Parirás con dolor. Sentencia famosa, muy bíblica y machista, que viene como anillo al dedo con el esperpento de la votación de la nueva Reforma Laboral. Y digo con dolor, porque el perjuicio del contenido será para los de siempre, la clase trabajadora, los humildes, ya que la bendición de la CEOE marca unas líneas rojas para que nada cambie en lo sustancial.

El cuarto estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, 1901

Ni Maquiavelo hubiera tenido sueños tan intensos con la equivocación del botoncito del diputado popular Alberto Casero. Todas cometemos errores, pero la trama juega sucio, ante lo ajustado de los apoyos y la derechona «convenciendo» a última hora a los señoros de UPN. Se veía venir pero no en esta magnitud. Es triste en lo que se ha convertido una de las banderas rojas del acuerdo de gobierno de Unidas Podemos con el PSOE. Los aplausos desesperados son un insulto para una reforma que cambia poco, aunque algunas se conforman. Cada una a lo suyo.

Me identifico plenamente con lo expuesto por Puyalón, en la línea de lo que denuncia el sindicalismo alternativo en el conjunto del Estado. El desmarque del bloque de la investidura deja muy claro todo este fregado. Las críticas arrecian por lo de siempre, «quieren chantajear», «son indepes», blablabla. El PSOE feliz, los social-liberales solo quieren hacer campaña con los ricos fondos que llegan de la UE, para modernizar, digitalizar y hacernos más verdes. Así estamos. Tragando sapos, y culebras y de todo un poco.

¿Qué nos está ocurriendo? Hace casi cinco años escribía esto sobre cuestiones muy relacionadas.