Como bien comenta Juan en el post Lo que esconde el derby, había banderas de España a tutiplén. Tan españolitos unos como otros. A eso nos ganan pocos. Un partido que sociológicamente trasluce muy bien lo que somos los aragoneses: una nación destrozada sobre las ruinas de la miseria, la envidia y un extraño localismo pseudoetnicista.  Insultos, provocaciones, es fútbol, dirá alguno, pero la conclusión de todo esto es que muchos aficionados del Reyal Zaragoza odian al Uesca a partir de ahora. Con lo que muchos oscenses han conseguido lo que querían, la teoría de la acción-reacción. Está claro, con estas patochadas, Aragón no gana. Por cierto, gigantesca bandera nacional al saltar los jugadores al campo, tan grande que ni la ví. 

 

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