saben los lugares comunes sobre lo rural y la despoblación: el desarrollo sostenible, las sinergias, la vertebración desde supuestos del mercado capitalista, etc. El pueblo como producto turístico, hecho para visitantes, propios y extraños. Lo del espacio vivido queda para poetas, locos y los sufridores cotidianos.

El autor relata a partir de las situaciones de los alumnos en la residencia de estudiantes en la que trabaja durante un curso escolar. Va desgranando una historia múltiple en función de las vidas personales de los protagonistas -Manuel, Fátima, Ainhoa, Santos, Ignacio, Nuria o Valeria-. Estos adolescentes se encuentran en la capital (de provincias) y su denominador común es variado: los problemas normales de su edad (móviles, amores, futuro, disfrute) y que todos vienen de la ruralidad. Son de pueblo.

Esos pueblos de verdad, donde se acaba la carretera. Conocemos muchos en Aragón. Víctor no concreta los lugares exactos, cierto es, que por su origen, alude al sur aragonés. Pero un lugar sin carretera de paso lo tenemos por la Celtiberia, Alto Aragón, la eterna frontera con el País Valenciano, en las Castillas. Pensemos en Aragón, con lógica, lugar de referencia del autor. Sitios a los que se «va de propio» y que son el paradigma del despoblamiento humano. Ahí están los mapicas para corroborarlo, como el 174, elaborado hace no mucho por la Red SSPA.

De los lugares comunes, uno sonríe al leer ideas y percepciones, ya sentidas en algún momento como la anécdota del pueblo al que le estaban arreglando la carretera (p. 31), pero que no la dejen perfecta sino la gente marchará. El hecho de que las autovías o la alta velocidad han provocado un efecto desestructurador, ya que los pueblos quedan apartados y aparcados. Y la gente migra más rápido. Por eso los cuadernos de quejas de algunas plataformas políticas podrían replantearse su reivindicación de megalómanos proyectos de comunicación. Pero esto es otra historia. Como el orgullo de volver al pueblo de fiestas -hace ya unos años que no lo hago, y la nostalgia me secuestra-, algo que permite ver el medio rural lleno, aunque cada vez cuesta más. Todo el libro está salpicado de estas cuestiones, que para la persona que haya vivido en la ruralidad se hacen rotundamente tangibles.

Como hemos dicho la ironía no cesa, ese es el estilo de este «bardo somarda bajoaragonés». Pero es real, como ese apelativo a «los de mantenimiento», los que se quedan en el pueblo durante el largo invierno, o entre semana. Ese «todos nos conocemos», que de obvio nos puede explotar en la cabeza, que genera confort pero otras veces puede volverse contra nosotros y traer soledad.

Lo rural como marca. El desarrollismo de siempre. Y un relato que apela a una total fake new sobre el mundo rural, con el campo como si fuera un vacío que hay que llenar y rellenar de alternativas diseñadas por y para el mundo urbano. Víctor también habla y narra sobre los emprendedores, con un punto más pesimista que optimista, ya que la Arcadia feliz no existe. Nunca ha existido. Ni en lo rural ni en lo urbano. Miren las estadísticas.

Al final el título lo dice todo, muerto lo rural, sólo quedará una suerte de híbrido urbano-rural, con lo que el medio vuelve a reinventarse. A casi todo el mundo le gustan los pueblos pero muy pocos pueden darse gusto de vivir en el mismo. Todo en sí como paradoja, «no hay de nada» y la solución es buscar el macrocentro comercial más próximo. La pandemia nos ha dado de sopetón contra un sistema, que el autor denomina, acertadamente, «globalimbecilización», sin hoja de ruta ni prioridades, un mundo lleno de caos, de ultraindividualismos.

Una mierda. Pero el libre merece la pena. Y mucho. Feliz 2021.

Alta tensión: la matraca final

El Gobierno de Aragón, abre el melón vacío de agosto, concediendo autorización administrativa al proyecto para repotenciar las líneas de alta tensión Foradada del Toscar-Escalona y Escalona-Escalona. La crisis del COVID-19 ha provocado que desde el Pignatelli se desempolven viejos fantasmas, que dormían el sueño de los justos, u otros en una huida hacia delante, ecocida e irresponsable con el futuro de todas (Castanesa, parques eólicos en el Matarranya, Mularroya).

