La enseñanza de la historia se selecciona y la identidad tiende a responder a esta selección. El otro día puse un examen para alumnos de 2º de Bachiller, con un comentario de texto que trataba sobre los Decretos de Nueva Planta y el fin del foralismo. El texto elegido era el Real Decreto de Felipe V (29 de junio de 1707) por el que Aragón y Valencia son asimilados a Castilla por derecho de conquista. Una de las preguntas era la opinión personal del alumno sobre el nuevo modelo territorial que se crea en el estado español. Las cifras son rotundas, entre 48 alumnos, a un 80% les parecía adecuado y correcto el nuevo modelo, ya que “es lógico tener leyes comunes”, “se consigue la unión de un país” o “el estado es más fuerte”. Bien diremos que dentro de ese porcentaje, un 95% de los varones aplaudían la Nueva Planta, mientras que entre las mujeres el porcentaje baja a un 67%. Esa sensibilidad femenina por los fueros y libertades se trasluce en incomprensión por un modelo que “quita el derecho a la independencia”, la defensa “de que cada reino funcione como un Estado propio, alejado de Madrid” o la sensación de que “no se debió asimilar todo a Castilla”. Es una muestra pequeña pero interesante. Debemos explorar y ante todo generar conciencias.

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