Los temores al «fracking» -fractura hidráulica en castellano- no son nuevos en este país. En 2014, las comarcas del sur ya tuvieron que movilizarse. Bastantes municipios del Bajo Aragón y Maestrazgo entraban en las quinielas ecocidas. La semana pasada saltó la noticia de una de las principales multinacionales petrolíferas obteniendo los permisos de la DGA para sondear dos áreas concretas del somontano altoaragonés, entre Lo Grau y Peraltilla por un lado, y la otra entre Fonz y El Torricó.

El capitalismo no descansa. En Aragón cuando no es una, es otra. A Lambán le da igual. Se la suda el cambio climático, los riesgos territoriales o la emergencia que sea. Dice una cosa y la contraria. Y esta batalla vuelve a realizarse en el medio rural, poca gente, desvertebrado, «a ver si cuela». Hace no mucho, también sonaba el proyecto Cronos, que pretendía «pinchar» el subsuelo de la unidad hidrogeológica del Alto Jalón -con riesgos para todo el termalismo, embotelladoras, modo de vida, paisaje natural-.

Cualquier cosa puede pasar. Ya vemos la inyección de dinero público al sector del automóvil. Y todos estos permisos van interrelacionados. En este páramo colonial, no esperen lo mejor. Y de España, pues menos. Sólo hay que tirar de la maldita hemeroteca.