La Unión Europea lleva tiempo trabajando la matraca de las autopistas eléctricas, justo en un momento en el que estas gigantescas infraestructuras sólo sirven para agravar el calentamiento global y la crisis económica neoliberal. En este caso la matraca es extender las líneas de Muy Alta Tensión.

Hace tres años de esta información.

En este caso volvemos con la machacona matraca de extender la red de líneas de Muy Alta Tensión -conocidas como MAT-, las cuales son el ejemplo perfecto de los intereses oscuros del oligopolio energético. Esto se traduce en crear un mercado único de energía que les permita especular en bolsa con los kilovatios.

En Aragón nos toca el premio gordo con estas líneas: la MAT Samianigo-Marsillon multiplicaría por 11 la capacidad de la línea entre Biescas y Pragneres, prolongándose hasta Magallón por Ejea. Hay otra MAT proyectada entre Peñalba e Isona, y se plantean repotenciar las 4 líneas transversales entre Samianigo y La Pobla de Segur. El Pirineo emparrillado, ni biodiversidad ni turismo ni reserva cultural. Pamplinas. No se podía saber. De repente, y ante el tsunami descendente de ingresos/beneficios que va a generar la pandemia del COVID-19, Lambán prepara el terreno con nocturnidad y alevosía. Territorio colonial, país vacío y vencido. Es lo que quieren y no descansan para ello.

Ya se paró en su día la Aragón-Cazaril y la Graus-Sallente. Se sigue luchando para frenar el despropósito de la autopista eléctrica Peñalba-Isona, de la que poco a poco van saliendo pequeñas inversiones que nos preparan para un futuro que ya está aquí. Muy terrible todo lo que escribamos sobre estos temas…

Tunelando y destrozando el país

Ayer fue el Día de la Tierra, y hoy es Sant Chorche, Día nacional de Aragón. Tierra, paisaje, identidad, pueblo. Por eso en un día tan especial, desde este blog mostramos nuestro firme apoyo a las compañeras de Jalón Vivo, que han iniciado una campaña de denuncia contra la tuneladora del Jalón, casi catorce kilómetros de injusticia medioambiental, para beneficiar a unos pocos.

El destrozo patrimonial del entorno de Mularroya ya lo visitamos en su momento. La obra ha continuado, faráonica se ve desde la autovía a Madrid. Harán un trasvase y joderán un paisaje único, las hoces del Jalón. La rentabilidad de este proyecto ya la veremos, pero una vez más, aparece el desarollismo incompetente de la DGA, la CHE y los oligopolios de siempre. en un momento de emergencia social, dilapidan el dinero de todas. Y la Tierra llora, también en su emergencia, ya que la huella hídrica es una de esas pesadas losas que nos aplastará para siempre.

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Foto de @coagret

 

De Tordelpalo a Pardos

El pasado fin de semana estuve por la antigua Comunidad del Real Señorío de Molino y su Tierra, hoy comarca del Señorío de Molina-Alto Tajo (administrativamente, Castilla-La Mancha). Pude visitar Tordelpalo, una pedanía al lado de la carretera general que une Monreal del Campo con Guadalajara, a 8 kilómetros de la cabecera comarcal, Molina de Aragón. Nos enseñaron el pueblo, mi compañera daba una charla sobre su bisabuelo, del que está tratando de reconstruir su biografía. El caso es que en Tordelpalo viven tres personas en invierno, ahora en agosto, con las fiestas a tope, sus calles están llenas de vida, pero es un espejismo bien conocido por toda la Celtiberia.

Los tordelpalinos pertenecieron a la sexma del Pedregal, en el Real Señorío de Molina, hasta 1833, cuando se crearon las provincias actuales. Una «sexma» era una agrupación de aldeas y pueblos, de realengo, que gestionaba bienes comunes, una especie de autogobierno. En Castilla, Comunidades de villa y tierra, en Aragón, las Comunidades de Aldeas.

Tordelpalo dista de Pardos, en línea recta, unos 35 kilómetros, muy poco. Por carretera el tema se complica. Ambos forman parte de la periferia castellano-aragonesa, un área desestructurada en relaciones socioeconómicas, equilibrio población-poblamiento, accesibilidad, y por lo tanto, con mínimas perspectivas de futuro. Algunos sectores lo llaman la «España vaciada». Yo diría, que los gobiernos y regímenes políticos españoles se han encargado, con nombres y apellidos, de saquearla, de provocar su casi desaparición.

