Acabó la temporada de fútbol y el Real Zaragoza logró la permanencia. El pasado 31 de diciembre el club estaba al borde de la quiebra a todos los niveles: con el Consejo de Administración que dimitía en bloque (el sociata Bandrés al frente de la misma), el equipo en puestos de descenso, un entrenador de prestigio que no era fichado (Víctor Muñoz) y otro que estaba de interino y terminó triunfando (José Aurelio Gay), un dueño de la SAD (Agapito Iglesias, 96% de las acciones del club) totalmente discutido, una deuda económica importante y una planificación deportiva absolutamente desastrosa e irresponsable (fruto de las disputas entre diversos directores y cargos técnicos, léase Herrera, Poschner o Prieto). 23 jornadas después, el equipo se salvó, con 7 fichajes nuevos (como cambiar a un tercio de plantilla a mitad de temporada), sufriendo y demás. Pero la crisis-fractura sigue ahí. El Real Zaragoza necesita una idea, un proyecto que le identifique, si es el equipo de Aragón, promocionando cantera, fichando jóvenes valores, dándole las riendas de la dirección técnica a zaragocistas de verdad, apostando por una ciudad deportiva moderna en la que podría cogestionar intereses con la SE Uesca (¿instalaciones en Zuera?) e ilusionando a la afición. Los elefantes siempre hacen ruido y este supuesto nuevo Sevilla (rumor del año 2007) escandalizó lo nunca visto. El fútbol es identidad y la hoja de ruta debe cambiar ya.

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