A los españoles les salió el tiro por la culata con la última final de la Copa del Rey (ver Todofinalesunprincipio, «Manipulación», 14.05.09). Querían algo «a la inglesa», la FA Cup, un evento social que nacionaliza en el país inventor del fútbol. Algo así como una tradición en plan Nochevieja, reunión familiar, paellica del domingo (allá pastel de carne), mucha cerveza y momento ultrabritish, viendo a la reina Isabel II por la tele. Sentirse miembros de una comunidad compartida de valores. Eso quieren ellos. Pero no fue así, se estuvo más cerca del jacobino hexágono y sus pitidos a «La Marsellesa» en un partido entre Francia y Túnez. ¿Dónde están los límites? Los ponen ellos, en lo natural y en lo arrogante, pero está claro que cuando se pita, es que algo pasa. La punta del iceberg.