El señor Joan Laporta me cae bien. Pero su bien quedar me pone a veces algo nervioso. Lo último, en lo deportivo-identitario, viene a ser que en una Catalunya independiente, el Barcelona jugaría la liga española. Olé. Con dos cojones. También aporta el ejemplo del Mónaco, como feliz integrante de la liga francesa. Supongo que quiere apagar fuegos, y no asustar con cuestiones de las que no podría prescindir. Si deseas que tu país forme un Estado propio, ha de ser con todas y cada una de las consecuencias. Y todos sabemos que el fútbol es la cosa menos importante de las cosas socialmente importantes. En todo caso, Laporta es digno de admiración, porque con estas declaraciones pretende reavivar a la caverna españolista, que se excita con un pirulí, y que ante deseos emancipatorios siempre saca de su vetusto argumentario la cuestión del fútbol: “¿y qué jugariais, el Zaragoza, Uesca y Alcañiz en una liga? ¡Pues vaya rollo!

Pues sí. Como si nos importara mucho…

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