En el centro de educación de adultos donde estuve trabajando, me encontré un libro muy curioso y del que no conocía su existencia. Se titula Soy aragonés, y fue publicado por la mítica Guara Editorial allá por 1979, se trata de una obra colectiva muy del gusto de la época. Está dirigido a niñas y niños, proyectando una idea de aragonesizar a las futuras generaciones, en un momento complejo e ilusionante, el de la preautonomía.

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El texto ya era desgarrador, con esa descripción del Aragón vacío, de emigración y éxodo rural, despoblación, país de nulas inversiones, muy costiano todo, y en la línea del relato aragonesista de la época. Por allí aparecen las centrales nucleares, las bases militares, el caciquismo…

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40 años de ese libro. Hoy parecería imposible plantear un texto con unos contenidos tan directos, hablarían de «adoctrinamiento» y el blablabla convencionalista de siempre. Pero ni la Constitución del 78 ni el Estatuto de Autonomía han logrado revertir el panorama de este libro. Y aquí debajo os dejo unos versos de Emilio Gastón, que aparecen en las últimas páginas… ¡Vivimos en bucle!

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In memoriam. Chesús Bernal falleció el pasado 22 de marzo a los 59 años de edad. A pesar de las diferencias, este artículo pretende ser un homenaje a personas como el, a ese aragonesismo que se empezó a labrar durante los años de este viejo libro, la base sobre la que nos hemos apoyado muchas otras.