Esta es la fábula del elefante y la mosca, que vivían en idílica y conflictiva relación. El elefante, mamífero por excelencia, pasivo, gigante, se deja “putear” consciente de su fortaleza. La pequeña mosca, activa y constante en su esfuerzo, trata de molestar al elefante, que encima no le deja salir de su territorio, volar en libertad. Ella, tiene que mostrar continuamente sus armas, su identidad, si no fuera así, desaparecería ante la gigantesca masa animal del elefante, el cual, cuando se emborracha o alegra en exceso, tiende a la prepotencia, y hace cosas raras, vanagloriándose de su fuerza, riéndose a carcajadas de la mosca, que ve su libertad cerca pero algo intoxicada. Esta es la fábula de cuando el nacionalismo español, el que no existe, exhibe su banalidad, ante moscas periféricas como la aragonesa.