Piensa un amigo mío que la tierra no tiene identidad, o territorialidad, que eso son cosas de los humanos, que somos así de raros. Este fin de semana pude conocer el lugar de Marcilla (Ribera navarra) y cierto es que el olor a Aragón es mucho más fuerte por estos lares que el que puede desprender cualquier territorialidad vasca. Navarra es extrañamente plural y por eso choca pensar en una Euskal Herria libre con lugares tipo Marcilla, Caparroso o Peralta. Pero así es y tampoco debemos darle muchas vueltas a la cabeza. Con esos paisajes terrosos, la jota, el acento, incluso la toponimia. Todo huele a país aragonés. Navarra decidirá su futuro, de eso se trata y la Ribera entra en ese juego, aunque parezca que el PNV puede ser un extraño visitante por estos sitios tan alejados de la esencia vasca.

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