Leía una entrevista en Temps de Franja (número 89, septiembre-octubre 2009, pp. 10-11) al psicólogo catalán Quim Gibert, el cual trabaja aspectos muy interesantes en cuanto a resistencia lingüística (transgresión cívica, resiliencia emocional…) (ver www.tallers.cat). El punto hostil viene cuando entra en el ajo de la catalanidad de la Franja: expone esa exclusión aragonesa de los “franjolins”, algo que genera aculturación y autoodio, y por lo tanto hostilidad. Pone el ejemplo de los inmigrantes, ya que muchos de ellos, para integrarse socialmente, se envuelven en símbolos y banderas españolas, para así hacerse cómodos ante los autóctonos. Quizá desconozca las posturas inclusivas y respetuosas de la catalanidad lingüística dentro de Aragón. Ese ataque a que la meseta empieza aquí mismo, en nuestro país, no ayuda a nada. Polariza y genera falsos fantasmas, que están dispuestos a pescar en río revuelto. Un poco lo de siempre, están los españoles y para algunos periféricos nosotros estamos en ese grupo (léase Otamendía para el mundo vasco y supongo que para Gibert). Una pena. Hay que tener dignidad y respeto. La clave de todo.

Anuncios