No sólo se destroza un país de forma física (pantanos, megaproyectos, recortes laborales…), sino que muchas veces, lo sutil, lo simbólico, agrede a otro nivel.

Por cuestiones de trabajo voy todos los días a Balbastro por la A-21. A la altura de Belillas, hay una señalización de un barranco en la que pone “Rija”. Una palabra algo extraña, poco aragonesa, lingüísticamente hablando. Aunque la toponimia tiene estas cosas. Consulté algún mapa topográfico y me encontré en esa zona con el río Ripa, que baja entre el citado pueblo desde Liesa, una especie de barranco con caudal irregular que nace por las sardas de Arbaniés. Consulté a Chesús Vázquez, el mayor experto en toponimia altoaragonesa y con el topónimo “Ripa” descubrí que es un vocablo muy extendido en el aragonés hablado y que nombra “la ladera erosionada de un monte”, ya que viene del latín RIPA, margen de un río, ribera (en Nombres de lugar de Sobrepuerto, Uesca, 2002, p. 225). Ahí queda eso. Un poco de seriedad por favor.

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