Cinco elementos definen el nacionalismo español en la actualidad: 1) LA MONARQUÍA (lean a la prensa en el discurso navideño del Rey); 2) LA CONSTITUCIÓN (en su sentido carcelario y limitante); 3) LA LENGUA (el castellano como arma arrojadiza e imperialista); 4) LA TAUROMAQUIA (tema castizo pero con potencial identitario tal y como se ha visto con la prohibición catalana); y 5) EL DEPORTE (o fútbol).

De este elemento me gusta escribir con relativa frecuencia (Trazos de octubre, La mejor españolización posible) y el españolismo mediático nutre bien hechos como el del pasado mundial de Sudáfrica. Pero la última perla ha venido con la elección de Leo Messi (argentino) como Balón de Oro del 2010, y toda la parafernalia de noticias y opiniones de la prensa deportiva estatal, aludiendo a una conjura antiespañola, como en los buenos tiempos del Caudillo, para justificar que ni Xavi ni Iniesta (los otros dos favoritos al trofeo) hayan sido premiados. Como siempre, quienes mezclan política, identidad y deporte son ellos, es así, saben que socializar españolismo a través de modelos de éxito es una garantía de ciudadanos adoradores del estatus quo y por lo tanto fieles a los valores que sustentan a la españolidad (como los cinco que he nombrado al principio del post).

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