Un año más. Las fiestas de San Lorién acabaron (leer valoración de 2009). Sin más. Volvemos a la dulce cotidianidad de la rutina. No ocurrió nada muy relevante, más allá de lo esperable: waka-waka a tutiplén, comentarios fato-almendrones, banderitas colonas en los balcones (que seguían allí desde aquel infame 11 de julio) y ya está. Decir que la concentración antitaurina fue un éxito (150 personas, buen ambiente, muchos medios -y pocas noticias-), y que la catalanofobia entró de raso en el teatro de los asesinatos. Y poco más claro, por lo menos al nivel que requiere un blog de pensamiento anticolonial. Hubo visitas nocturnas de algunos compañeros anticoloniales, lo cual siempre es de agradecer, en épocas de exaltación españolista como la que estamos viviendo en este verano.

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