expo

Entre tantas ocupaciones se me ha pasado un poco esa fecha, el 14 de junio de 2008, la inauguración de la Expo en Zaragoza. El macroevento que ha marcado el inicio del siglo XXI en esta ciudad. Personalmente, no llegué a visitar la exposición, decidí el camino de la objeción, por rabia, frustración o coherencia con lo que pensaba. Eso sí, el karma me ofreció la oportunidad de tener que diseccionar la programación y sus efectos para un Trabajo de Fin de Máster (la imagen del post ilustra un poco este quehacer). Me acuerdo de Chobenalla, reprimida por coherencia. Tantas cosas. En fin.

En su momento, fuimos desgranando opiniones y reflexiones sobre la Expo:

La Expo, sus visitantes y los trasvasistas. 

Bendita y alabada. 

Lo que ha quedado, lo cuenta perfectamente un artículo de Eduardo Bayona en Arainfo. La obra nos costó 1.200 millones de euros y una deuda gigantesca para la ciudad -unos 690 millones de euros). Claroscuros, despilfarro, mala gestión. La carnavalización del capitalismo. Y muchos flecos, que sólo tenemos que recordar: la negación del aragonés para el nombre de la mascota, Chisla, y se quedó en Fluvi. O lo que nos denuncia Puyalón desde hace unos meses, ese azud tropical, ¿para qué?.

Y la UAPO, gran idea de Belloch, que algunos no han querido (podido) suprimir, para gozo de los movimientos sociales en la ciudad. Pasteleo, y una década después a blanquear todo, a socializar las pérdidas, pensando que se pierde el tiempo en inversiones estúpidas, cuando el Aragón rural se desangra por falta de servicios y oportunidades. Pero ya nos inventarán otra cortina de humo… o no?