No soy un usuario cotidiano de la bicicleta como transporte público. Antes la usaba más. En Uesca casi todo está razonablemente a tiro de zapatilla. Eso sí, disfruto de la bici como deporte y por eso ayer quise participar en el Día de la Bicicleta que organizó el Club Ciclista Oscense y la Peña Cicloturista de la segunda ciudad del país. Un evento festivo, sin más, lleno de niños, haciendo un paseo urbano de hora y media (12 kilómetros). El ayuntamiento de Elboj estará contento. Nada de reivindicación. Una pena, porque la ciudad es vergonzosa en cuanto al tema de movilidad y el respeto por el cicloturista. Por lo menos hay una masa crítica que intenta cuestionar y movilizar, a golpe de pedal, las conciencias de usuarios y no-usuarios. Con carriles-bici que comuniquen sitios de interés, no que queden perdidos entre parque y cruce. Con sitios para aparcar las bicis en el centro. Con salidas hacia las carreteras comarcales con su carril separado del asfalto. Con tantas cosas. Los amigos del individualismo, fieles al motor, lo verán como folclore. Igual que las energías renovables. Igual que tantas cosas. Pero usar la bici como transporte es un derecho y debería tener una clara discriminación positiva hacia los coches privados.

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