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Barranco del río Gallo, cerca de Morenilla. Celtiberia pura

Pardos pertenece a Abanto y se encuentra a orillas del arroyo de Trescastillo, en la sierra de Pardos. Al igual que Tordelpalo, pertenecía a una sesma, la de Ibdes (Comunidad de aldeas de Calatayud).

Conserva su estructura de pueblo tradicional aragonés, aunque expoliado por el paso del tiempo. Pardos tenía 180 habitantes en 1939. En 1970, quedó despoblado. Fue llegar el franquismo y apagarse la luz de sus casas. Y eso que la electricidad no llegó hasta 1957, pero ya era tarde. Ya no vive nadie en Pardos, la gente marchó, estaba lejos de todo (Calatayud, Daroca, Calamocha). Una triste realidad.

Era un pueblo con recursos: pequeños propietarios que se dedicaban al cereal y la vid. Había una vega en Las Cerradillas. El carrascal se dividía en lotes para los vecinos (venta de leña en el Jiloca). Tenían alambique para hacer anís y eran famosos sus jamones curados. Todo esto se acabó.

Aquí ya no hay problemas ni conflictos de ningún tipo. Ni osos, ni luchar por el médico o la escuela, ni ganadería extensiva o intensiva. No hay nada. Ni siquiera el reconocimiento de su existencia, Pardos no tiene  ni el estatus de otros pueblos abandonados. Hay muy poca información, pocos recuerdos.

De Tordelpalo a Pardos. ¿Hay futuro?

Un futuro que es de los valientes. Pero tampoco dejan repoblar, buscar alternativas. Bien lo sabe la gente de Fraguas, en Castilla, que mantiene un litigio con el gobierno castellano-manchego, por reconstruir un pueblo abandonado. Seis años de cárcel les piden a seis de sus repobladores. En Aragón hemos tenido los casos de Sasé o La Selba. Así van las cosas, la propiedad privada por encima de todas las cosas, el postureo fácil, y los pueblos lentamente muriendo.

¿Qué pasa en Teruel Existe?

En pocos meses publicaré un ensayo sobre Aragón como construcción nacional. Es una obra que la llevo cocinando a fuego lento durante muchos años, quizá demasiados, por eso algunas de las tesis o ideas-fuerza que argumento se han ido oxidando.

Defiendo la importancia de los movimientos sociales en defensa de la tierra a la hora de articular discurso en (y para) la identidad nacional aragonesa. Los dos ejemplos que desarrollé son el movimiento por la Dignidad de la Montaña, y también Teruel Existe.

Teruel Existe nace en 1999, para denunciar el abandono histórico de los territorios pertenecientes a esta administración provincial. Tuvieron bastante tirón mediático y sus movilizaciones eran frescas e ingeniosas. Les salieron imitadores como Soria Ya, Zamora También Existe, La Otra Guadalajara -(sic), Molina de Aragón-, y hace unos meses realizaron una masiva mani en Zaragoza, expresando la agonía del sur aragonés.

En los últimos tiempos el discurso de Teruel Existe y su entorno ha cambiado mucho respecto a lo que expongo más arriba. Aquí tenéis una «perla» de su entorno, que nada tiene que ver con ese relato aragonesista:

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Y otro toque más, con una contestación al presidente de Chunta, enarbolando la igualdad centralista a la francesa, sin lenguas ni diferencias «artificiales»:

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No sé si esto tendrá algo que ver con la evolución identitaria que se percibe en el CIS (aumento progresivo de la gente que se «siente únicamente española» frente al descenso de los que se «sienten más aragoneses que españoles»), el juego de espejos deformados respecto al proceso soberanista en Catalunya o que nos hemos vuelto locos. Tampoco es que Soro se luzca mucho -así va también la Chunta, reblando en el relato-. Desconocer la historia, te condena a repetirla, o simplemente te engullirá (despoblación). Los problemas de Teruel se agudizaron con el dictador Franco, pero venían de atrás (Primo de Rivera, los turnistas de la Restauración, gobiernos liberales del XIX…), ¿ingredientes comunes? España, España y España. Pero sigan mirando para otro lado. Keep calm…

Fabara

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La cuna del balón de fútbol moderno está en Fabara. Con sus 20 hexágonos y 12 pentágonos, ese diseño tan característico es aragonés. Un pueblo bajoaragonés, dentro del ámbito lingüístico catalán (Favara), tan propio como lo que se habla en Bielsa o en Torrelapaja. Con sus mil y pocos habitantes, conocido por ese mausoleo romano de Aemilio Lupo -el mejor conservado de Europa, ¡ojo!-, una depuradora ecológica que fue pionera en su día, y que en 2018 vive del porcino y la agroindustria (en un territorio en el que hay once tocinos por persona, tal y como nos cuenta Guayent Corral en «Chinónia», (Güesque, 1, 2018).

