Hace un año os comentaba esos triángulos amorosos que podían generar una candidatura olímpica pirenaica (catalano-aragonesa con el aplauso moral occitano). Esta semana hemos despertado de la pesadilla: no habrá trios sino proyectos separados que planteen una eterna partida entre Aragón y Catalunya (con el aplauso coercitivo de Madrid, del gobierno central). Cual siniestros boxeadores, los alcaldes Belloch y Hereu plantearán una cruenta batalla de golpes bajos, ganchos directos y artificios varios. Paralelamente la eterna burbuja catalanofóbica desplegará sus alas sobre la servil y fiel tierra aragonesa, entumeciendo conciencias y proscribiendo a disidentes de todo palo (cologistas, soberanistas o marxistas-leninistas).

Bien nos queda la opción elegida por el blogger Otubre17, aplaudir la candidatura barcelonesa, por aquello de que manchen su culo, que el nuestro es más apreciado. Supongo que lo iremos pensando.

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