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Aragonando

Blog aragonés de pensamiento anticolonial

mes

abril 2017

Un 23 de abril cualquiera

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Me ha costado mucho escribir sobre este 23 de abril, Día de Aragón. Siempre me ha dado pereza, una fecha tibia, perdida en la primavera. Exceptuando los años de protesta antitrasvase, me he ocupado poco en pensar sobre mi país para su Día de exaltación autonómica. Quizá porque el resto del año, ya estoy con estas refriegas mentales. Así somos algunos.

El caso es que hago bien. Veo a Lambán y casi vomito con su “militancia aragonesista activa”. El discurso de Violeta Barba (Podemos), algo mejor, con ese deseo de controlar el destino, pero muy neutro, casi dirigido a robots. La CHA, bien en Sigena, un poco pobre todo, casi garrulo. Del resto ni hablo. Por eso no suelo gastar el tiempo para el 23 de abril. Dejemos las cosas y a seguir intentando descolonizar. No os hago perder más tiempo.

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Las nomenclaturas (casi) desaparecidas

joan regla

Hace poco leía que la “Corona de Aragón” no ha tenido un buen viaje en el tiempo, su legado ha sido descuartizado por unos y otros, la narrativa españolista la presenta como una región histórica de Ejpaña, mientras que la catalanista ha adecuado determinados elementos para construir su imaginario. Los alumnos del Estado español son aleccionados con la historia de Castilla, apareciendo la Corona de Aragón como un apéndice auxiliar de esa visión teleológica. Un fantasma, alejado de la historia, que se ha recuperado a jirones, con las visiones parciales que han gestionado las cuatro Comunidades Autónomas (sic) herederas de ese pasado.

La plurinacionalidad de la Corona sigue siendo algo extraordinariamente complejo, por eso, resulta más fácil aludir a un “imperio catalán” o a los distintos Estados que configuraron la Corona, que a una articulación político-histórica común. A cualquier iniciado sobre el tema siempre le recomiendo el libro Introducció a la história de la Corona d’Aragó (de Joan Reglá, 1979), ya que sitúa las cosas de forma precisa, con una visión de conjunto claramente organizada. 38 años tiene ese librito.

Perdemos demasiado tiempo en debates casi escolásticos, los nombres y esas cosas: las nomenclaturas. Personalmente, no me molestan en exceso neoconceptos como “Pere II el Gran”, “corona catalanoaragonesa”, o “rey-conde”. La gestión de la memoria tiene estos usos. Incluso algún término como “confederación catalano-aragonesa” me gusta. Lo preocupante viene cuando tratan de soterrar la importancia de determinados elementos para ensalzar otros. Y en esta guisa estamos, con relecturas del pasado aragonés para negar su carácter nacional.

A todo el mundo le gusta saber un poco de historia, y eso significa proyectar visiones sobre el pasado en función de intereses determinados. En un artículo del investigador catalán Marc Pons (@marcpons1966), se exponía el origen histórico de la nación aragonesa, que al ser castellanizada, da la sensación de haber desaparecido, conviertiéndose en una extensión del españolismo. Este ejemplo que os pongo es suave, pero detrás esconde el objetivo de negar una articulación de futuro, llámese como se llame…

Trenes y colonialismo

Los trenes están muy bien, pero tenemos que ser realistas. Dudo que Teruel tenga nunca Alta Velocidad. No debería ser su lucha. Los costes de estas líneas son altísimos y el mantenimiento de las mismas diez veces superior al de una línea convencional. Teruel, el sur, la Celtiberia se la juegan con un servicio norte-sur que vertebre Aragón. Tal y como este sábado han reivindicado. Pero el cuñadismo del AVE es otra película, un tren carísimo, que sólo acumula deuda y lejos del poder adquisitivo de la renta media aragonesa (salario mínimo o pensión básica). Una cosa es utilizarlo por capricho una vez al año y otra para la cotidianidad del trabajo.

Aragón es un sujeto pasivo colonial y el tren ejemplifica como pocos elementos esta situación. Un fraude electoral entre PP y PSOE. Se cerraron vías en su momento (como la Calatayud-Caminreal), otras pasan a ser vías verdes, hay comarcas olvidadas de este medio de transporte (Cinco Villas, Sobrarbe, Ribagorça). La única solución pasa por recuperar nuestro control como pueblo y decidir sobre nuestras cosas. El resto de recetas ya han caducado.

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