glotofagia

Llevamos unas semanas agitadas de cartas, artículos y respuestas en la sección “Altavoz” del medio de información libre en Aragón (Arainfo). Me centraré en el de Ramón Lozano, que fue publicado el pasado 20 de julio. Razones tengo, pero la fundamental es conocerlo directamente, y soy consciente que quiere y desea un debate sin prejuicios.

El post va en castellano, de cuya norma gráfica no tengo que preocuparme. Hacerlo en aragonés con mi modelo CFA-DGPL-personalizado, no haría más que atraer a moscas que sólo desean una perfecta máquina de fango.  

Coincido en líneas generales con el planteamiento de Ramón, muy interesantes sus apuntes sobre las lenguas pidgin o criollas, y la defensa del aragonés oriental -subordinado históricamente por determinados sectores-. Centro la critica en dos cuestiones, que se repiten como mantra en determinados sectores de los que aman la lengua: prioridades y normativización.

1: “havria a estar ixe, salvar l’aragonés (el que se parla, que encara no l’han muerto de tot), defender-lo, mirar d’evitar la suya extincion (…)”.

Los objetivos del “movimiento en defensa del aragonés” pueden ser infinitos, pero las capacidades y recursos son los que son. Si la prioridad es “salvar el aragonés real”, habrá que apuntar a otro nivel y exigir a filólogos e investigadores, a que hagan su trabajo de campo, sus encuestas, que se organicen -se lleva décadas haciendo- para recuperar el aragonés como lengua. Es una tarea de titanes, en la que como todas sabemos, el principal daño ha ido viniendo desde el amateurismo/voluntarismo de la gente. Un intrusismo que inicialmente tuvo su lógica pero que actualmente con los conocimientos que se tienen sobre el aragonés, se ha vuelto perverso. Los herederos de todo esto, Ramón y su generación, pero también la gente de mi quinta (1978), debemos reconocer ese intenso trabajo que se acerca al medio siglo, desde Conte, Nagore o Andolz, hasta la actualidad. Y a los precursores, a los Saroïhandy, Kuhn, Elcock…

2: “Més enta devant ya veiremos se nos fa falta un estándar pero ye clar que se nunca en femos un, havrá de representar a totas las variedaz e totas havran d’aportar-hie datos”.

El futuro avanza inexorable para una de las lenguas más minorizadas de toda Europa. Si no hay consenso sobre el modelo de aragonés, se hace complicado tenerlo en una norma común. La desprotección política y legislativa del aragonés nos ha llevado a esta situación; ésto, y los egos/personalismos tanto colectivos como de autoridad entre organizaciones que defienden el aragonés. No digo nada nuevo.

La urgencia apremia, y tenemos una base con la que trabajar. La realidad se construye socialmente. De hecho el conocimiento es un producto social más y también un factor de cambio social (no lo digo yo, es una idea central en la sociología: Berger, Luckmann, 1966). Empezar de cero, con lo avanzado hasta ahora, es un error; los procesos de legitimación y reificación en torno al aragonés ya han sido creados. La cuestión es plantear unas líneas de trabajo en la que todas se sientan cómodas, y generar comunidad de manera positiva para la lengua (cursos, escuela, campañas, toponimia, sociabilidad…). Fijar reservas aisladas de indígenas, sólo nos llevará a la musealización del habla viva, y eso es algo que no deseamos nadie, ¿o no, Ramón? Percibo cierta elitización en los debates que nos alejan de la gente normal (neos y patrimoniales, también castellanoparlantes que ven el aragonés como un elemento positivo de identidad), y eso es muy preocupante.

Por cierto,  ¿para cuándo un manual didáctico y accesible sobre buenos y malos usos del denominado aragonés común?

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