Me cuentan que hubo una vez un joven que atrapó una cardelina en una arboleda del Jalón, encerrándola en una jaula, donde dejó de cantar, se golpeaba contra los barrotes de su injusta prisión. Con los meses se fue adaptando e incluso llegó a cantar las canciones que el joven le repetía. La madre de éste le comentaba que no estaba bien lo que había hecho, la cardelina había sido privada de su libertad. El joven, compasivo, lo devolvió a su arboleda del Jalón, pero la cardelina, tras un breve reconocimiento de su libertad pasada, comenzó a cantar la canción del joven, metiéndose otra vez en la jaula. MORALEJA: ¡Aragón, no imites a la cardelina!

 

Esta adaptación aragonesa de un cuento vasco (escrito por Juan Iturralde y Suit en 1883, bajo el título “El ruiseñor de Errotazuri”) nos habla de los procesos de aculturación y asimilación nacional. Lo he recogido en Cien razones por las que dejé de ser español (José Mari Esparza, 2009).

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