La semana pasada estuve un par de días descansando por Euskal Herria, concretamente en Zilveti, un bello pueblo de caseríos casi en la frontera entre la Navarra continental y la de aquí, la Nafarroa de toda la vida. Al ladico de Roncesvalles (Orreaga para los castizos). Se dieron algunas paradojas, no sé si identitarias pero en todo caso percepciones que quiero dejar escritas por el blog. Por un lado, el monte de Zilveti está amenazado por una mina de magnesitas (como en Borobia) que encima ha roto la solidaridad entre los vecinos del ayuntamiento (que pertenecen a Erro), lo cual significa que Zilveti está en contra y la cabecera (Erro) a favor. La paradoja viene cuando las abuelas teóricas de Zilveti comentaban que por lo menos en Borobia el Gobierno de Aragón está del lado “verde”. Jejeje. Les avisé que sí, pero que son igual de burros que los forales navarros (Yesa, Aramón, etc.). Pudimos visitar Donibane Garazi (en Iparralde), bello pueblo medieval saturado de merchandising euskalerríaco. Lauburus de todos los tamaños y yo pensando en el nivel de conciencia política de la población de por aquí. Quizá por Aragón falte esto, la base cultural, la socialización rápida y masiva. Llevamos tanto tiempo pidiendo lo mismo. También quedaba cerca el Aberri Eguna, había cartelería por los pueblos, sin firmar, pero con proclamas independentistas bastante claras. El último día, volviendo hacia el país, hicimos escala en Iruña, ciudad dual, con su ambientillo, ideal para vivir. Vivencias desconectadas, sin un hilo argumental claro. Nafarroa está allí, un país por percibir.

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