La isla de Cerdeña tiene una extensión de unos 23.000 km2, con una población de un millón y medio de habitantes -la mitad de extensión que Aragón y más densidad humana-. Se trata de un país montañoso, el 80% del territorio son montañas o colinas. Su historia obedece a las continuas ocupaciones por el control del Mediterráneo: vándalos, bizantinos, pisanos, genoveses. Hasta la Corona de Aragón dominó la isla desde finales del siglo XIII hasta 1718. Quizá de ahí le venga su sentido de libertad y autonomía. La creación de Italia como Estado supuso un rápido proceso de italianización, surgiendo movimientos que denunciarían esta colonización. Económicamente, el sector primario sigue teniendo una gran importancia (gracias a la cabra y el criado de oveja); se extrae el 75% del granito del Estado italiano, tiene importantes enclaves petroquímicos y químicos, y por supuesto la hipertrofia del sector servicios, con un importante lugar para el turismo (sol y patrimonio). A pesar de todo esto, la emigración como forma de vida (el paro juvenil alcanza al 56% de sus gentes, uno de los más altos de la Unión Europea). 

bandera cerdeña

El sardo es una de las lenguas latinas más arcaícas. Lo habla el 70% de la población de la isla (sobre un millón de personas), y está conformado por un variado conjunto de dialectos.

El sardismo como movimiento, ha tenido tres formas de construir su identidad, la primera, de carácter reactivo, como respuesta a la modernización extranjera, la cual operó en el XIX y se asemejaría al carlismo aragonés. La segunda, aparece como denuncia a la uniformidad impuesta por el Reino de Piamonte-Cerdeña, con lo que se defienden los intereses sardos. Y la tercera corriente, que operará bajo coordenadas autonomistas, relacionadas con toda la cuestión meridional italiana, reproduciendo los privilegios de la élite económica de la isla.    

El primer referente político de importancia lo tenemos en el Partito Sardo d’Azione, que surge como grupo agrario-populista en el período de entreguerras, de discurso regionalista, llegó a obtener un 28% de los votos en las elecciones legislativas de 1921.

En la posguerra el sardismo quedará anclado, con un lenguaje y esquema político propio del período anterior. Figuras históricas como Lussu optaron por la izquierda claramente, abandonando al agrario y localista PSdA. El autonomismo impregna a otras fuerzas políticas de obediencia central, como la Democracia Cristiana o el Partido Comunista Italiano. Cerdeña pasa a tener en 1948 un estatuto especial, lo cual contenta a las élites dirigentes del país. 

En los sesenta surge el independentismo con fuerza, encabezado por figuras como Michele Columbu o Antonio Simon-Mossa, en una línea táctica que denunciaba la colonización de la isla, la vía sarda al socialismo y la independencia como única solución. Esta izquierda anticolonial hará presión interna en el PSdA. En los setenta, se redefine el sardismo, gracias al trabajo de grupos culturales como Città e Campagna (Ciudad y Campo), o la llegada de una nueva generación de activistas, hijos de emigrantes, que se han socializado bajo valores de la izquierda antisistema. Se crea Su Populu Sardu (El Pueblo Sardo), para actuar en el campo político, combinando el sardismo clásico con las nuevas luchas de inspiración tercermundista. SPS opera de forma similar a Puyalón en Aragón -cada uno en su escala-, tratando de agrupar un bloque social anticolonialista, defendía un estándar para la lengua sarda -ante la complejidad dialectal del país- y electoralmente buscó frentes comunes con sectores indepes del PSdA -sin mucho éxito-.

Los ochenta refuerzan el papel del PSdA, al que acceden cuadros del SPS, llevándolo hacia una línea estratégica en defensa de una república sarda. En paralelo conviven grupos culturalistas, que teorizan desde una óptica mediterránea y libertaria. La defensa del sardo se organiza en torno a la Sotziedade pro sa Limba Sarda. De esta forma el PSdA muta, alejándose del autonomismo institucional y virando hacia posturas más obreras y de identidad, aunque su composición mesocrática no le permite plantear un movimiento popular de cambio (antisistema), lo cual genera frustración entre sus votantes (Roma no hace caso) y situaciones de tensión entre vanguardias jóvenes y viejas.   

En la actualidad el movimiento sardo existe en una variada sopa de letras, con el PSdA, Sardigna Natzione -independentistas y socialdemócratas-, Indipendèntzia Repubrica di Sardigna -de centro-izquierda-, Progres Progetu Repùblica, y unos cuantos más. Una histórica tendencia a las escisiones, que vino aderezada por la existencia de grupos paramilitares de liberación -como el Fronte Nazionale de Liberazione de sa Sardigna; socialista; y el derechista Movimentu Nazionalista Sardu-. Los servicios secretos italianos han buscado la forma de relacionar todo el sardismo con la violencia, y esto ha generado nuevas tensiones, como la desaparición en 2015 de A Manca pro s’Indipendentzia.

Más info en:

Núñez Seixas, Xosé M. (1998): Movimientos nacionalistas en Europa. Siglo XX. Madrid, Síntesis. Wikipedia: Nacionalismo sardo.


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