Lorient (@desiertodesara) es una de esas personas que me inspira, para bien o para mal. Casi siempre siempre en lo primero. Una obviedad. De lo contrario es probable que no perdiera el tiempo en estas breves líneas. Nos conocemos desde hace ya unos cuantos años, ahora no recuerdo el momento exacto. Si no me falla la memoria allá por 2004, más jóvenes y lozanos, y han pasado muchas cosas desde entonces. Personalmente, un referente, del que aprender, con ideas y lecturas, consejos y asuntos varios. Por eso le dedico este post, para que cunda el ejemplo y aprendáis de sus pasos.

Hace ya un tiempo me pasó un artículo de un tema que está investigando y el cual promete mucho. Este trabajo lo tenéis publicado en el boletín Imaginación o barbarie (de la Red Iberoamerica de Investigación en Imaginarios y Representaciones), en 2020.

Lorient escribe sobre los maorís y sus relaciones con la Corona británica, desde la ocupación de sus tierras hasta la actualidad, con una especial relevancia para el denominado Tratado de Waitangi (1840), en el que los colonos resignificaban jurídicamente todos los bienes comunes y recursos naturales de las tribus maorís. Estas relaciones entre neozelandeses y nativos han ido actualizándose con bastante creatividad, y aquí radica lo interesante de las tesis que expone Lorient: una soberanía compartida sobre recursos y territorio que restituye derechos históricos, más allá de la propia creación de Nueva Zelanda como Estado-nación. Hasta aquí os hago leer, por no hacer spoiler del malo. El enfoque sociológico es bárbaro y debe relacionarse con la gestión y derechos de Aragón sobre sus propios recursos.

Este homenaje no es una anécdota, con el colapso del sistema capitalista, que provoca una política extractivista que lleva décadas ejecutándose y actualizándose: grandes pantanos, centrales hidroeléctricas, pistas de esquí, líneas de alta tensión, macrogranjas de todo tipo, gigantes éolicos… ¿Quién custodia el territorio? Lorient lo tiene en la cabeza.

Celtiberia, tan humanizada como salvaje