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Detalle del mapa de regiones y comarcas, del Partido Socialista de Aragón (1980)

Entre Batea y Molina de Aragón la distancia en línea recta es de unos 200 kilómetros. Si trazamos otra línea entre El Pont de Suert y Ademuz, son unos 300. En medio, un país extenso, despoblado, viejo reino, que muere por la desestructuración demográfica y la asimilación política.

El caso es que el ayuntamiento de Batea (comarca de la Terra Alta) ha planteado emanciparse de Catalunya y pedir su incorporación a la tierra noble. No entraré en posicionamientos sobre el tema, pero cierto es que el artículo 10 del estatutico aragonés (2007) prescribe esta situación para municipios limítrofes o enclavados en suelo nacional: para ello, debe solicitarlo el consistorio respectivo; que se oiga (opinión supongo) a la Comunidad o provincia a la que pertenezca; realizar una consulta autorizada para los habitantes; y que se apruebe en las Cortes aragonesas, pasando después a las Cortes Generales mediante Ley Orgánica. En resumen, casi imposible.

No sé si este es el post más adecuado para hablar de irredentismo, pero debemos exponer que hay territorios que supuran aragonesidad, la historia y las relaciones socioeconómicas así lo dicen… la ribera navarra, la comarca de Molina, las tierras altas de Soria, algunas comarcas del interior valenciano, el Delta de l’Ebre, Alta Ribagorça, Arán. Esta relación la dejamos abierta. Batea supura algo de aragonesidad, fue repoblada en el siglo XII por el fuero de Zaragoza y es zona de frontera: con todo lo que eso conlleva.

Tantos kilómetros de frontera han periferizado administrativamente a estos territorios. Barcelona, Valencia, Toledo o Zaragoza quedan lejos y sus políticas también. Las dos caras de la misma moneda. Echad un vistazo a esos municipios aragoneses que tienen frontera, la mayoría están olvidados -sobre todo en la Celtiberia- y pocos aparecen como ejes de desarrollo -Fraga o Calatayub-. Lo de Batea es una pataleta contra el olvido. En 2013, 22 pueblos de la comarca de Molina de Aragón protestaron para que su hospital de referencia siguiera estando en Zaragoza o Teruel, y no los trasladaran a Ciudad Real. Es decir, un paciente de Aragoncillo tendría que cruzar esa larga línea recta que une Batea con la ilógica colonial.

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