El pasado 21 de enero, Marisa Arnal (profesora de la Universidad de Zaragoza) escribía un artículo en Heraldo titulado “Nuestras lenguas”. En este escrito defendía y reproducía el viejo y peligroso debate entre dialectos y lengua normalizada. La señora Arnal comenta que lo peligroso de la Ley de Lenguas viene con las referencias a la “lengua aragonesa” ya que el verdadero “legado cultural histórico” es el conjunto de hablas o dialectos altoaragoneses (cheso, ansotano, chistavino, bajorribagorzano, etc.), negando la posibilidad de proteger y difundir lo que ella llama “neoaragonés”, el aragonés común, venga de donde venga (da igual Consello d’a Fabla que “la Asociación que preside Manuel Castán”, ya que sería un “despropósito”.

Es el debate de siempre entre los conservacionistas-folcloristas y los que apelan al sentido común (identitario, de socialización, globalizador) en cuanto a las lenguas. Lo penoso es que en el primer grupo tengamos que incluir a este grupo de filólogos de la Universidad de Zaragoza, que se han pegado años (décadas) investigando sobre otras cuestiones cuando era parte de su responsabilidad el haber recuperado esas hablas vivas que ahora dicen defender. Son contados los trabajos de investigación realizados por la Universidad de Zaragoza. Ahora le ven las orejas al lobo. Y esto es una lucha de poder, porque los recursos son limitados y ellos han estado haciendo el canelo.  No es normal que se hayan organizado seminarios por toda Europa donde se defendía el aragonés como una lengua románica más, mientras aquí miraban para otro lado. A buenas horas…

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