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Esta semana tocaba escribir del proceso de desconexión catalán y la reacción jurídico-policial por parte del aparato del Estado. Ha sido comenzar el mambo y de repente el choque de trenes se ha convertido en una busca y captura de urnas. Se veía venir que el gobierno del PP tenía su plan de intervención bien preparado desde hace meses. Lo bonito ha sido ver a la gente normal, en las calles, manifestándose, ejerciendo sus derechos y lanzando un mensaje claro: queremos votar, esta rebelión no la para nadie.

El curso de los acontecimientos mueve a todas las piezas del tablero del Estado. La oportunidad de fracturar el régimen del 78 es casi única. Por eso se vetan charlas de apoyo, se arrancan carteles o se trata de perseguir e identificar a toda persona que se salta la línea roja del status quo. Mientras tanto el cuñadismo tragando bilis y ejerciendo de tonto útil para un Estado fascistoide, incapaz y con tintes totalitarios.

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