Vuelve el Derby Nacional. Como pasa el tiempo. El fútbol, alienador de sociedades embarga a seguidores de la SE Uesca y el Reyal Zaragoza (qué bonito leerlo en la lengua del país). Los azulgranas con la permanencia casi asegurada, el Zaragoza se juega tres puntos decisivos para el ascenso a la primera división. Lo simbólico vuelve a hacer acto de presencia y de esta forma el discurso del agravio ciudad grande-ciudad pequeña, afrentas en forma de pitorreo y connivencia mediática según por donde sople el zierzo. Entradas caras, “os vamos a joder”, el orgullo herido. El debate que me interesa es el que habla de la solidaridad entre aragoneses, apelando entre hermanos o primos cuando alguien necesita un favor. O eso dicen por ahí. Vascos, andaluces y catalanes tienen muchos ejemplos, en los que el pique local se pospone a un interés más nacional. El pueblo, el vulgo, vive de emociones, de momentos concretos, así que muchos desearán que corra la sangre. Desgraciadamente será así.  

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