No es un post casual. Escribimos sobre el futuro de la icónica chimenea de la central de Andorra:

Con una altura de 343 metros, su función básica era facilitar el tiro de combustión de las calderas y reducir el impacto ambiental de los humos, ya que diluía los gases a gran altura. La descripción de la central la tenéis en el SIPCA. Salen hasta las torres de refrigeración, las que detonaron el pasado 13 de mayo.

La chimenea es la segunda estructura de hormigón más alta de todo el Estado. Y su impacto visual es contundente, masivo, desde hace cuatro décadas sobre todo el Bajo Aragón Histórico. La central se cerró en 2020 y su desmantelamiento avanza inexorable.

El artista aragonés Miguel Ángel Arrudi ha propuesto que la chimenea se reconvierta en una especie de teleférico panorámico, que ofrecería unas impresionantes vistas de todo el Bajo Aragón. El proyecto se llama «Cautivos del olvido» y plantea unos colores muy llamativos para resignificar el espacio. Del revuelo creado y las propuestas, os paso este artículo de Isabel Traver en elDiario.es.

Una buena amiga, criada y con muchos vínculos en Andorra, me contaba la frustración de todo lo relacionado con la demolición de la central. Algo que inicialmente no importó mucho a la sociedad andorrana, pero que conforme pasaba el tiempo ha generado algún que otro lloro. Sus amigas de la cuadrilla justificaban su desaparición, «creará empleo el hecho de demolerlas», un blablabla perfecto que nos sitúa en la máxima de siempre: This is Aragón.

Los posicionamientos a favor de conservar la torre son variados, desde la Plataforma en Defensa de la Central Térmica hasta Teruel Existe, pasando por Rolde de Estudios Aragoneses o Apudepa. El patrimonio industrial no interesa a la Dirección General de Patrimonio Cultural, como tantas cosas. La heteronormatividad manda. Diría que en Aragón es el gran olvidado a nivel de protección (Averly nos duele a todas).

Así son las cosas y así las escribo. Con unas categorías tan amplias para catalogar nuestro patrimonio cultural, sorprende la desidia, ya que no solo hay que proteger por motivos estéticos o históricos, basta viajar por Europa para darse cuenta de esto. Tenemos que contar a las próximas generaciones la historia del carbón y de la minería en Aragón, que quizás se pueda visitar otro icono como la entrañable térmica de Aliaga. Que el paisaje de Andorra viene reconfigurado por ese gigante. Que una transición justa va más allá de lo económico… Tantas cosas, que al final no tendremos nada que contar. Sólo fotos y videos rancios.