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El tema catalán está en un punto de no retorno. Nada será igual. El Estado ha mostrado todas sus cartas, sobre todo las duras, a la negación de las urnas, le ha seguido la persecución judicial y ahora el inicio del aplastante artículo 155 de la Constitución -una Nueva pero vieja Planta- que reforzará el relato emancipatorio del catalanismo.

El independentismo no tiene mala salida. Electoralmente se puede mantener o incluso aumentar su peso. bien es cierto, que la cocina de los aparatos del Estado puede estar preparando una ilegalización ad hoc para aquellas formaciones que expongan una hoja de ruta en sus programas políticos. Se veía venir. La cárcel como forma de vida. Y si ejecutan ese golpe de estado, el españolismo tratará de colonizar ese micro aparato ideológico de Estado que ha ido gestionando y legitimando Catalunya desde los años ochenta. Violencia simbólica, que diría Bourdieu.

Desde grupos más neutros, bajo el concepto de #hablamos se quiere huir de la leyenda negra, esas «Dos Españas» irreconciliables, buscando el positivismo en movilizaciones que han sido como minireplicas de lo que iba a venir:  las movilizaciones del 11-M, el No a la Guerra y el 15M. Píldoras que demostraron el inmovilismo del grupo «pro-sedición», el que promueve un suicidio bajo las cadenas del Estado, el todo arado y bien atado.

No negaré que esto es la democracia, mal entendido el término, en un Estado fallido -que diría mi querido Fernando-, dentro del marco de representatividad política que nos dejan las élites financieras -con la UE como telón de fondo, otra verja más que saltar-. Una dictablanda, en la que muchas hemos desconectado hace tiempo. La identidad es una decisión personal que se construye colectivamente bajo elementos de variado tipo. Juzguen ustedes, que la cosa se está poniendo muy fea.