Las grandes teorías no pueden explicar la realidad en todas sus escalas y variantes. Ojalá todo fuera tan sencillo. Actualmente vivo en un pueblo de dos mil habitantes, en la Celtiberia aragonesa (es decir, la Comunidad de Calatayub) y allí la vida diaria de las mujeres ha cambiado poco. Diremos que llegó la “democracia”, la relajación de costumbres, un poquito de igualdad… pero los hábitos siguen marcando un mundo aterradoramente patriarcal.

Hombre y mujer siguen viviendo en grupos separados a la hora de realizar sus actos sociales. Nos referimos a personas, con una edad más avanzada, las generaciones anteriores al Baby Boom. Ellas, toman café por las mañanas, en sus grupillos, la comida preparada, y los domingos y otras fiestas de guardar… a misa. El hombre va por libre, juez y parte, sigue considerando a la mujer como objeto o simplemente denostando que invada su espacio. Si ellos salen en cuadrilla por la tarde noche a tomar unos vinos, y ven a una mujer solitaria en el bar, despreocupada, haciendo lo mismo, “es una puta borracha”. Es evidente, para que ellos puedan enzorrarse, ellas tienen que quedarse en casa preparando la cena. Así de simple es la complicidad fálica.

thefutureisfemale
Fuente @Colombine_9
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