Va pasando lentamente el verano y tampoco he hecho gran cosa. En julio, ese breve pero intenso fin de semana que representa el festival de Artieda, todo independentista aragonés que se precie debería disfrutarlo alguna vez en su vida (buena crónica en Gara). A finales de julio estuve visitando a unos amigos en Aush (Auch), en Occitania. Buen sitio, muy diferente del nuestro, ya no sólo por el occitanismo sino porque el Estado francés tiene poco que ver en bienestar con el español. Conocí Tolosa, gran ciudad, que me impresionó mucho. Gracias a Juan y Guayén por su hospitalidad occitano-aragonesa. Y llegaron las fiestas de Uesca, pura poesía callejera, con ese debate de las peñas y el centro, los indignados del 15-M sacando pancarta el día del pregón, y una dignísima pero mejorable mani antitaurina. Poco más que decir, bueno lo del Vadillo. Ya hemos escrito algo. Y el PSOE que quiere cargarse las provincias (jajaja, Cosculluela estas ahí?). Y las juventudes cristianas. Y un otoño caliente, caliente.

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