La dimisión de Nieves Ibeas de sus responsabilidades institucionales en CHA nos dice poco. Ha llovido tanto en los últimos años que llueve sobre mojado. Las causas de este hecho serán múltiples y diversas pero constatan algo perfectamente contrastado: la renovación de Chunta fue un fracaso. Nació muerta en aquella asamblea de 2008, sujeta a una militancia cada vez más desideologizada y envuelta en una deriva estratégica que parece no tener fin.

Poco más que decir. Chunta no es lo que era. Ni goza del monopolio del nacionalismo aragonés ni ilusiona como herramienta transformadora. De hecho, escorada a la izquierda del PSOE, se encuentra cómoda, muy cómoda. La política de tierra quemada es un síntoma, más allá de las causas reales que haya tenido la señora Ibeas, ¿o no Juan Martín?

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