Hace unos meses leía un artículo de David Trueba que me hizo mucha gracia (titulado “Lobos y corderos”, en la revista Dominical, 319, 26.10.08). Venía a decir que el nacionalismo que menos le gusta es el nacionalismo madrileño, ya que al ser el de allí le asqueaba mucho esa forma cínica-liberal de tratar las cosas públicas (sanidad, despilfarro en actos, invención de mitos). Dentro de esta dialéctica estatal es verdad que este regionalismo madrileño es el mayor mal de la pluralidad corregida que se da en el Estado de las autonomías. Lejos del (separatismo), en caprichosa exaltación, requiere un gusto y un privilegio grande al ser la “capital de”, y claro así cargarse el natural castellanismo y de paso subirse a la chepa elitista de la financiación autonómica. Esperanza Aguirre tiene un cado identitario impresionante, que mientras dure evitará la voladura controlada y democrática de las naciones encorsetadas y oprimidas dentro del Estado español. ¡Entalto el Dos de Mayo, copón!

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