El pasado fin de semana estuve por la antigua Comunidad del Real Señorío de Molino y su Tierra, hoy comarca del Señorío de Molina-Alto Tajo (administrativamente, Castilla-La Mancha). Pude visitar Tordelpalo, una pedanía al lado de la carretera general que une Monreal del Campo con Guadalajara, a 8 kilómetros de la cabecera comarcal, Molina de Aragón. Nos enseñaron el pueblo, mi compañera daba una charla sobre su bisabuelo, del que está tratando de reconstruir su biografía. El caso es que en Tordelpalo viven tres personas en invierno, ahora en agosto, con las fiestas a tope, sus calles están llenas de vida, pero es un espejismo bien conocido por toda la Celtiberia.

Los tordelpalinos pertenecieron a la sexma del Pedregal, en el Real Señorío de Molina, hasta 1833, cuando se crearon las provincias actuales. Una «sexma» era una agrupación de aldeas y pueblos, de realengo, que gestionaba bienes comunes, una especie de autogobierno. En Castilla, Comunidades de villa y tierra, en Aragón, las Comunidades de Aldeas.

Tordelpalo dista de Pardos, en línea recta, unos 35 kilómetros, muy poco. Por carretera el tema se complica. Ambos forman parte de la periferia castellano-aragonesa, un área desestructurada en relaciones socioeconómicas, equilibrio población-poblamiento, accesibilidad, y por lo tanto, con mínimas perspectivas de futuro. Algunos sectores lo llaman la «España vaciada». Yo diría, que los gobiernos y regímenes políticos españoles se han encargado, con nombres y apellidos, de saquearla, de provocar su casi desaparición.

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Barranco del río Gallo, cerca de Morenilla. Celtiberia pura

Pardos pertenece a Abanto y se encuentra a orillas del arroyo de Trescastillo, en la sierra de Pardos. Al igual que Tordelpalo, pertenecía a una sesma, la de Ibdes (Comunidad de aldeas de Calatayud).

Conserva su estructura de pueblo tradicional aragonés, aunque expoliado por el paso del tiempo. Pardos tenía 180 habitantes en 1939. En 1970, quedó despoblado. Fue llegar el franquismo y apagarse la luz de sus casas. Y eso que la electricidad no llegó hasta 1957, pero ya era tarde. Ya no vive nadie en Pardos, la gente marchó, estaba lejos de todo (Calatayud, Daroca, Calamocha). Una triste realidad.

Era un pueblo con recursos: pequeños propietarios que se dedicaban al cereal y la vid. Había una vega en Las Cerradillas. El carrascal se dividía en lotes para los vecinos (venta de leña en el Jiloca). Tenían alambique para hacer anís y eran famosos sus jamones curados. Todo esto se acabó.

Aquí ya no hay problemas ni conflictos de ningún tipo. Ni osos, ni luchar por el médico o la escuela, ni ganadería extensiva o intensiva. No hay nada. Ni siquiera el reconocimiento de su existencia, Pardos no tiene  ni el estatus de otros pueblos abandonados. Hay muy poca información, pocos recuerdos.

De Tordelpalo a Pardos. ¿Hay futuro?

Un futuro que es de los valientes. Pero tampoco dejan repoblar, buscar alternativas. Bien lo sabe la gente de Fraguas, en Castilla, que mantiene un litigio con el gobierno castellano-manchego, por reconstruir un pueblo abandonado. Seis años de cárcel les piden a seis de sus repobladores. En Aragón hemos tenido los casos de Sasé o La Selba. Así van las cosas, la propiedad privada por encima de todas las cosas, el postureo fácil, y los pueblos lentamente muriendo.