Primero. La bandera aragonesa luce altiva junto al monumento al Justicia, formando un perfecto triángulo con la española y la de Zaragoza. La bandera colonial está descolorida, el zierzo hace su trabajo.

Segundo. El museo Pablo Serrano, en reformas, luce orgulloso una bandera colonial en honor a la tradición de colocar un emblema identitario que protega las obras y a los obreros.

Tercero. El otro día, paseando por Ciudad Jardín, me encontré el cartel de un local social de un colegio privado que rezaba “Trobada d’Amics”. Esa Zaragoza catalanófoba.

Cuarto. Lo que se destila por la Inmortal es enseñar una cinta del Pilar colgada en la mochila de turno. La española gana por goleada a la aragonesa.

¿Hacia dónde caminamos?

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