En la década de los ochenta cerraron las cuatro fábricas de balones de fútbol -Meseguer, Legar Millán, Sentís, Baldomero…-, la globalización arruinó un oficio historico -heredado de los musulmanes-, el de curtido de cuero, técnicas de fabricación de piezas y cosido a mano. Fueron los directivos de Adidas los que vieron la oportunidad perfecta, para fabricar balones, en plan «Domestic System», una impresionante red de trabajo que ayudaba a las economías familiares -desde Fraga a Alcañiz o Gandesa-. Al final se llevaron la producción a Marruecos y luego a Pakistán. Una pena, queda el recuerdo de las instalaciones, algún vídeo por internet y esa sensación de pérdida, de vacío, de ese peculiar tejido microindustrial que podría haber servido para vertebrar…, para generar bienes y servicios, pero que al final, llegó agonizando al Estado autonómico actual.

En este libro se cuenta esta historia tan peculiar:

Bielsa, Lola (1995): Fabara, capital del «pilotón». Centro de Estudios Comarcales del Bajo Aragón-Caspe.

Pollos intensivos, Valtorres y soberanía

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Esta semana vamos a aprovechar el tirón del debate sobre las granjas y el sector porcino para comentar un caso particular. Llevaba semanas pensando en escribir sobre Valtorres, un pequeño municipio en la Comunidat de Calatayub, con 64 personas censadas y un término municipal muy pequeño (3,35 km2).

El anuncio de la instalación de una macrogranja industrial de pollos en la zona ha hecho saltar las alarmas en este tranquilo lugar de la Celtiberia. A escasos 600 metros del pueblo, se construiría una instalación para 72.000 pollos, con todas las afecciones que eso conlleva: fuertes olores, estiércol, riesgos para los cultivos tradicionales (cerezo, melocotón).

Más de 200 alegaciones se han presentado al INAGA, entre particulares y el propio ayuntamiento, todo ello en fase de estudio. Como siempre, la importancia de respetar la soberanía de los que viven en el pueblo afectado, un sitio que ha apostado por otro tipo de vertebración económica (Camino del Cid, turismo rural, arte rural). Aquí no hay que desmantelar nada, simplemente escuchar a la gente que vive en el territorio.

Y ya no entramos en cuestiones de bienestar animal, ética y consumo. Eso lo dejamos para otro artículo.

#PerLaLibertat

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Se acerca el 20 d’aviento y este año tiene una redimensión especial. Por lo menos para Purna y Puyalón. Luchas sectoriales para definir nuestro sujeto político y social. Todas son igual de válidas para construir un cambio de verdad, revolucionario: LGTB+, solidaridad internacionalista, feminismo, libertad, feminismo, trabajo, cultura, defensa de la tierra. Un Aragón alegre ante una fecha triste, con decapitación incluida.

Y así alejarnos de visiones reducidas de Aragón, en el ostracismo de las mitologías, las eternas derrotas y los particularismos que nos empobrecen. Aún recuerdo al grupo musical A Cadiera Coixa, ofreciendo una narración diferencial en torno al Pirineo. Muchos sectores del viejo aragonesismo siguen con este particular mantra, cuando el país es plural y rico en todas sus regiones (Alto Aragón, Somontanos, Bajo Aragón, Ribera, Celtiberia…). Todas las luchas bajo una misma marea.

Si el objetivo es ampliar las soberanías debemos entender esta exigencia como una herramienta concreta que permita movilizar y visibilizar las luchas territoriales. En octubre, las gentes de La Guarguera protestaron para pedir una mejora de su única carretera (la A-1604), 52 kilómetros de tortura para una redolada con menos de un habitante por kilómetro cuadrado. Eso es soberanía también.

Así que, articulemos todos estos discursos para empoderar este Día Nacional de la Lucha Aragonesa.

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