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Durante varios años del pasado, desde este blog estuvimos reflexionando sobre los oasis, las generaciones perdidas, los cambios de ciclo y los horizontes que se vislumbraban.

Llevamos un tiempo largo, en el que de una forma o de otra, el modelo que se construyó entonces, estaba caduco, oxidado. De manera lenta, progresiva, sumativa, aparecían nuevos factores y componentes relacionales, que anunciaban la necesidad de crear algo nuevo. Hasta aquí todo más o menos correcto, normal. La vida tiene estas cosas.

Pero cuando llega la tormenta perfecta y te destroza literalmente, el paradigma cambia y todo se redimensiona de una forma o de otra. Esta semana hemos visto esos incendios que han asolado el Ática griega, con pueblos arrasados totalmente. Muy duro. Comenzar de cero, y aquí hay varias opciones: reconstruir el pueblo tal y como estaba antes; otra vía, es abandonarlo para siempre; y la tercera opción quedaría en rehacer el pueblo, con otro aspecto, otro callejero, algo diferente pero en el mismo sitio.

Como educador, llevo un tiempo leyendo sobre comunidades de aprendizaje, y se puede sugerir el hecho de aprender desde los relatos construidos, cuando hay un conflicto tipo tormenta perfecta. La importancia de los cuidados, la generosidad, el pensar desde la empatía… El resto de opciones, desgraciadamente, ya sabemos a donde nos llevan.